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Línea Editorial

Hijos de un mismo Padre

De 

El encuentro que ha tenido lugar este domingo, propiciado por el Papa Francisco, para pedir, junto a judíos y musulmanes, por el don de la paz puede considerarse verdaderamente histórico, sin temor a caer en el tópico. En el acto, en el que han estado presentes los Presidentes de Israel y Palestina, y el Patriarca de Constantinopla, Su Santidad Bartolomeo, se ha agradecido la creación y proclamado la fe en un mismo Dios creador; se ha pedido perdón; y se ha rezado por la paz. Puede ser, sin duda, como ha expresado el Papa Francisco, el comienzo de un camino nuevo en busca de lo que une, para superar lo que divide. Nuestros hijos nos están pidiendo que seamos valientes; que, desde la memoria de las víctimas, seamos capaces de encontrar el valor de la paz, la forma de perseverar en el diálogo a toda costa, la paciencia para tejer día tras día el entramado, cada vez más robusto de una convivencia respetuosa y pacífica. Muchas veces hemos estado cerca de la paz anhelada. Los fracasos anteriores deberían ser suficientes para darnos cuenta de que por nosotros mismos no podemos. Unir nuestras fuerzas es necesario, pero no basta. Por eso rezar conjuntamente a Dios por el don de la paz es un acto de suprema responsabilidad. Es la mejor forma de responder adecuadamente a la llamada y romper así la espiral del odio y la violencia: reconocernos hijos de un mismo Padre y reconocer por tanto en el otro, no al enemigo ni al adversario, sino al “hermano” que camina contigo hacia un mismo horizonte.

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