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Hace falta un acuerdo urgente en Irak

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Tres meses después de las elecciones, el Parlamento iraquí ha acordado esta semana el nombramiento de un nuevo presidente de la cámara, el sunita moderado Salim al-Jaburi. No está mal, teniendo en cuenta que para llegar a este punto las formaciones políticas necesitaron en 2010 nueve meses. La presión internacional forzó el adelanto de una sesión parlamentaria inicialmente prevista para mediados de agosto. Con parte del territorio en manos de los yihadistas, un Kurdistán de facto independiente y el país sumido en la violencia, había que acelerar los plazos. Muy llamativa fue la visita a Bruselas, en la víspera, de tres obispos de Irak, urgiendo a la UE a presionar a favor un pacto, mientras por otro lado, la Iglesia lleva a cabo una intensa labor de mediación entre las facciones.La elección de un presidente del Parlamento sunita es un gran paso. Tampoco debería ser difícil elegir a un kurdo para la jefatura de Estado, según el reparto que establece una norma no escrita. Lo difícil será acordar el gobierno. El chiíta Al-Maliki se resiste a dejar paso a un primer ministro más conciliador, pese al clamor tanto externo como en sus propias filas. Con la unidad de Irak en peligro y Oriente Próximo al borde de una guerra total entre chiítas y sunitas; con el yihadismo en auge, Siria en llamas y el Líbano al borde del colapso, lo último que hace falta es que Al-Maliki se aferre al sillón.

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