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Mediodía 24 enero 2017

Hace 40 años

Hace 40 años la transición vivía una de sus momentos más difíciles. La violencia de ETA y GRAPO pretendía alterar el paso pacífico hacía la democracia. Cinco abogados laboralistas vinculados a CCOO eran asesinados con el mismo propósito por un grupo de ultraderechistas. La transición que reivindicamos no estuvo exenta de sufrimiento y sangre. Había extremistas  que pretendían una ruptura absoluta o una continuidad afortunadamente imposible. Las víctimas del atentado de Atocha y las víctimas de los atentados de ETA supieron superar la espiral de violencia que pretendían imponer los radicales de distinto signo. El deseo de superar la dialéctica de enfrentamiento impuesta durante la Guerra Civil y durante buena parte del siglo XIX, y la voluntad de concordia, fueron más fuertes que los extremismos. Cuatro décadas después tenemos que estar agradecidos a aquellos hombres y mujeres que enterraron a sus muertos sin deseo de venganza, expresando su deseo de justicia en una manifestación silenciosa por las calles de Madrid. Tenemos que estar agradecidos a los familiares de las víctimas del terrorismo que nunca han buscado otra compensación que la que les ha ofrecido el Estado de Derecho. La transición, con todos sus errores políticos y sociales, fue un proceso ejemplar en lo esencial. Fue expresión de un pueblo que quería reconocerse en el otro, vivir en paz, a pesar de que las circunstancias, en algunos momentos, no fueran nada favorables. 

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