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La guerra no es la solución

La clásica definición de Clausewitz de la guerra como “la continuación de la diplomacia por otros medios”, se ha convertido en un tópico acomodaticio para quien no quiere ver que la guerra es un fracaso de la humanidad, como bien decía Juan Pablo II. La cuestión que se plantea es hasta qué punto la escalada bélica que se prepara, servirá para favorecer una negociación que conduzca a la paz. Es decir, si el remedio será peor que la enfermedad, como volvió a señalar ayer el Papa en su esfuerzo personal para evitar el bombardeo en Siria, que culminará el sábado con una jornada de ayuno y oración a la que se estás sumando personalidades de todo el mundo, incluso diversos líderes musulmanes. La guerra de Siria y las consecuencias del ataque norteamericano, si llega a producirse, estarán muy presentes en la “cumbre” del G-20 que se inicia hoy en San Petersburgo. Pero resulta llamativo que aún no se haya elevado una sola voz con propuestas alternativas. Una de ellas podría ser convencer a Rusia, el gran aliado de la Siria de Asad, para que envíe un misión destinada a destruir los depósitos de armas químicas bajo la amenaza de sanciones económicas y comerciales. Y otra, por supuesto, el bloqueo del envío de armas a las dos partes en conflicto. Junto a ello, la iniciativa a largo plazo propuesta en el reciente encuentro interreligioso celebrado en Jordania bajo los auspicio de rey Abdullah: un acuerdo entre musulmanes y cristianos para luchar juntos contra el sectarismo islamista que alimenta los conflictos en toda la región. Lo que es evidente es que la guerra no es la solución y en este caso provocaría una auténtica catástrofe.  

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