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La gran pregunta tiene respuesta

La gran pregunta del día es por qué los dos grandes partidos españoles han sufrido tan duro varapalo en las elecciones europeas. Mientras los socialistas confían en despejar la incógnita en el congreso extraordinario donde se elegirá una nueva dirección, los “populares” creen que su fallo estriba en una deficiencia en su política de comunicación, que se proponen enmendar. Es dudoso que nuevas caras y una mejor comunicación sean remedio suficiente para detener la sangría de votos que han sufrido este pasado domingo. El propio resultado de estas elecciones ha dado ya una primera y fantasiosa respuesta, el surgimiento de un partido extremista que ofrece salario para todo el mundo, trabajar menor y cobrar más, salirse de Europa, derribar las fronteras, expropiar viviendas y nacionalizar las grandes empresas. Por irrealizables que sean estas absurdas promesas, son la consecuencia directa del desconcierto social provocado por una crisis antropológica y social muy profunda. Los grandes partidos tienen que revisar profundamente su base cultural, tiene que dialogar con las realidades vivas de la sociedad civil, tienen que superar la demagogia destructiva y la mera gestión de las cuentas para  recobrar la tarea esencial de la política, que es velar por el bien común. La tarea compete esencialmente a la Europa que hemos votado, que todavía no ha caído en manos de quienes pretenden destruirla desde el nihilismo que el propio sistema se ha ocupado de generar y extender.

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