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Línea Editorial 24/01/2013

Frivolidad de Cameron

Un día después del encuentro entre Angela Merkel y François Hollande, reunidos para conmemorar la firma del Tratado del Elíseo, el Primer Ministro británico ha anunciado su intención de convocar un referéndum sobre la pertenencia de Gran Bretaña a la Unión Europea. Con la que ya se conoce como Declaración de Londres, David Cameron no sólo ha conseguido agitar a las cancillerías europeas y a las propias instituciones de la UE, sino que ha atrevido a vincular el futuro europeo de Gran Bretaña a una nueva victoria conservadora. Cameron ha ido infinitamente más lejos que su predecesora Margaret Thatcher. Su política con relación a la UE nada tiene que ver con la de Tony Blair, ni con la que defendió, tras la II Guerra Mundial, Winston Churchill.Cameron parece entender la Unión Europea como un simple pacto económico que busca el máximo beneficio individual. No es ésta la doctrina que inspiró a los padres fundadores, ni la que ha inspirado, con todas las deficiencias, el proyecto comunitario hasta el día de hoy. Cameron olvida que el cambio de estatus o la salida de Gran Bretaña de la Unión, repercute en todos y cada uno de los miembros que la componen. No es por lo tanto, una decisión que pueda tomar unilateralmente un país.Europa necesita ciertamente el empuje y el genio de Gran Bretaña, pero ésta necesita aún más de la Unión Europea, para no quedar prisionera de nostalgias y tentaciones narcisistas. Por no hablar de las consecuencias económicas y sociales que conllevaría su abandono.

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