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Francisco, un Pontífice que tiende puentes

El encuentro del Papa con el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel sirvió ayer para dar definitivamente por zanjada la polémica sobre la supuesta complicidad de Jorge Bergoglio con la dictadura militar, cuando era Provincial de los Jesuitas. Las acusaciones caían por su propio peso; si por algo se caracterizó el Papa fue por ayudar a víctimas de la represión, asumiendo incluso serios riesgos personales. Pero ése era un debate sólo presente ya en algunos medios. El Papa y Esquivel hablaron de temas bien distintos. Si Benedicto XVI enriqueció el diálogo interreligioso con el acercamiento a los no creyentes y a los alejados de la Iglesia, Francisco parece dispuesto a seguir la misma senda. Y del mismo modo que Joseph Ratzinger recibió a su antagonista Hans Küng, él ha hecho lo propio con un intelectual próximo a la teología de la liberación. Una de las misiones del Pontífice es tender puentes, y eso hizo ayer Francisco, al animar a su interlocutor a una búsqueda conjunta de la verdad y la justicia. El día anterior el Papa habló a representantes de otras religiones de la defensa la creación, de la justicia y de la paz. Pero lo más importante, dijo, es «mantener viva en el mundo la sed de lo absoluto» y dar testimonio de la apertura de todo hombre a la trascendencia. Ese espíritu de búsqueda de la verdad sincera y sin prejuicios es la mayor aportación posible de la Iglesia a la paz, según dijo Francisco, que ya se ha revelado como un Papa no sólo dispuesto, sino excepcionalmente cualificado para liderar ese diálogo de la Iglesia con el complejo mundo contemporáneo.

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