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TOROS | Desigual corrida de Victorino en Valdemorillo

Y Fernando Cruz sonrío por fin...

Volvió a los ruedos Fernando Cruz tras su grave percance el pasado mes de agosto en Las Ventas. Y lo hizo saliendo a hombros este domingo en Valdemorillo tras cortar una oreja de cada toro de Victorino Martín que lidió.
Fernando Cruz en su salida a hombros este domingo en...
Fernando Cruz en su salida a hombros este domingo en Valdemorillo. IVÁN DE ANDRÉS

Valdemorillo (Madrid), domingo 10 de febrero de 2013. 3ª de Feria. Tres cuartos de entrada. Toros de Victorino Martín, desiguales de presentación y hechuras. Destacaron el bravo, noble y enclasado 3º, el encastado 6º y el noble 2º. Deslucidos 1º y 4º. Sergio Aguilar, silencio en ambos. Fernando Cruz, oreja en ambos. Alberto Lamelas, vuelta en ambos. Se palpaba en el ambiente las ganas de ver toros antes de entrar al coso cubierto de Valdemorillo este domingo. Aficionados llegados de la capital, de provincias próximas e incluso algún que otro francés al reclamo de la corrida de Victorino Martín y de un cartel con interés y argumentos: un Sergio Aguilar revalorizado tras su paso por Madrid el año pasado, la vuelta de Fernando Cruz tras su cornalón venteño y la curiosidad por un Alberto Lamelas desaparecido en los últimos años. Y finalmente, la tarde se la llevó de principio a fin Fernando Cruz. Desde la ovación que le tributaron los aficionados tras el paseíllo hasta su salida por la puerta grande del coso de La Candelaria. Y hubo motivos para ello. Por fin vimos al torero de Chamberí sonreír y disfrutar en el ruedo. Bien merecido lo tenía tras la lucha contra el destino, contra el infortunio vivido hasta el último momento antes de volver a vestir el chispeante este domingo en Valdemorillo. La primera oreja llegó con un toro noble de Victorino al que Fernando cuajó más y mejor en redondo, con una tanda plena de enganche, temple y encaje. El mejor Cruz que siempre habíamos atisbado más que disfrutado, se revelaba en Valdemorillo. Pese a que la espada viajó algo baja, los tendidos pidieron y consiguieron que el palco concediese la primera oreja. La otra oreja que posibilitaba la salida a hombros llegó en el quinto, un toro más parado al que Fernando Cruz exprimió bajo la premisa de la firmeza y de entender la distancia que pedía el toro. Tras un pinchazo agarró un perfecto volapié que hizo caer al de Victorino con la rapidez necesaria para que los tendidos no se enfriasen. El mejor toro del desigual encierro de Victorino Martín fue de largo el tercero. Toro que cumplió con creces en el caballo y que pronto cantó su extraordinario temple e infinita profundidad. Alberto Lamelas lo aprovechó a su manera. Temple y largura en los muletazos aunque faltó algo más de apuesta en cites y embroques, demasiado desahogados. Y mientras, el ‘victorino’ haciendo surcos con el hocico y con esa característica embestida del Saltillo templado y enclasado. Falló a espadas y el premio final quedó en una vuelta al ruedo. El sexto completó un lote de ensueño para Lamelas. Este más encastado y exigente, pero cuando se le llevaba obligado y por abajo respondía deslizándose con rebosada profundidad, especialmente por el pitón derecho. Aquí, Lamelas no llegó nunca a cogerle ni el sitio ni la distancia que pedía el toro de Victorino Martín, que se impuso al jienense cuando éste cogió la zurda. Un pinchazo y una estocada en los blandos no fueron óbice para que Alberto Lamelas recorriese por segunda vez el anillo de Valdemorillo. Quien se llevó los dos garbanzos negros del encierro de Victorino Martín fue Sergio Aguilar. El madrileño sólo pudo lucir en un entonado recibo a pies juntos y una soberbia media al toro que abrió plaza, un animal flojo y mal andado que nunca embistió por derecho. Una tanda a izquierdas tuvo el sello del toreo puro y caro que realiza Aguilar, pero hasta ahí llegó todo. Por insistir, sufrió una voltereta que sólo quedó en el susto. El cuarto fue un toro de feas hechuras al que se ovacionó de salida sin mucho sentido. Y como dicen que las hechuras son el reflejo de las intenciones de los toros, éste fue fiel al dicho y dejó sin opciones a Sergio, que pese a todo insistió en sacar agua de un pozo totalmente seco de casta.

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