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Perfil

Feijóo se refuerza como sucesor de Rajoy

A comienzos de este año, en enero, se cumplieron diez años de la llegada de Alberto Núñez Feijóo, que seguirá en la Xunta como presidente, al frente del PP gallego, en donde relevó a Manuel Fraga. En verano de 2005, Fraga, cercano a los 83 años, había dejado la Presidencia de la Xunta tras no conseguir revalidar por quinta vez la mayoría absoluta, lo que permitió que una coalición entre PSdeG y BNG pusiese fin a 15 años consecutivos de gobiernos del PP. Con 44 años entonces, Núñez Feijóo (Os Peares, Ourense, 1961), funcionario del cuerpo superior de la Administración gallega y bregado en labores de gestión al frente del Insalud y Correos durante los gobiernos de José María Aznar reconocía el "vértigo" con el que asumía el reto que le encargaron sus compañeros.Apenas tres años después, en marzo de 2009 y contra la opinión generalizada, logró conquistar a la primera la Xunta y comenzó a poner en marcha las medidas que ha repetido como un mantra desde entonces, centradas en combatir la crisis y en renovar el partido. Esas mismas medidas, como el control del déficit y el establecimiento del techo de gasto, tuvieron su continuidad cuando en octubre de 2012 consiguió revalidar y ampliar su mayoría absoluta, pese a un importante descenso de votos, menos acusado, en cualquier caso, que el conjunto de los grupos de la oposición.Tras un largo proceso de reflexión y pese a repetir en público y  en privado que dos legislaturas le parecían suficientes, el pasado mes de abril fue cuando anunció que concurriría por tercera vez a la Xunta con un objetivo claro, continuar con la recuperación e impedir la llegada al gobierno gallego de Podemos y sus aliados. Según Núñez Feijóo, un gobierno de las denominadas Mareas sería "peor que la crisis". Núñez Feijóo y el PP gallego no han salido indemnes en las urnas, en cualquier caso, de la situación de crisis que ha sufrido España y de las sombras de corrupción que han afectado a cargos de su partido en todo el país.Atrás quedan momentos difíciles de la legislatura, como la publicación de unas fotos de los años 90 en las que Núñez Feijóo salía a bordo de una embarcación de recreo con el ahora condenado por contrabando y blanqueo de capitales procedente del narcotráfico Marcial Dorado o la implicación de un amigo personal en una investigación sobre fraude en cursos de formación, la denominada operación Zeta. Y también el accidente de Angrois, un barrio de las afueras de Santiago, en donde la víspera del Día de Galicia de 2013 un tren Alvia procedente de Madrid descarriló y provocó la muerte de 80 personas y más de cien heridos. En el plano político, tras resultados electorales más bien discretos, cuando no "malos sin paliativos" en las municipales y mínimamente mejorados en las generales de 2015, el partido se lanzó a "una renovación de políticas, actitudes y personas" que ha llevado a la sustitución de tres de los cuatro presidentes provinciales y del secretario general, que llevaba diez años trabajando mano a mano con Núñez Feijóo. Para lograr repetir por tercera vez al frente de la Xunta, Núñez Feijóo continuó con el mensaje que le dio resultado en 2009 y en 2012, de que la alternativa al PP en Galicia es la mezcla de varios partidos con intereses diferentes entre sí. Desde la irrupción de las denominadas Mareas en las municipales de mayo de 2015, donde se hicieron con las alcaldías de Ferrol, Santiago y A Coruña, y tras arrebatarle al PSdeG la condición de segunda fuerza en las generales de diciembre, el líder del PPdeG no ha dejado ni un momento de fustigar tanto a AGE en el Parlamento, como a los diputados de En Marea y, sobre todo, a los alcaldes de esas tres ciudades. Núñez Feijóo sabía que no solo le valía ganar para poder gobernar en Galicia. En el renovado Parlamento, las fuerzas que van a entrar son antagónicas a la que él representa, por lo que aspiraba Feijóo a una tercera mayoría absoluta, algo "excepcional" en estos tiempos, pero la cual ha conseguido. Para lograrla, ha lanzado mensajes contra la abstención de su electorado y ha mostrado su convencimiento de que, por muy difícil que pareciese, "por tercera vez seguida el PP tenía que gobernar Galicia".

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