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La estabilidad, garantizada por los dos grandes partidos

La renuncia del rey Don Juan Carlos a la corona ha producido una natural convulsión en la vida política, que de inmediato ha sido aprovechada por la izquierda extrema y alguno de los partidos emergentes, para pedir un referéndum sobre la forma de Estado. Es una reacción previsible de estas minorías radicales que mientras rechazan la monarquía parlamentaria exhiben su simpatía por los viejos sistemas totalitarios que perduran en Corea del Norte y Cuba. La España moderna, con todos los retos y dificultades que afronta, tiene una clara vocación de estabilidad sostenida por la Constitución. En ese marco legal no hay asomo de duda sobre las previsiones sucesorias en un caso como el que ahora se pone en marcha tras la abdicación de don Juan Carlos. Resulta confortante la actitud de los dos grandes partidos que se han relevado en el poder desde hace casi cuarenta años y que han apostado con firmeza por la monarquía constitucional, como se puso ayer de relieve en sus declaraciones institucionales. De ellos dos, con un respaldo popular fuera de duda a pesar de los resultados de las últimas elecciones europeas, depende que el proceso de sucesión culmine con toda normalidad en la proclamación del todavía príncipe de Asturias como nuevo Rey de España. Frente a las algaradas callejeras que promueven los grupos radicales está la sensatez y el buen juicio de la sociedad española y de sus principales fuerzas políticas, sin perjuicio de una reforma de la Constitución que sirva para reforzar la unidad y cohesión de nuestra convivencia civil.

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