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La enorme figura de Benedicto XVI

Resulta desoladora la incapacidad de algunos medios de comunicación para analizar cualquier cuestión que tenga que ver con la Iglesia sin reducirla a meras categorías políticas. Es una muestra bien elocuente del problema que con tanta claridad ha diagnosticado Benedicto XVI al referirse al olvido de Dios, que a la postre empequeñece al hombre y le aprisiona en los estrechos márgenes de una razón alicorta. Rompiendo esos esquemas, Benedicto XVI  ha puesto ante los ojos del mundo su talla humana y cristiana de gigante. Su renuncia, precisamente en el Día del Enfermo, no es un gesto de debilidad sino de una apabullante fortaleza. Aún impactados por un inevitable y muy humano sentimiento de orfandad, como ha señalado el Cardenal Rouco, Benedicto XVI ha sido un regalo de Dios para la Iglesia, en particular para la Iglesia que peregrina en España, a la que ha honrado con tres inolvidables visitas. La historia nos permitirá ver con mayor perspectiva la figura de este Papa, que en la lucidez de la ancianidad ha sabido confrontar ante Dios cuál era en este momento crucial de la historia la mejor decisión para el bien de la Iglesia. Ahora, cuando tantos recuerdos pasan por nuestra memoria, se abre un tiempo para seguir gustando su inmenso magisterio y también un tiempo de oración para que el proceso de elección del próximo Papa sea guiado e iluminado por la fuerza del Espíritu Santo. Todo en la confianza cierta de que el Señor está y estará siempre con su Iglesia.