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Editorial, viernes 8 de marzo 2013

Hoy tenemos muchas mujeres ajenas al ruido de la jornada y la oficialidad. Son mujeres excepcionales, como todas. Son las mujeres que trabajan siempre sin el concepto de si lo hacen dentro o fuera, arriba o abajo. Son las hijas, las madres, las hermanas, las amigas, las abuelas. Están siempre porque siempre han estado y seguirán haciéndolo. Ellas son el pilar de nuestra sociedad. De hecho, son la columna del mundo que lo sigue siendo porque ellas nacieron con el privilegio de alumbrar la vida. No entienden ni quieren saber de conceptos, de géneros, de ingeniería ideológica, ni de reivindicaciones formales e impostadas. No les importa, porque gozan del sentido común, del instinto, del esfuerzo y de una capacidad de amar que por grande, se ha convertido en cotidiana y muy invisible. Hoy, como siempre, tenemos la dicha de contar con las mujeres, con sus brazos y su profunda sabiduría. Cuando nacemos, lo primero que recibimos no es la luz de un día, sino la mirada de una mujer, que es la primera bendición que nos regalan. Mantengamos esa mirada resplandeciente, porque si se apaga, ya no estaremos.