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Editorial viernes 25 de enero 2013

De 

UGT en Córdoba ha despedido a cinco personas. Dos se encontraban de baja por enfermedad y otra tercera presenta una minusvalía del 35%. Otros seis trabajadores están sometidos a un ERTE por el que sólo trabajan el 50% de la jornada. Las razones para el despido han sido muy poco convincentes, en tanto que muchos de ellos llevan muchos años trabajando en el sindicato en varias ocupaciones y ahora son desechados por no ser "polivalentes". UGT, al igual que el otro denominado “sindicato mayoritario” no ha dudado en aplicar la tan denostada por ellos Reforma Laboral, en un ejemplo de incongruencia moral, cuando menos. Los responsables de las siglas, y sus acólitos, suelen explicarlo y justificarlo diciendo que “aplican la ley”, como si tuvieran las manos atadas a la hora de utilizar mejores formas o ser más flexibles en las condiciones del despido. Pero más allá de la habitual falta de moral y pudor que los sindicatos demuestran con sus hechos, sería importante poner el acento en la característica que demuestra qué tipo de sindicatos de clase tenemos: se rigen por criterios de empresa. O sea, que la frontera entre la patronal y la defensa del trabajador es muy tenue, por no decir inexistente. Y ésta es la tragedia actual en España; no sólo la cada vez mayor indefensión de los trabajadores y la pérdida de los derechos fundamentales, sino la inmoralidad, el egoísmo y la ausencia de cualquier tipo de ética que demuestran muchos empresarios, incluso aquéllos que con sindicalismo hacen caja.

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