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Editorial, viernes 11 de enero 2013

De 

El dato es demoledor: en el último año se ha triplicado el número de desahucios en Córdoba, una cifra similar a lo que está ocurriendo en todo el país. Es la imagen del fracaso de un sistema, de un carro en el que nos metieron y nos montamos. Es la cara cierta del mundo de las finanzas, que hace mucho que dejó de ser humana, como en su momento las desaparecidas Cajas de Ahorros se mostraron publicitariamente. Es la realidad dura de una crisis a la que queremos mirar de frente para salir, pero que azota de manera cruel y despiadada. Lamentarnos con las causas que nos han llevado a todo esto también es duro, por inútil: el diagnóstico ha quedado claro y sufrimos las consecuencias. Es por ello que lo que urge es aprender la lección pero alejados de las revoluciones de salón y las demagogias de los ideólogos oportunistas, y sobre todo, exigirle al Gobierno soluciones reales ante el drama, en vez de medidas maquilladoras dictadas desde Europa, que por mucho que nos veamos obligados a sufrir por pertenecer a un club económico que nos ha venido grande, no significa que sean efectivas para salir de este embrollo sin demasiada sangre más. Y ahora que se pone en el entredicho el trabajo que haya podido realizar el Banco de España en los últimos años respecto al control efectivo de las Cajas, sería bueno que también el Gobierno se tomara en serio y con legislación en la mano el castigar lo que nos ha hecho llegar a esta tragedia de los desahucios y las colas en Cáritas, y que no es otra que la usura.

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