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Editorial, martes 19 de febrero 2013

No tienen razón los padres que ahora protestan por el cierre de la escuela municipal. Y ellos lo saben, porque, realmente, ni sus hijos quedarán sin escolarizar ni dejarán de ser atendidas sus necesidades de cara a la enseñanza de los pequeños. La escuela municipal Félix Ortega siempre ha sido un brindis al sol de un Ayuntamiento demasiado acostumbrado a tirar de cartera pública y moverse en el siempre peligroso ámbito de los números rojos, no sólo por déficit sino también por ideología. Las competencias en materia de escolarización y educativas corresponden a la Junta, y aunque el hecho de crear una escuela municipal para amparo de los más desfavorecidos -y si tirásemos de historial veríamos que entre los desfavorecidos había muchos que no lo eran- puede ser loable, pero siempre es un gasto añadido para una administración, la municipal, que sobre todo ahora, debe optimizar los recursos que otros han dilapidado. Los argumentos del equipo de gobierno no admiten discusión: la escuela municipal es cara, y la Junta no ha querido hacerse cargo de algo que, aunque sea su competencia, no es necesaria porque en la capital la demanda de educación infantil está atendida. Así de claro, por mucho que pataleen los padres del Catón. Padres que, con mucha carga ideológica más que ciudadana,  se erigen en defensa de la educación pública en sus reivindicaciones. Pues que lo demuestren, porque colegios públicos y concertados hay. Los mismos con los que cuentan la mayoría de los cordobeses que escolarizan a sus hijos en ellos y que no se consideran agraviados por ello.