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Editorial, lunes 6 de mayo 2013

Hace dos años los populares que ahora gobiernan en el Ayuntamiento habrían hecho una lectura muy distinta de la celebración de las Cruces de Mayo. Sería, no lo dudamos, muy parecida a la que muchos cordobeses vuelven a realizar este año: las cruces provocan un destrozo y unas molestias que no tienen por qué soportar los vecinos ni los que nos visitan. Estamos seguros que el PP hace dos años, habría hablado de “botellón”, de “fiesta desnaturalizada”, de “tradición que se pierde” y demás calificativos para lo que era cierta denominarlo así y, tristemente, se puede seguir calificando hoy de esa manera. Pero el Ayuntamiento, en su nota oficial de ayer habla de “éxito de participación y de ausencias de incidentes graves que lamentar”. Suponemos que entre esos incidentes graves no consta la pelea que el pasado sábado por la noche tuvo lugar en Santa Marina y que se saldó con dos jóvenes, por lo menos, detenidos por la Policía Local. O ésta no ha dado parte o el Ayuntamiento considera una reyerta así algo de calibre menor. Sobre el civismo, o la falta de él, el Ayuntamiento poco puede hacer. Sobre el consumo de alcohol, el control de la venta del mismo y la vigilancia de  zonas tradicionalmente castigadas cada año por diferentes cruces, indudablemente sí. Y que no olviden desde el equipo de gobierno que los cordobeses le otorgaron la confianza mayoritaria entre otras cosas, porque se cansaron de que de manera oficial se les negara la realidad que  se padecía en forma de botellón, o de falta de tejido empresarial o de proyectos en el aire. No es buena táctica negar lo evidente. Y lo decimos porque eso tendrá su coste electoral, que a la postre, es el único idioma que entienden los políticos que dicen una cosa en la oposición y la contraria desde el confort del sillón del gobernante.

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