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Editorial, lunes 25 de febrero 2013

Una prueba más de cómo trata la Junta de Andalucía a nuestra capital la ha dado recientemente el delegado de la Oficina de la Vicepresidencia en Córdoba, que ya es triste que una vicepresidencia tenga oficina y además delegado, gastos en los que por lo visto no hay que reparar como sí hacerlo en el Recinto Ferial de San Carlos, como aduce el delegado en aras de colocar ahora en el fenecido recinto el centro de congresos. Es ciertamente cansado volver a tocar este tema, por lo manido del mismo y lo inútil que los años han demostrado que es. Pero más agota ver una y otra vez cómo se ríen de los cordobeses desde la administración andaluza constantemente, y como los enconamientos políticos en Córdoba pasan la peor factura. A la Junta le importa muy poco o casi nada que tengamos Centro de Congresos, pero sí le preocupa que el Partido Popular saque adelante un proyecto que ellos, con los ahora socios de Gobierno, fueron incapaces de construir. Y el señor delegado demuestra tener una corta visión política en todo ésto, porque al final los votantes saben perfectamente quienes quieren gestionar con diligencia y austeridad y quien se dedica a marear constantemente una perdiz que no lleva a ningún sitio. Los resultados electorales en la últimas municipales pusieron en su lugar a los camaradas del señor delegado, dando aviso de que la gente ya estaba cansada de que le tomaran el pelo. Si siguen con la misma estrategia, es posible que esos mismos camaradas, en una próxima cita con las urnas, no tengan ni un mal socio que llevarse para pagar el puchero.

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