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Editorial, jueves 2 de mayo 2013

Si los datos no fueran incuestionables y tremendamente duros, a poco que alguien hubiera paseado ayer por Córdoba podría pensar que la crisis no existe, o, cuando menos, que la situación no es tan dramática. Porque Córdoba ayer se tiró a la calle a recibir el mes de mayo, su mes por excelencia. Y aunque es verdad que no hace falta mucho dinero para disfrutar de la belleza de las calles, de la Batalla de las Flores, del cariño que se pone en la mayoría de las cruces que ayer abrieron, los cordobeses y los que nos visitaron disfrutaron de una manera amplia de terrazas, de fino, de sevillanas y de un día grande. No fue tan grande el día para los sindicatos que convocaron la habitual manifestación: contrastaba el pobre número de participantes con la muchedumbre que decidió aparcar el significado político del primero de mayo y todo lo malo que venimos padeciendo en los últimos años. Deberían reflexionar dichos sindicatos por su escaso poder de convocatoria, por los mensajes que ofrecen, por la imagen que en general se tiene de ellos. Y sería bueno volcar esa energía que ponemos en disfrutar de lo bueno que tiene la tierra, que ofrece Córdoba, para no perder ni la ilusión ni la esperanza, por mucho que se empeñen quienes pusimos al frente del país para salvar la situación y de momento, lo único que ofrecen son peticiones de paciencia, pérdida de derechos laborales, de poder adquisitivo y mantener un mastodonte administrativo que acabará por colapsarnos a todos. En cualquier caso, disfrutemos del mes de mayo mientras nos dejen.

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