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Línea Editorial 31/12/2014

No es demagogia, es justicia

En plena Revolución Industrial León XIII denunció las condiciones de esclavitud que el orden socioeconómico imponía a los obreros. El mundo liberal tronó contra el Papa, pero poco a poco, el modelo económico de mercado fue sujetándose a las exigencias de la justicia, mediante leyes que también han favorecido a la libre iniciativa económica. Esta tensión ha marcado el desarrollo de la economía de mercado en un proceso hacia formas de globalización que avanzan ahora sin demasiado control.Las consecuencias de este desgobierno son evidentes. Una de ellas, como denunció Caritas in Veritate y lo está haciendo el Papa Francisco, es la desregulación del fenómeno migratorio y el consiguiente aumento del tráfico ilegal de personas. Esta nueva forma de esclavitud reduce a los emigrantes a una mercancía que se traslada a través de rutas peligrosas y por la que se obtienen ganancias escandalosas. El problema es complejo, pero exige determinación política para que los Estados asuman su responsabilidad en el gobierno del fenómeno migratorio.Los emigrantes son personas. Afirmarlo no es un ejercicio de retórica, sino el primer paso para el posterior diseño e implantación de políticas públicas hechas a la medida de las necesidades vitales de los seres humanos. Y si no somos capaces, o no estamos dispuestos, a actuar por convicción, hagámoslo al menos por necesidad. En todo caso, las ventajas superarán con creces los riesgos.

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