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¿Cuáles son las diferencias entre las elecciones en EE.UU. y España?

Votantes americanos ejerciendo el voto digital.
Votantes americanos ejerciendo el voto digital.

Las elecciones de este 8 de noviembre convertirán a Donald Trump o Hillary Clinton en el 45º presidente de los Estados Unidos. Desde que George Washington abrió la lista en 1789, en aquella primera ocasión sin oponente, Estados Unidos ha gozado de una historia de democracia ininterrumpida durante más de dos siglos. Las normas y tradiciones que rigen su sistema electoral, sin embargo, tiene numerosas particularidades que la diferencian del modelo vigente en España.

Un régimen presidencialista


En Estados Unidos: El presidente de Estados Unidos, elegido cada cuatro años, es el jefe del Estado y el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, al tiempo que el jefe del Gobierno y, por tanto, encargado de nombrar a los miembros del gabinete y a los responsables de las distintas agencias federales, así como de implementar y aplicar las leyes del Congreso. Tiene capacidad de vetar leyes aprobadas por el Congreso. La presentación de propuestas de ley le corresponde al Congreso, pero algunas importantes, como el presupuesto, se hacen tradicionalmente a petición del presidente.

En España: El Rey es el jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas, mientras que el presidente es el jefe del Gobierno. A este le corresponde, según la Constitución, dirigir la acción del Gobierno y coordinar las funciones de los demás miembros del mismo, «sin perjuicio de la competencia y responsabilidad directa de éstos en su gestión». El presidente del Gobierno puede proponer la disolución del Congreso, del Senado o de las Cortes Generales, que sería decretada por el Rey.

Elección del presidente, no del Parlamento

En EE.UU.: El inquilino de la Casa Blanca se elige a través de las elecciones presidenciales que se convocan cada cuatro años y que se celebran el primer martes después del primer lunes de noviembre. Las elecciones para la Cámara de Representantes y el Senado son aparte. No obstante, los votantes no eligen directamente al candidato, sino que eligen en cada estado a una serie de compromisarios o electores, cada uno de los cuales emite luego en su nombre un voto electoral. El total de compromisarios forma el llamado Colegio Electoral, que en esta ocasión está compuesto por 538 miembros.

Para que un candidato resulte elegido presidente, debe obtener la mayoría absoluta de los votos electorales, en este caso 270. Ningún miembro del Colegio Electoral puede ser miembro del Congreso. No obstante, si ningún candidato obtuviera esa cifra, la elección del presidente recaería en la Cámara de Representantes, mientras que el Senado elegiría al vicepresidente.

En España: El presidente del Gobierno es elegido por el Congreso de los Diputados, como representante del pueblo español, y nombrado por el Rey, jefe del Estado. El Congreso se elige cada cuatro años y debe ser convocado en un plazo de 25 días tras la celebración de los comicios. Después de cada renovación de la Cámara, y tras consultar con los representantes de los grupos parlamentarios, el Rey propone un candidato a presidente, que expone ante el Congreso su programa de gobierno.

Si el Congreso, por mayoría absoluta, le otorga la confianza, el Rey le nombra presidente. Si no, se somete a nueva votación en 48 horas y ahora requiere mayoría simple. Si el candidato no recibe la confianza para la investidura, hay dos meses a partir de la primera votación para tramitar sucesivas propuestas. En caso de que ningún candidato logre la confianza del Congreso, el Rey disuelve las dos Cámaras y convoca nuevas elecciones, como ha sucedido este mismo año.

Sistema mayoritario frente a sistema proporcional

En EE.UU.: El número de compromisarios de cada estado (y por tanto de votos electorales para designar al presidente) se establece en función de su población y coincide con la suma de los miembros de la Cámara de Representantes y senadores de ese estado. El que más compromisarios tiene en 2016 es California, con 55, y los que menos Vermont, Delaware, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Alaska y el Distrito de Columbia (donde se encuentra la capital, Washington, y que no es propiamente un estado), cada uno con tres.

La mayor parte de los estados otorga al candidato ganador en su territorio la totalidad de sus compromisarios. Las únicas excepciones son Maine y Nebraska, que reparten sus compromisarios (cuatro y cinco, respectivamente), de forma proporcional en función del voto popular. El sistema mayoritario de casi todos los estados hace que el vencedor en votos populares (las papeletas de los ciudadanos) no tenga que coincidir necesariamente con el de los votos electorales, como ha sucedido en más de una ocasión. La última fue en 2000, cuando el republicano George W. Bush salió presidente pese a obtener casi 450.000 menos que su rival, el demócrata Al Gore.

En España: Los 350 miembros del Congreso, que son los que votan al presidente, se eligen por circunscripciones provinciales, a cada una de las cuales le corresponde una representación mínima fija de dos diputados (salvo a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, con uno cada una) y una parte variable en función de su población. No se trata de un sistema proporcional puro, sino que, a través de la aplicación de la fórmula matemática de la llamada Ley D’Hont, se favorece a las listas más votadas. Además, se exige un mínimo de un 3% de los votos válidos emitidos para que las candidaturas tengan representación. Con estas medidas se pretende que no haya una fragmentación parlamentaria excesiva y que salgan gobiernos sólidos.

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