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Críticas de los estrenos de cine del 13 de septiembre

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín comenta “Asalto al poder”, “Percy Jackson y el Mar de los Monstruos”, “El comandante y la cigüeña”, “La gran familia española”, “Afterparty”, “Arraianos”, “Bajarí-Barcelona” y “El espíritu del 45”.
Asalto al poder
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ASALTO AL PODER (White House Down) ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Roland Emmerich. Intérpretes: Channing Tatum, Jamie Foxx, Maggie Gyllenhaal, Jason Clarke, James Woods, Richard Jenkins, Joey King. Guion: James Vanderbilt. EE.UU. 2013. Acción. 131 min. Jóvenes.

El discutido cineasta alemán Roland Emmerich se ha ganado un hueco en Hollywood gracias a aparatosas superproducciones catastrofistas, con inagotables dosis de acción y efectos visuales. Ahí están “Stargate: puerta a las estrellas”, “Independence Day”, “Godzilla”, “El día de mañana”, “10,000 BC” ó “2012”. Sólo se ha salido de esa fórmula en la vibrante epopeya histórica “El patriota” (2000) —ambientada en la Guerra de Independencia de Estados Unidos— y en “Anonymous” (2011), estimable biopic apócrifo del dramaturgo William Shakespeare. Ahora retorna a su apocalíptico terreno habitual en “Asalto al poder”, adrenalítico tebeo patriotero con un planteamiento demasiado similar al de “Objetivo: la Casa Blanca”, de Antoine Fuqua, estrenada en España hace apenas cuatro meses.

El protagonista es John Cale (Channing Tatum), un honesto policía del Capitolio, veterano de Afganistán, separado de su esposa y padre de la espabilada preadolescente Emily (Joey King), a la que intenta ganarse por todos los medios. La ilusión de John es entrar en el servicio secreto de la Casa Blanca, como escolta del Presidente James Sawyer (Jamie Foxx), un idílico afroamericano que se ha ganado al país y al mundo con su simpatía y su política social y pacifista, culminada ahora por un ambicioso acuerdo internacional sobre Oriente Medio, que incluso podría firmar Irán. Pero el agente no supera la entrevista con la Directora de Seguridad, su antigua novia la agente especial Carol Finnerty (Maggie Gyllenhaal). Para no decepcionar a su ilusionada hija, el sufrido policía no le comunica el resultado, y realiza con ella un tour por el emblemático edificio presidencial. Justo en ese momento, un grupo de violentos paramilitares, equipados con sofisticadas armas de última generación, dinamitan el Capitolio, asaltan por tierra y aire la Casa Blanca, detienen al presidente y toman como rehenes al resto de ocupantes del edificio, incluida Emily. Pero John logra escabullirse, convirtiéndose en el único contacto con el desmantelado gobierno provisional, que anda sumido en el caos.

Como en todas sus películas, Emmerich imprime a la historia un ritmo trepidante, la llena de impactantes secuencias de combates y destrucción —más o menos bien resueltas dentro de su asumida inverosimilitud—, e intenta oxigenar esos fuegos de artificios con ciertos golpes de humor —no muy sutiles—, algún apunte de crítica socio-política —aquí, en torno a la búsqueda de la paz frente a la lógica belicista de la poderosa industria del armamento— y alguna subtrama dramática, centrada esta vez en el instinto paternal del protagonista. Si no se le exige demasiado, el conjunto funciona como veraniego blockbuster palomitero. Pero, en realidad, el guión de James Vanderbilt (“Zodiac”, “The Amazing Spider-Man”) es tosco e imitativo, pone demasiado a prueba la credulidad del espectador y, sobre todo, descuida progresivamente los perfiles dramáticos de todos los personajes, especialmente de John Cale —que se convierte en una mala copia de Bruce Willis en “La jungla de cristal”— y del Presidente James Sawyer, clavadito a Obama desde el minuto uno. Channing Tatum y Jamie Foxx se esfuerzan por dotarlos de vida propia, pero sólo lo logran en contadas ocasiones —“¡No me toques mis Jordan!”—, al igual que les sucede al resto de los excelentes actores que completan el reparto. J. J. M.



PERCY JACKSON Y EL MAR DE LOS MONSTRUOS (Percy Jackson: Sea of Monsters) ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Thor Freudenthal. Intérpretes: Logan Lerman, Alexandra Daddario, Sean Bean, Jake Abel, Stanley Tucci, Nathan Fillion, Anthony Head. Guion: Larry Karaszewski y Scott Alexander a partir de la novela de Rick Riordan. EE.UU. 2013. Fantasía. 106 min. Jóvenes.

Tras descubrir que es hijo de Poseidón y una humana, y hacerse famoso por recuperar el poderoso Rayo de Zeus, el tímido adolescente Percy Jackson (Logan Lerman) vive con los demás semidioses, mestizos y tutores en un idílico y secreto campamento, oculto en un bosque y protegido por la mágica barrera que generó la mestiza Thalia (Paloma Kwiatkowski), hija de Zeus, después de morir y transformarse en un árbol. Un día, un espeluznante toro mecánico rompe la barrera, de modo que el árbol de Thalia comienza a secarse. Entonces, Percy emprende un peligroso viaje para encontrar el curativo Vellocino de oro, que está escondido en el Mar de los Monstruos, conocido por los humanos como el Triángulo de las Bermudas. Le acompañarán su recién descubierto hermanastro, el cíclope Tyson (Douglas Smith); sus mejores amigos la sensible Annabeth (Alexandra Daddario) —hija de Atenea— y el miedoso sátiro Grover (Brandon T. Jackson), así como su principal competidora, la aguerrida Clarisse (Leven Rambin), hija de Ares. Durante su odisea, los valientes jóvenes descubren que el Vellocino también es ansiado por un grupo de rebeldes mestizos, que quieren resucitar con él al malvado Cronos para instaurar una nueva era.

Dirigida esta vez por el berlinés Thor Freudenthal (“Hotel para perros”, “El diario de Greg”) —que sustituye a Chris Columbus—, esta adaptación de la segunda novela de la popular saga fantástica juvenil —escrita por el estadounidense Rick Riordan a partir de 2005— comparte virtudes y defectos con su antecesora, “Percy Jackson y el ladrón del rayo”. De nuevo se agradece su tono familiar y su integración de la mitología griega en la cultura popular contemporánea, aderezada con elementos de otras sagas, como “El Señor de los Anillos”, “Las Crónicas de Narnia” o “Harry Potter”. Pero, de nuevo también, su capacidad alegórica o mitopoética se ve debilitada por un tono demasiado ligero y superficial, que la aleja un poco de sus referentes literarios y fílmicos, y limita la potencia dramática de sus reflexiones morales sobre la valentía, la amistad, la fraternidad y la capacidad de sacrificio. Además, no brilla con luz propia ninguna interpretación, y la puesta en escena de Freudenthal, aunque espectacular por sus constantes efectos visuales, resulta bastante rutinaria, y nunca logra dar continuidad al episódico desarrollo narrativo. De todas formas, se trata de una película suficientemente entretenida, que gustará al público infantil y juvenil al que va destinada. J. J. M.




EL COMANDANTE Y LA CIGÜEÑA (Il comandante e la cicogna) *** (6,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Silvio Soldini. Intérpretes: Valerio Mastandrea, Luca Dirodi, Serena Pintucci, Claudia Gerini, Alba Rohrwacher, Giuseppe Battiston, Luca Zingaretti, Maria Paiato. Guión: Silvio Soldini, Doriana Leondeff y Marco Pettenello. Italia-Suiza-Francia. 2012. Comedia. 109 min. Adultos.

Leo (Valerio Mastandrea) es un fontanero viudo de Turín, que trabaja duramente para sacar adelante a sus dos hijos adolescentes: el solitario Elia (Luca Dirodi) —que realiza singulares investigaciones ecológicas— y la promiscua Maddalena (Serena Pintucci), cuyo novio difunde por internet un vídeo suyo de fuerte contenido sexual. Por la noche, Leo comenta sus numerosos problemas con el fantasma en bikini de su esposa Teresa (Claudia Gerini), fallecida hace años en un accidente náutico. Por su parte, Diana (Alba Rohrwacher) es una despistada artista, que espera una oportunidad y apenas puede pagar el alquiler. El propietario de su casa es Amanzio (Giuseppe Battiston), un excéntrico y cívico “sanador social”, que se hace amigo de Elia, con una cigüeña de por medio. Leo y Diana se conocerán en la oficina de Malaffano (Luca Zingaretti), un abogado arrogante y estafador, que lava los trapos sucios de diversos políticos y empresarios corruptos. Este abigarrado cóctel de relaciones humanas es contemplado y comentado con estupor por las estatuas de diversos personajes ilustres, como Verdi, Leopardi, Leonardo da Vinci (voz de Neri Marcorè), Cazzaniga (voz de Gigio Alberti) y, sobre todo, Giuseppe Garibaldi (voz de Pierfrancesco Favino), que manifiesta sus serias dudas sobre la capacidad de los italianos para gobernarse solos.

Mostrándose a ratos costumbrista a lo Risi, Monicelli o Comencini, y a ratos surrealista a lo Fellini o Benigni, el italiano Silvio Soldini —conocido sobre todo por sus dramas—, cierra con esta película coral un trilogía de comedias, iniciada con “Pan y tulipanes”, y continuada por “Agata e la tempesta”. Ya su sinopsis revela el tono ligero pero incisivo de “El comandante y la cigüeña”, que entre gracia y gracia —muchas divertidas, algunas zafias—, plantea críticas certeras al desmadre moral de la Italia actual y del resto de países occidentales, dominados —según él— por la mediocridad, la perplejidad, la falta de referentes éticos y la corrupción generalizada, sobre todo en los ámbitos políticos y empresariales. Para ello, Soldini despliega una puesta en escena más chispeante que brillante, en la que da primacía al trabajo del amplio reparto, muy eficaz en su premeditado histrionismo. A ratos, “El comandante y la cigüeña” adopta un cierto tono ácrata y antisistema, y obvia casi por completo cualquier referencia religiosa. Pero acaba exaltando la familia, la amistad y las virtudes básicas, y logra que muchos de sus personajes resulten muy entrañables, sobre todo porque encarnan esa célebre idea, repetida en el filme por el redicho personaje de Amanzio: “Fuerte no es el que nunca cae, sino el que cae y se levanta”. J. J. M.



LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA** (5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Daniel Sánchez Arévalo. Intérpretes: Antonio de la Torre, Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Miquel Fernández, Patrick Criado, Roberto Álamo, Sandra Martín, Arancha Martí, Héctor Colomé. España. 2013. Comedia. 102 min. Adultos.

Nada más cumplir 18 años, Efraín (Patrick Criado) y Carla (Arancha Martí), novios desde la infancia, deciden casarse el 11 de julio de 2010 en la amplia finca del sexagenario padre de él (Héctor Colomé), que puso a sus cinco hijos nombres bíblicos como homenaje a “Siete novias para siete hermanos” (1954), de Stanley Donen, su película favorita hasta que su esposa se divorció de él, hace ahora ocho años. Allí se reunirán los cuatro hermanos de Efraín —el parado y depresivo Adán (Antonio de la Torre), el fronterizo Benjamín (Roberto Álamo), el médico solidario Caleb (Quim Gutiérrez) y el inseguro Daniel (Miquel Fernández)—, la gótica hermana de Carla, Mónica (Sandra Martín); la futbolera hija adolescente de Adán (Lucía Fuertes) —que duda si es lesbiana—, y Cris (Verónica Echegui), la actual novia de Daniel, que salió con Caleb hasta que éste la dejó cuando se marchó a África. Las heridas del corazón sangrarán durante el evento, marcado además por el avanzado embarazo de la novia, la posible asistencia de la madre y, sobre todo, la accidental coincidencia del acto con la final del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, con España luchando con Holanda para obtener el título por primera vez en la historia.

Candidata a representar a España en el Oscar al mejor filme de habla no inglesa y en el Ariel mexicano a la mejor película iberoamericana, “La gran familia española” refleja claramente las luces y sombras de la comedia española y, en concreto, del cine de su director y guionista, el madrileño Daniel Sánchez Arévalo (“AzulOscuroCasiNegro”, “Gordos”, “Primos”). Como en sus anteriores filmes, Sánchez Arévalo logra una vistosa factura visual, un ágil ritmo narrativo y unas frescas interpretaciones, que van de menos a más, salvan con nota la condición coral de la historia y arrancan unas cuantas escenas brillantes, cómicas y dramáticas. Además, ilustra el relato con varias bellas baladas románticas del cantautor estadounidense Josh Rouse.

Sin embargo, resulta demasiado explícito su homenaje a “Siete novias para siete hermanos”, rompen el ritmo varios largos fundidos en negro y no funcionan unos cuantos golpes de humor, que decantan hacia la zafiedad tan desgraciadamente habitual en las comedias españolas. Esas groserías desvelan el principal defecto de la película: la superficialidad con que Sánchez Arévalo mira a sus personajes, heridos por el relativismo moral dominante en España y en la mayoría de los países occidentales. Un relativismo hedonista e individualista, que el cineasta madrileño suaviza con algunos elogiables contrapuntos solidarios y entrañables —en torno a la importancia de los lazos familiares y de amistad, y al valor del arrepentimiento y el perdón—, pero que se muestra demasiado complaciente con la ideología de género, el permisivismo sexual y una caridad mal entendida, que considera amor casi cualquier cosa. Afortunadamente, Sánchez Arévalo no cae en el nihilismo de Michael Haneke en la sobrevalorada “Amor”, pero comparte con él unos cuantos de sus criticables planteamientos de fondo y se aleja de la sólida antropología que sustentaba a “La gran familia” y a “La familia y uno más”, las notables tragicomedias clásicas de Fernando Palacios, con las que también se ha comparado a “La gran familia española”. J. J. M.




AFTERPARTY * (3,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Miguel Larraya. Intrérpretes: Luis Fernández, Úrsula Corberó, David Seijo, Alicia Sanz, Ana Caldas, Juan Blanco, Andrea Dueso. Guion: Miguel Larraya y Fernando San Cristóbal. España. 2013. Terror. 78 min. Adultos.

Tras darse a conocer como guionista y realizador de televisión —en series como “HKM” y “Comecaminos”—, el español Miguel Larraya dirigió los cortos “Para no dormir” y “Estocolmo”. Ahora, en su primer largometraje, “Afterparty”, imita descaradamente famosas sagas de terror, como “Scream” o “[REC]”, con resultados muy discretos.

Golfo y rompecorazones, Carlos “El Capi” (Luis Fernández) es el joven protagonista de “Campamento Misterio”, una popular serie televisiva, que le ha convertido en uno de los grandes ídolos adolescentes del momento. A punto de firmar con una productora estadounidense, acude con un amigo a una misteriosa macrofiesta en una laberíntica mansión hipertecnificada. Tras una turbia noche de sexo, drogas y alcohol, despierta a la mañana siguiente junto a un chico (David Seijo) y tres chicas (Úrsula Corberó, Alicia Sanz y Ana Caldas), a los que no conoce. Enseguida descubren que no pueden salir de la casa. Y, a través de los espeluznantes vídeos que reciben en un móvil, comprenden que un anónimo personaje está dispuesto a matarlos uno a uno, oculto tras la misma máscara que llevaba el asesino de la serie “Campamento Misterio”.

Además de un guión tópico, imitativo y arrítmico, “Afterparty” padece una tosca puesta en escena —casi siempre, cámara en mano— y unas interpretaciones mediocres, a cargo del joven y televisivo reparto. Y, para estropearlo todavía más, Larraya intenta mantener el interés de su público —se supone que juvenil— cargando la mano en la violencia y el sexo, a veces de un modo tan artificioso y excesivo que genera risas a destiempo. Todo ello, expuesto con una carencia total de perspectiva moral, sin subtramas dramáticas de interés y con fugaces golpes de humor casi siempre patéticos. J. J. M.

ARRAIANOS ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Eloy Enciso. Guión: Eloy Enciso y Mauro Herce. Fotografía: Mauro Herce. España. 2012. Documental. 70 min. Jóvenes.

Ganadora de diversos premios en festivales menores, “Arraianos” es una singular exposición filmica en torno a un pequeño pueblo perdido en las montañas de la frontera galaico-portuguesa. Momentos de ficción conviven con situaciones cotidianas de sus habitantes, que viven su día a día a la vez que interpretan, como actores ocasionales, diálogos de la obra existencialista y lírica “O bosque”, del dramaturgo coruñés Jenaro Marinhas del Valle (1908-2000). Mientras realidad, mitos y sueños se confunden, aparece un extraño y anuncia cierta profecía.

Formado en Barcelona y San Antonio de Baños (Cuba), el gallego Eloy Enciso (Meira, 1975) dirigió los cortos “La ponchera”, “No tan buena vista” y “La clase”, antes de debutar en el largometraje documental con “Pic-nic”. Ahora, juega en “Arraianos” a mezclar realidad y ficción, con resultados discutibles. Su película es visualmente valiosa, por el halo de misterio de sus retratos humanos y por la propia belleza de los paisajes donde los filma. Pero sus esfuerzos carecen de continuidad narrativa y verdadera trascendencia, y resultan demasiado crípticos en su intento de crear un tono mítico-bucólico. De modo que acaban cansando, casi nunca logran conmover al espectador y, desde luego, desvelan poco de la idiosincrasia de esa gente de frontera. J. J. M.



BAJARÍ-BARCELONA


FICHA TÉCNICA.- Directora y guionista: Eva Vila. Fotografía: Joan Tisminetzky. España. 2012. Documental. 90 min.

Bajarí es el nombre de la ciudad de Barcelona en caló, la lengua de los gitanos. Y es el título del segundo largometraje como directora de Eva Vila (“B-Side: la cara B de la música en Barcelona”), coordinadora desde 2003 del prestigioso Máster en Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra. La distribuidora no ha mostrado a la prensa de Madrid la película, cuya publicidad la presenta como “un viaje emocional al corazón del flamenco a través de los ojos de un niño y del arte de una bailaora”.

El niño es Juanito Manzano —de cinco años de edad, sobrino del legendario cantaor catalán Juan Manzano “Coco”—, a punto de cumplir su sueño de tener un par de botines rojos, que le permitirán convertirse en un verdadero bailarín de flamenco. Y la bailaora es Karime Amaya —sobrina nieta de la mítica Carmen Amaya—, que dejó su vida en México para descubrir el gen artístico que la ha convertido en una bailarina de gran prestigio internacional. Con la ayuda de su madre Winny —que prepara un espectáculo con los mejores talentos de la Ciudad Condal—, Karime revive la impresionante trayectoria de su tía-abuela, nacida en Barcelona el 2 de noviembre de 1917 y fallecida en Bagur, Gerona, el 19 de noviembre de 1963. Por el trailer, parece un documental original, sustancial y emotivo, que ahonda en la identidad comunitaria y en la alegría de vivir de los gitanos catalanes, y que seguramente gustará a los aficionados al flamenco. J. J. M.


EL ESPÍRITU DEL 45 (The Spirit of ’45) ** (5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Ken Loach. Música: George Fenton. Gran Bretaña. 2013. Documental. 94 min. Jóvenes.

“La Segunda Guerra Mundial fue una lucha, quizá la más considerable lucha colectiva que Gran Bretaña tuvo que llevar a cabo. Mientras otros hacían grandes sacrificios —el pueblo ruso por ejemplo—, la determinación de construir un mundo mejor era aquí tan fuerte como en cualquier otro lugar. Creíamos que nunca más volveríamos a dejar que la pobreza, el desempleo o el ascenso del Fascismo desfiguraran nuestras vidas. Habíamos ganado la guerra juntos, y juntos ganaríamos la paz. Si podíamos llevar a cabo campañas militares, ¿acaso no podríamos planear la construcción de casas, la creación de un servicio socio-sanitario y de transporte, y conseguir los bienes que necesitáramos para la reconstrucción? La idea central era la propiedad común, donde la producción y los servicios beneficiarían a todos. Unos pocos no se enriquecerían a costa de los demás. Era una noble idea, popular y aclamada por la mayoría. Era el Espíritu de 1945. Quizá hoy sea el momento de recordarlo”.

Con esta personal y explícita declaración de principios presenta este documental en blanco y negro su director y guionista, el casi octogenario cineasta inglés Ken Loach, prestigioso y discutido autor de filmes como “Agenda oculta”, “Lloviendo piedras”, “Ladybird Ladybird”, “Tierra y libertad”, “Mi nombre es Joe”, “La cuadrilla”, “Buscando a Eric” o “La parte de los ángeles”. Si ya muchas de sus películas de ficción se echan a perder por su parcial tono ideológico y propagandístico, “El espíritu del 45” roza lo grotesco en su panfletaria exaltación de las políticas sociales del Partido Laborista —ganador de las elecciones de 1945— y en su inflamada demonización del Partido Conservador y, en concreto, de Margaret Thatcher, con la que se ensaña cruelmente como supuesta responsable principal de la destrucción de aquellas iniciativas y de la instauración de un capitalismo neoliberal e insolidario, todavía vigente.

Con vigor narrativo y visual, Loach hilvana valiosas imágenes de archivo y emotivas declaraciones de políticos, sindicalistas, mineros, historiadores… Pero todas ellas están marcadas por una evidente parcialidad y falta de matices, nunca se compensan con declaraciones de los conservadores atacados, y culminan en una proclama antisistema, casi anarquista, marcada por una complaciente y acrítica fascinación por el socialismo. De modo que sólo cabe recordar “El espíritu del 45” como un brillante ejercicio fílmico de agitación y propaganda. J. J. M.



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