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Críticas de los estrenos de cine del 9 de mayo

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín comenta “En un lugar sin ley”, “Una noche en el viejo México”, “3 días para matar”, “Mi último día sin ti”, “Snowpiercer (Rompenieves)”, “The Machine”, “En apatía. Secuelas del odio”, “10.000 noches en ninguna parte”, “Amor en su punto”, “Los ojos amarillos de los cocodrilos”, “Un castillo en Italia”, “Malditos vecinos”, “Wrong Cops” y “Violetta. La emoción del concierto”.
En un lugar sin ley
En un lugar sin ley

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En un lugar sin ley (Ain’t Them Bodies Saints) *** (7)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: David Lowery. Intérpretes: Casey Affleck, Rooney Mara, Ben Foster, Keith Carradine, Nate Parker, Charles Baker, Heather Kafka, Frank Mosley, Rami Malek. EE.UU. 2013. Melodrama criminal. 96 min. Jóvenes-adultos.

Texas, hacia 1970. Bob (Casey Affleck) y Ruth (Rooney Mara) son una joven pareja de enamorados ladrones, ajenos a los peligros de vivir al margen de la ley. Durante un tiroteo con la policía, fallece Freddy (Kentucker Audley), el hermano de Bob, y la embarazada Ruth hiere al agente Patrick Wheeler (Ben Foster). Bob asume toda la culpa, y es arrestado y condenado a una larga pena de prisión. Cuatro años después, incapaz de soportar la separación de su mujer y su hija —a la que no ha llegado a conocer—, Bob escapa de la cárcel con el único objetivo de recuperarlas. Mientras tanto, el padre de Bob, Skerritt (Keith Carradine), y el enamorado agente Wheeler cuidan de Ruth y su hija, sobre todo cuando asoman por la localidad un panda de matones, con los que el fugitivo tiene cuentas pendientes.

Premio a la mejor fotografía (Bradford Young) en el Festival de Sundance 2013, este tercer largometraje del montador y cortometrajista estadounidense David Lowery (“Deadroom”, “St. Nick”) imita el melancólico tono trágico y el hipnótico estilo fragmentado —lleno de elipsis, flashbacks y planos larguísimos— de “Malas tierra” (1973) y “Días del cielo” (1978), ambas de su compatriota Terrence Malick. Esto se traduce en un vigoroso lirismo visual —expuesto casi siempre con luz natural—, que refuerza las dos tramas románticas en torno a Ruth, y compensa los contundentes estallidos de violencia, resueltos con un sobrio y veraz realismo. También cabe elogiar las lacónicas interpretaciones de todo el reparto, especialmente de Ben Foster, cuya sutilísima caracterización —esas sustanciales miradas, que suplen sus escuetos diálogos— convierte al sheriff Wheeler en un personaje memorable. También brilla con luz propia el veterano Keith Carradine —siempre intenso e inquietante—, que además aporta la espléndida canción country “The Lights” a la minimalista banda sonora de Daniel Hart, cuyos originalísimos contrapuntos de palmas anticipan y acompañan las secuencias más dramáticas.

Ciertamente, “En algún lugar sin ley” es más poderosa por fuera que por dentro, pues la melodramática trama principal no incluye demasiadas novedades. Además, el guion del propio Lowery sólo esboza las motivaciones de algunos personajes secundarios —el amigo de Bob, su propio padre, los matones que le persiguen…—, de modo que sus subtramas resultan un tanto escuetas y frías. En cualquier caso, queda un notable y bello melodrama criminal, con certeras reflexiones sobre el sentido de responsabilidad, el arrepentimiento y el poder redentor del amor. J. J. M.



Una noche en el viejo México (A Night in Old Mexico)** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Emilio Aragón. Intérpretes: Robert Duvall, Jeremy Irvine, Angie Cepeda, Luis Tosar, Joaquín Cosio, Javier Gutiérrez, Jim Parrack. Guion: William D. Wittliff. España. 2013. Drama criminal. Jóvenes-adultos.

Tras debutar como director de cine en 2010 con la sólo correcta “Pájaros de papel”, el cómico, realizador y productor español Emilio Aragón aceptó dirigir “Una noche en el viejo México”, una road-movie sureña, basada en un guion original del texano William D. Wittliff (“El corcel negro”, “Country”, “Leyendas de pasión”, “La tormenta perfecta”). Rodada en inglés, cuenta con un reparto internacional, encabezado por el oscarizado Robert Duvall y el joven Jeremy Irvine, que se dio a conocer como protagonista de “War Horse (Caballo de batalla)”, de Steven Spielberg. El resultado es un intento digno pero fallido de imitar las tragicomedias criminales de los hermanos Joel y Ethan Coen. La película optó a los Goya 2013 a la mejor música —también de Emilio Aragón— y a la mejor canción original: “Aquí sigo”, compuesta por el propio Aragón e interpretada por la californiana Julieta Venegas.

Red Bovie (Robert Duvall) es un veterano y temperamental cowboy texano, al que el banco le acaba de quitar su rancho y su tierra. Justo en ese momento, aparece por allí su nieto Gally (Jeremy Irvine), un perdido veinteañero neoyorquino, al que Red ni conocía. Temeroso de acabar en una residencia de ancianos, Red decide viajar en coche con su nieto hasta México en busca de aventuras y diversión. Durante su accidentado periplo por la peligrosa noche mexicana, conocerán a Patty (Angie Cepeda), una bella stripper que encuentra en ellos la esperanza de una vida mejor. Pero también se cruzarán con diversos matones y narcotraficantes, ansiosos por recuperar una bolsa repleta de dólares, que dos de ellos se dejaron accidentalmente en el coche de Red.

Cabe elogiar el generoso diseño de producción de la película, su esmerada factura visual y musical, y el notable trabajo de todos los actores, sobre todo de Robert Duvall, en un papel a su medida. También se agradece que Emilio Aragón no cargue mucho la mano en el tratamiento de la violencia y el sexo, pues la trama le proporcionaba unas cuantas ocasiones de haberlo hecho. Sin embargo, a su puesta en escena le falta personalidad y ritmo. Además, el guion de Wittliff es demasiado convencional y previsible, y no acaba de integrar bien la intriga criminal, el drama familiar y sentimental, y los golpes de humor. De modo que el conjunto se deja ver y cae simpático, pero resulta demasiado superficial y casi nunca implica demasiado al espectador, ni en las risas, ni en las lágrimas. J. J. M.



3 días para matar (3 Days to Kill) ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: McG. Intérpretes: Kevin Costner, Amber Heard, Hailee Steinfeld, Connie Nielsen, Scott Burn, Richard Sammel, Eriq Ebouaney, Tómas Lemarquis, Big John, Rupert Wynne-James. Guion: Luc Besson y Adi Hasak, basado en un argumento de Luc Besson. EE.UU. 2014. Thriller. 117 min. Jóvenes-adultos.

Ethan Renner (Kevin Costner) es un veterano agente de la CIA, que afronta su última misión con la esperanza de retirarse definitivamente a París, para recuperar allí el amor de su esposa Christine (Connie Nielsen) y de su hija ya adolescente, Zooey (Hailee Steinfeld), a la que apenas ha tratado. Pero la operación fracasa y, además, diagnostican a Ethan un cáncer terminal. Entonces, otra agente de la CIA, la misteriosa Vivi Delay (Amber Heard), le ofrece una droga experimental que podría salvarle la vida, a cambio de finalizar en 72 horas la peligrosa misión, eliminando en la propia capital francesa al peligroso traficante de armas El Lobo (Richard Sammel) y a su sanguinario lugarteniente El Albino (Tómas Lemarquis). Ethan intentará por una vez conciliar bien trabajo y familia, pues se queda al cuidado de su rebelde hija Zooey.

Nuevo filme de género producido y coescrito por el francés Luc Besson para su compañía EuropaCorp. A partir de un planteamiento cercano al de su película “Malavita”, Besson repite su habitual cóctel de géneros —acción trepidante, comedia negra y básico drama familiar, con ligeros toques sociales y sexuales—, a cargo de un reparto de estrellas, encabezado por los veteranos Kevin Costner y Connie Nielsen, y las jóvenes promesas Amber Heard (“El poder del dinero”) y Hailee Steinfeld, nominada al Oscar 2011 a la mejor actriz de reparto por “Valor de ley”, de los Coen. Todos los actores se toman en serio a sus personajes, y el estadounidense McG (“Los ángeles de Charlie 1 y 2”, “Terminator Salvation”, “Esto es la guerra”) modera sus habituales desmelenes videocliperos. De modo que el conjunto es moderadamente entretenido, divertido y positivo en su elogio de la unidad familiar, la paternidad y la maternidad. Eso sí, su trama policíaco-criminal resulta tan inverosímil como las del resto de producciones de Besson, y su liviana trama dramática es muy poco original, cae a menudo en la sensiblería y contrasta con los breves pero irritantes pegotes de exhibicionismo sexual. J. J. M.



Mi último día sin ti (My Last Day Without You / Nie mehr ohne dich) *** (6)

FICHA TÉCNICA.- Director: Stefan C. Schaefer. Intérpretes: Ken Duken, Nicole Beharie, Reg E. Cathey, Marlene Forte, Robert Clohessy, Sharon Wilkins, Lawrence Saint-Victor, Francis Benhamou. Guion: Stefan C. Schaefer y Christoph Silber. Alemania-EE.UU. 2011. Melodrama. 90 min. Jóvenes.

Niklas (Ken Duken) es un joven y agresivo ejecutivo de Frankfurt, al que envían a Nueva York para que cierre la sucursal de su empresa en la Gran Manzana, con el consiguiente despido de más de 300 empleados. Uno de ellos es Leticia (Nicole Beharie), una guapa secretaria afroamericana, que aspira a ser cantante y que acaba de independizarse de su padre, el viudo Pastor Johnson (Reg E. Cathey), cuya iglesia protestante de Brooklyn pasa por graves dificultades económicas. Casualmente, Niklas conoce a Leticia en una cafetería, y se enamora perdidamente de ella. Así que intentará ganarse su corazón durante las once horas que permanecerá en Nueva York antes de volver a Alemania. Pero los dos tienen planteamientos vitales antagónicos, y desconocen el traumático vínculo que une sus vidas. Un vínculo que antes o después saldrá a la luz.

Este sentido melodrama responde plenamente a los planteamientos de su productora, Cicala Films, fundada en 1997 por el estadounidense Stefan C. Schaefer (“Confess”, “Arranged”) con el objetivo de realizar películas de bajo presupuesto que difundan valores positivos, sobre todo cristianos, pero válidos para cualquier religión. Como desgraciadamente es habitual en este tipo de productos, la película se ve lastrada por una cierta factura televisiva, un argumento demasiado previsible y un guion a menudo sensiblero y discursivo. Aquí, además, el romance del Pastor Johnson con su portorriqueña feligresa Luz (Marlene Forte) resulta excesivamente infantil y artificioso.

De todas formas, la puesta en escena de Schaefer es fluida, el alemán Ken Duken (“Gran Paradiso”, “Karol, el hombre que llegó a ser Papa”, “Malditos bastardos”) y la estadounidense Nicole Beharie (“American Violet”, “Shame”, “42”) dotan de veracidad y hondura dramática a la emotiva y estimulante trama principal, y ella se luce como cantante en varias bellas baladas, que completan la romántica partitura original de Scott Jacoby. Además, el desconocido Laith Nakli aporta unas oxigenantes gotas de humor costumbrista en su divertida caracterización del chófer musulmán Mahdi. Todas estas cualidades compensan bastante los defectos antes citados hasta dejar una película amable y optimista, certeramente crítica con el modelo yuppie de triunfo a cualquier precio y elogiosa de la familia, el amor responsable, la religión, la solidaridad, la integración racial y la creatividad artística. Así que dejará un buen sabor de boca en el gran público, sobre todo entre los aficionados al cine romántico de siempre. J. J. M.



Snowpiercer (Rompenieves) ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Bong Joon-ho. Intérpretes: Chris Evans, Song Kang-ho, Tilda Swinton, Jamie Bell, Octavia Spencer, Ewen Bremmer, Ah-sung Ko, John Hurt, Ed Harris, Alison Pill, Luke Pasqualino, Steve Park, Adnan Haskovic, Clark Middleton, Paul Lazar. Guion: Bong Joon-ho y Kelly Masterson, basado en los cómics de Jean-Marc Rochette, Jacques Loeb y Benjamin Legrand. Corea del Sur. 2013. Ciencia-ficción. 126 min. Jóvenes.

En 2014, para solucionar el calentamiento global, la humanidad lanzó a la atmósfera una sustancia que hiciera descender las temperaturas, desencadenando así una nueva era glacial, que acabó con la mayoría de la vida existente en la Tierra. Diecisiete años después, en 2031, los únicos supervivientes viajan en una nueva Arca de Noé, el Snowpiercer, un impresionante tren que recorre el mundo en círculos y sin escalas, a través de un letal desierto de hielo y nieve, impulsado por un motor de movimiento perpetuo. En su estricto ecosistema social, los pobres malviven en la sección de cola sufriendo hambre y frío, mientras la clase poderosa disfruta en los primeros vagones todo tipo de privilegios y placeres.

Tras varias revueltas duramente reprimidas por la cruel supervisora Mason (Tilda Swinton), un día Curtis (Chris Evans), líder de la sección de cola, decide iniciar una nueva revolución con la ayuda de su anciano mentor Gilliam (John Hurt), la indignada Tanya (Octavia Spencer) y el impulsivo veinteañero Edgar (Jamie Bell). Su objetivo en avanzar a sangre y fuego hasta el primer vagón, donde reside el Sr. Wilford (Ed Harris), el visionario y megalómano constructor del tren. Pero, para lograrlo, necesitan la ayuda del cerrajero Namgoong Minsu (Song Kang-ho) y su hija Yona (Ah-sung Ko), ambos enganchados a una extraña droga.

Esta apocalíptica distopía ferroviaria adapta la serie de tres novelas gráficas “Le Transperceneige” (Ed Casterman), iniciadas con “L’Échappe” (1984) por los franceses Jacques Loeb (guion) y Jean-Marc Rochette (dibujos), y completadas con “L’Arpenteur” (1999) y “La Traversée” (2000), con dibujos de Rochette y guiones del también francés Benjamin Legrand. Se trata de la película surcoreana más cara de la historia y del primer largometraje en inglés de Bong Joon-ho, uno de los más populares directores y guionistas de su país, autor de filmes como “Crónica de un asesino en serie”, “The Host” o “Mother”. La película goza de una planificación, un diseño de producción de Stefan Kovacik, unos efectos visuales, una fotografía de Kyung-Pyo Hong, una banda sonora de Marco Beltrami… sencillamente impresionantes. Y resultan convincentes las interpretaciones del internacional reparto, encabezado por un Chris Evans alejadísimo de su caracterización de Capitán América, sostenido por una Tilda Swinton absolutamente desfasada y completado por la lacónica estrella surcoreana Song Kang-ho, en una breve pero jugosa colaboración. También funcionan bastante bien los singulares golpes de humor, que suavizan un poco la brutalidad de otras escenas. Dos elementos —violencia desatada y gags grotescos— habituales en el cine de Bong Joon-ho y de otros cineastas surcoreanos de su generación.

El problema de “Snowpiercer (Rompenieves)” es que su guion resulta dilatado, reiterativo y arrítmico, y va perdiendo coherencia hasta su aparatoso desenlace, bastante decepcionante a pesar de su cierto toque de esperanza. Por otra parte, todos los personajes son demasiado arquetípicos y esquemáticos, y sus conflictos nunca tienen demasiada hondura dramática o moral, ni siquiera en la pseudofilosófica recta final, cerrada en todo momento a la trascendencia. Queda así un singular filme de ciencia-ficción, a ratos entretenido y espectacular, pero de escaso calado en su alegoría —“El tren es el mundo, nosotros la humanidad”— del injusto y hedonista clasismo todavía vigente en la actualidad. De modo que sólo entusiasmará a los incondicionales de la ciencia-ficción y del cine surcoreano, a los que aporta mucho menos de lo que se esperaba. J. J. M.



The Machine ** (5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Caradog W. James. Intérpretes: Toby Stephens, Caity Lotz, Denis Lawson, Sam Hazeldine, Pooneh Hajimohammadi, John Paul McLeod, Helen Griffin, Siwan Morris, Nicola Reynolds, Jade Croot. Reino Unido. 2013. Ciencia-ficción.: 92 min. Jóvenes-adultos.

En el futuro, Gran Bretaña vive sumida en una dura Guerra Fría con China. Así que el Ministerio de Defensa Británico encarga al prestigioso programador Vincent McCarthy (Toby Stephens) que desarrolle en secreto un supersoldado de alta tecnología. Vincent acepta con la esperanza de que eso le permita ayudar a su pequeña hija Mary (Jade Croot), que padece un grave trastorno neurológico denominado Síndrome de Rett. La investigación se ve alterada cuando comienza a colaborar con Vincent la bella Ava (Caity Lotz), una experta en Inteligencia Artificial muy crítica con los experimentos militares con soldados gravemente heridos.

En este su segundo largometraje como director, el londinense Caradog W. James (“Little White Lies”) propone un cóctel poco original de “Frankenstein”, “Metrópolis”, “Robocop”, “Blade Runner”, “Terminator” y decenas de películas sobre robots, androides y demás fauna biotecnológica. Su única novedad es que limita al máximo las secuencias de acción —bien rodadas aunque muy violentas— y prima la intimista relación romántico-existencial entre el creador y su criatura, de modo que se incluyen varias secuencias líricas, no exentas de un cierto exhibicionismo sexual.

La cosa podría haber funcionado si hubiera sacado más la historia fuera del oscuro hangar donde se desarrolla casi en su totalidad. Pero no ha sido así, quizás por limitaciones de presupuesto. Éstas se aprecian también en la puesta en escena, con algunas planificaciones sugerentes, pero demasiado televisiva y de montaje abrupto. Tampoco el guion tira demasiado para arriba del conjunto, pues los conflictos de los personajes se quedan en un nivel muy epidérmico, sobre todo en lo referente a la conciencia y el alma de La Máquina, enfocadas desde una perspectiva demasiado materialista y ramplona. Los protagonistas dan la talla, pero tampoco elevan una película entretenida pero decepcionante y emocionalmente fría. J. J. M.



En apatía. Secuelas del odio ** (5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Joel Arellanes Durán. Intérpretes: Álvaro Díaz, Christian Casas, Lucía Ramos, Carme Juan, Bárbara de Lema, Leonor Martín, Nacho López, Antonio Espigares, Marco Alamillo. España. 2014. Drama.: 82 min. Jóvenes.

Madrileños, adolescentes y amigos íntimos, Marcos (Álvaro Díaz) y Víctor (Christian Casas) son muy diferentes. Marcos ha sido educado en el ateísmo, vive traumatizado por los malos tratos recibidos de su adinerado padre Joaquín (Nacho López) y se refugia en el sexo, las drogas y el alcohol. Por su parte, la humilde madre de Víctor, Julia (Carme Juan), le ha inculcado al chaval el cristianismo, e intenta ayudarle a seguir en el buen camino, compensando como puede la mala influencia de Marcos. Obligarán a Marcos a enfrentarse con su apática y vacía existencia el suicidio de su novia Paula (Leonor Martín) y un terrible accidente de automóvil tras una noche loca de los dos amigos con la desinhibida Laura (Lucía Ramos).

Este primer largometraje como director del mexicano Joel Arellanes Durán —que también firma el guion, la fotografía y el montaje— afronta temas de primer orden y desde un planteamiento sugestivo, a contracorriente del banal hedonismo ambiental y en el que la religión juega un papel muy relevante. “La historia —ha señalado el propio director— está basada en situaciones actuales de los jóvenes españoles, aborda temas fuertes y refleja las consecuencias de una vida de excesos”. En este sentido, la película logra su objetivo de conmover al espectador y obligarle a reflexionar, gracias sobre todo a las veraces interpretaciones de los jóvenes Álvaro Díaz y Christian Casas —hermano de Mario Casas—, y de la ya veterana Carme Juan, que alivia el dominante tono dramático con jugosas salidas de humor costumbrista.

Sin embargo, esas buenas intenciones y sugerentes enfoques pierden mucha fuerza al desarrollarse a través de un guion enormemente discursivo, nada sutil en sus críticas y elogios —a menudo, innecesariamente explícitos—, y artificioso en la sobrenatural subtrama de El padre (Antonio Espigares). Además, la puesta en escena resulta demasiado televisiva e impersonal —muy de primerizo—, y se ve perjudicada por un montaje arrítmico y abrupto, y por el enfático acompañamiento musical de Javier Gómez. Quizás una parte del gran público responda a las interesantes reflexiones de fondo de esta atípica película —ojalá—; pero no creo que genere entusiasmo entre el público juvenil al que va destinada. Habrá que ver. J. J. M.



10.000 noches en ninguna parte ** (5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Ramón Salazar. Intérpretes: Andrés Gertrúdix, Lola Dueñas, Najwa Nimri, Susi Sánchez, Paula Medina, Manuel Castillo, Rikar Gil, Andrés Lima, Rut Santamaría, Beatriz Ortega. España. 2013. Drama. 113 min. Adultos.

Tras ganar numerosos premios y elogios con su cortometraje “Hongos”, el malagueño Ramón Salazar debutó en 2002 en la larga distancia con la interesante pero fallida “Piedras”, intenso drama de desamores entrecruzados. Tres años después, se estrelló en el penoso musical “20 centímetros”, sobre las desventuras de un transexual con narcolepsia, que se prostituye para poder operarse. Ahora, cambia radicalmente de registro en “10.000 noches en ninguna parte”, discutido drama existencial, nominado a diversos galardones y que le ha valido a la valenciana Susi Sánchez el Premio 2013 de la Unión de Actores a la mejor actriz protagonista de cine, así como la nominación al Goya 2013 a la mejor actriz de reparto.

El protagonista es un joven (Andrés Gertrudix) ingenuo, pasivo y taciturno, que vive tres vidas paralelas en tres ciudades diferentes. En Madrid lleva una vida gris y monótona, dramáticamente marcada por el cuidado de su madre (Susi Sánchez), una mujer posesiva, promiscua y alcohólica, que se lleva fatal con su egoísta hija (Rut Santamaría). En París, el joven mantiene un idílico romance con una luminosa amiga de la infancia (Lola Dueñas), que parece haberle esperado desde entonces. Y en Berlín es acogido en su piso por la atormentada pintora Claudia (Najwa Nimri), que no contabiliza el tiempo vital en años, sino en noches, y que vive en bohemio y hedonista trío con sus amigos Ana (Paula Medina) y León (Manuel Castillo).

Salazar confirma su personalidad visual, esta vez al estilo poético de Terrence Malick, aunque con texturas diversas para cada subtrama, muy bien subrayadas por la evocadora banda sonora de Iván Valdés. Además, muestra buen pulso en el entrelazamiento de los variados hilos narrativos y una notable capacidad como director de actores, palpable especialmente en las intensas interpretaciones de Susi Sánchez, Lola Dueñas y Paula Medina, quizás porque se han sabido adaptar mejor a su singular modo de dirigirlas, casi sin guion previo y con amplísimos márgenes para la improvisación. Más discutible resulta el pasmado laconismo de Andrés Gertrudix, que pone de manifiesto la excesiva complejidad de su personaje y de sus andanzas, muy distanciadora de cara al público no iniciado. Al final de la película queda más o menos claro que la historia de Madrid refleja las dura realidad del protagonista, la de París sus nostálgicos e infantiles sueños románticos, y la de Berlín sus adultos deseos sexuales y de pertenencia. Pero cuesta mucho seguirlas e integrarlas durante su desarrollo, lo que les resta autenticidad y capacidad emocional.

Por otra parte, la película no profundiza demasiado en los peliagudos conflictos dramáticos y morales que plantea, se enroca en un pesimismo muy cerrado a la trascendencia y se limita a constatar el lastimoso desconcierto vital y afectivo que sufren hoy día tantas personas, jóvenes y maduras, marcadas por la desestructuración de sus familias, una desquiciada y autodestructiva búsqueda del placer —sobre todo sexual— y una llamativa falta de ilusiones y proyectos. Temas todos ellos de gran interés, que Ramón Salazar apunta con bastante honestidad, pero sobre los que lanza escasas luces, más allá de la sacrificada y edípica dedicación del protagonista a su patética madre, en la que se adivina una posible relación incestuosa, al igual que con su hermana. Demasiado sórdido, demasiado rebuscado y demasiado epidérmico. J. J. M.



Amor en su punto (The Food Guide to Love) ** (4)

FICHA TÉCNICA.- Directores: Dominic Harari y Teresa de Pelegri. Intérpretes: Richard Coyle, Leonor Watling, Ginés García Millán, Simon Delaney, David Wilmot, Lorcan Cranitch, Ger Ryan. Guion: Dominic Harari, Teresa de Pelegri y Eugene O’Brien. España-Irlanda. 2013. Comedia romántica. 87 min. Adultos.

A pesar de que tiene un gran éxito su columna multimedia sobre el buen comer y la búsqueda del amor, el popular periodista gastronómico dublinés Oliver Byrne (Richard Coyle) no acaba de encontrar su media naranja, y se enreda en efímeras relaciones de quita y pon. Él atribuye sus inseguridades afectivas a la tosquedad de su padre Eddie (Lorcan Cranitch) y al sometimiento de su madre Anna (Ger Ryan), aunque seguramente se deben a su incombustible egoísmo. Su lastimosa situación parece dar un giro cuando conoce a Bibiana (Leonor Watling), una bella comisaria de arte española, de fuerte personalidad. Pero los dos son muy distintos. A ella la van las buenas causas; a él, la buena comida. Ella es una kamikaze en el amor, y se lanza de cabeza a relaciones imposibles; mientras que a él le aterra el compromiso.

Nueva comedia romántico-gastronómica, en la línea de “Comer, beber, amar”, “Deliciosa Martha”, “Sin reservas”, “Un toque de canela”, “Julie & Julia”, “Bon Appétit”, “Kebab Connection”, “Fuera de carta” y tantas otras. La han escrito y dirigido la barcelonesa Teresa de Pelegri y el londinense Dominic Harari, que ya rodaron juntos en 2004 “Seres queridos”, su primer largometraje para el cine. Su realización es fresca y fluida, y mima las esforzadas interpretaciones de Richard Coyle y Leonor Watling, que establecen entre ellos una buena química, arrancando así algunas secuencias bastante divertidas.

Sin embargo, ellos y el conjunto del filme sufren gravemente la superficialidad e inconsistencia del guion, que también firma el irlandés Eugene O’Brien. Por un lado, su tono romántico se rompe con numerosos diálogos subidos de tono, varias burdas escenitas sexuales —esa ridícula subtrama de la novia juvenil de Oliver…— y un par de referencias muy ideológicas a la contracepción. Y, sobre todo, se fuerza caprichosamente el arco dramático del personaje de Bibiana, que pasa de mujer fuerte y decidida a frágil y enamoradiza activista vegetariana, para culminar en un artificioso desenlace, totalmente sacado de la manga. Más entidad tiene la dramática trama de Oliver con sus padres, aunque también pasa de lo grotesco a lo intensamente emotivo sin solución de continuidad.

Mucha corrección política, mucho trazo grueso, mucho pie forzado, y poca autenticidad, poca emoción auténtica y poca magia. Mucho buen rollito, en fin, y poco amor de verdad. J. J. M.



Los ojos amarillos de los cocodrilos (Les yeus jaunes des crocodiles) ** (5)

FICHA TÉCNICA.- Directora: Cécile Telerman. Intérpretes: Julie Depardieu, Emmanuelle Béart, Alice Isaaz, Jacques Weber, Patrick Bruel, Karole Rocher, Samuel Le Bihan, Edith Scob, Quim Gutiérrez. Guion: Charlotte De Champfleury, basado en la novela de Katherine Pancol. Francia. 2014. Tragicomedia. 122 min. Jóvenes-adultos.

Tras debutar como directora en 2005 con la fresca e incisiva tragicomedia “¿Por qué las mujeres siempre queremos más?”, la belga Cécile Telerman bajó muchos enteros con su siguiente filme, el penoso culebrón “Toda la culpa es de mi madre” (2009). Ahora remonta un poco, sin recuperar plenamente la forma, con “Los ojos amarillos de los cocodrilos”, adaptación de la exitosa novela homónima de la francesa Katherine Pancol.

Las protagonistas son dos hermanas parisinas muy distintas entre sí. Joséphine (Julie Depardieu) es una tímida, bondadosa y poco agraciada historiadora medievalista, que un día echa a su parado e infiel marido (Samuel Le Bihan), que se marcha a Sudáfrica con su amante para criar allí cocodrilos. De modo que Joséphine deberá cuidar sola de sus dos hijas, la mayor de las cuales Hortense (Alice Isaaz), la desprecia por débil. Su único consuelo es una incipiente relación con Luca (Quim Gutiérrez), un joven y cariñoso investigador italiano. Mientras tanto, Iris (Emmanuelle Béart), bella, vacía y con un pasado turbio, ignora a su único hijo Alexandre (Lucien Belves) y vive sin amor a costa de su rico marido Philippe (Patrick Bruel), un prestigioso abogado que hace todo lo posible para sacarla de su banalidad y sostener su matrimonio. Una noche, Iris se jacta ante sus amigos de estar escribiendo una novela sobre la mujer en la Edad Media. Cuando no puede sostener la mentira por más tiempo, convence a su hermana para que le escriba la novela: Iris la firmará, y Joséphine se quedará con el dinero de las ventas.

Telerman sigue mostrando frescura narrativa y muy buena mano en la dirección de actores, sobre todo con Julie Depardieu y Patrick Bruel, cuyos personajes son los más positivos y los mejor dibujados por el guion. También se agradecen sus esfuerzos para no caer en un feminismo facilón y para matizar los peliagudos conflictos dramáticos que describe. Sin embargo, en este último apartado, Telerman se queda muy corta, acumula crisis familiares hasta la caricatura —incluso los padres de las protagonistas sufren una— y las resuelve con una excesiva complacencia hacia el divorcio y la infidelidad conyugal, que suaviza demasiado sus duras consecuencias en los hijos. Con una mayor hondura moral, Telerman habría conseguido una gran tragicomedia, certera en sus críticas al individualismo hedonista y en sus elogios de la humildad, la comprensión, la paciencia, el cariño y el trabajo bien hecho. Pero se ha dejado llevar en exceso por lo políticamente correcto, y tampoco ha sabido compensar con un humor más rotundo el triste patetismo de la historia. Lástima. J. J. M.



Un castillo en Italia (Un château en Italie) ** (4)

FICHA TÉCNICA.- Directora: Valeria Bruni Tedeschi. Intérpretes: Louis Garrel, Valeria Bruni Tedeschi, Xavier Beauvois, Filippo Timi, Marisa Borini, Céline Sallette. Guion: Valeria Bruni Tedeschi, Noémie Lvovsky y Agnès de Sacy. Francia. 2013. Drama. 104 min. Adultos.

El emergente y conflictivo actor Nathan (Louis Garrel) se enamora de Louisa (Valeria Bruni Tedeschi), una compleja mujer cuya aristocrática familia pasa por una grave crisis económica. De hecho, su madre (Marisa Borini) se ha planteado vender el castillo que posee en el campo, o alquilarlo para actividades lúdicas. Pero se opone a ello su hijo Ludovic (Filipo Timi), que padece sida y prepara su posible boda con su novia Jeanne (Céline Sallette).

Esta tercera película como directora de la actriz turinesa Valeria Bruni Tedeschi —hermana de Carla Bruni, la tercera esposa del ex presidente francés Nicolas Sarkozy— completa la trilogía sobre su propia familia, que inició con “Es más fácil para un camello...” (2003) y “Actrices” (2007). Tan autobiográfica es “Un castillo en Italia”, que se rodó en la propia finca que perteneció hace tiempo a los Bruni Tedeschi, y está protagonizada por la propia actriz, su propia madre, Marisa Borini, y su pareja en la vida real: el actor parisino Louis Garrel, casi veinte años más joven que ella. Además, también es cierto que un hermano suyo padeció sida.

En cualquier caso, a pesar de esta apabullante base real, al guion de Noémie Lvovsky, Agnes de Sacy y la propia directora le falta autenticidad y emoción, quizás porque fragmenta demasiado su desarrollo y, sobre todo, porque extrema hasta lo grotesco los melodramas que lo impulsan, especialmente durante las angustiosas crisis de ansiedad de Louisa, obsesionada con ser madre. Estos excesos también afectan a las traumáticas relaciones de Louisa y su madre con el catolicismo, expresadas a veces con un tono esperpéntico y hasta irreverente. Desde luego, la película dibuja con honestidad los profundos desconciertos afectivos y vitales de sus personajes. Pero, a la postre, resulta demasiado sofisticada, distante y perpleja para el común de los mortales. J. J. M.



Malditos vecinos (Neighbors) * (2,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Nicholas Stoller. Intérpretes: Seth Rogen, Rose Byrne, Dave Franco, Zac Efron, Christopher Mintz-Plasse, Lisa Kudrow, Jake Johnson, Ike Barinholtz, Taylor Nicolette, Fahim Anwar, Amber Sharae Topsy, Ori Kalmus, Alanna Dergan. Guion: Andrew J. Cohen y Brendan O’Brien. EE.UU. 2014. Comedia. 96 min. Adultos.

Mac (Seth Rogen) y Kelly (Rose Byrne) acaban de gastarse todos sus ahorros en comprar una casa con jardín en un barrio muy tranquilo. Allí quieren criar en paz y sosiego a su bebé Stella. Pero sus ilusiones se desvanecen cuando una fraternidad universitaria se instala en el chalet contiguo, y comienza a organizar juergas, con música a todo volumen y abundancia de alcohol, drogas y sexo. Inicialmente, Mac y Kelly intentan ganarse por las buenas al líder de la fraternidad, el carismático Teddy (Zac Efron). Pero fracasan, y deciden iniciar una guerra abierta contra los ruidosos universitarios.

El cómico canadiense Seth Rogen ataca de nuevo produciendo y protagonizando esta grosera comedia alocada, que ha dirigido el londinense Nicholas Stoller (“Paso de ti”, “Todo sobre mi desmadre”, “Eternamente comprometidos”). Sólo cabe elogiar un par de cinéfilos golpes de humor —las imitaciones de Robert DeNiro—, alguna reflexión positiva sobre el matrimonio y la maternidad, y un par de buenas canciones de la banda sonora. El resto es una agotadora sucesión de obscenidades sexuales y marranadas escatológicas, sin ritmo, sin gracia, sin originalidad y sin ningún respeto al buen gusto del espectador. Todo ello, con un tono descerebrado e iconoclasta, de encefalograma plano. J. J. M.

Wrong Cops * (1)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Quentin Dupieux. Intérpretes: Mark Burnham, Eric Judor, Steve Little, Marilyn Manson, Grace Zabriskie, Arden Myrin, Eric Wareheim, Isabella Palmieri, Daniel Quinn, Jonathan Lajoie, Ray Wise. Francia. 2013. Comedia. 82 min. Adultos.

Los Ángeles, 2014. Duke (Mark Burnham) es un poli corrupto y melómano que trafica con marihuana y aterroriza a los transeúntes. A su alrededor, en la comisaría, gravita una pandilla de personajes disfuncionales: un maniaco sexual (Eric Wareheim), una poli chantajista (Arden Myrin), un cazador de tesoros de turbio pasado (Steve Little), un tuerto deforme que sueña con convertirse en estrella del techno (Eric Judor)... Sus vidas, llenas de pequeñas estrategias y patéticas artimañas, se complican cuando se despierta en su maletero la última víctima de Duke, un vecino (Daniel Quinn) al que había dado por muerto.

He aquí la sinopsis de este infumable subproducto underground de serie Z, que alarga un corto de 2012 y que fue rodado en tan solo 15 días. Se trata del cuarto largometraje de Quentin Dupieux, alias Mr. Oizo, cineasta y músico francés afincado en California, que antes había rodado “Steak” (2007), “Rubber” (2010) y “Wrong” (2012), inéditos en España, esperemos que para siempre.

Algunos han elogiado el humor supuestamente negro, transgresor, surrealista, esperpéntico y corrosivo de “Wrong Cops”. Pero, en realidad, se trata de un caótico cúmulo de situaciones patéticas —sin gracia y mal rodadas, interpretadas y montadas—, todas ellas marcadas por una irritante zafiedad, obscena, racista y homófoba. El famoso cantante Marilyn Manson interpretada de aquella manera a un adolescente acosado por Duke. Y el propio Mr. Oizo firma la agotadora banda sonora techno, que ilustra la película de principio a fin. Qué horror. J. J. M.

Violetta. La emoción del concierto —

FICHA TÉCNICA.- Director: Matthew Amos. Intervienen: Martina Stoessel, Jorge Blanco, Diego DomÍnguez, Mercedes Lambre, Facundo Gambandé. Argentina. 2014. Concierto-documental. 78 min. Jóvenes.

Su distribuidora no ha mostrado a la prensa especializada esta película, que sintetiza el show en Milán de la argentina Martina Stoessel y el resto de intérpretes de “Violetta”, la popularísima telenovela juvenil que se emite en Disney Channel desde 2012. De origen argentino, aunque con producción y reparto internacional, “Violetta” narra la melodramática historia de una adolescente que regresa a su ciudad natal, donde encuentra el amor y descubre su vocación por la música. Según la información oficial, además de las principales actuaciones del concierto milanés, el filme incluye entrevistas con el reparto e imágenes inéditas del backstage y del cierre de la gira en Buenos Aires. Por el tráiler, se trata de un espectáculo con gran despliegue escenográfico, coreográfico y de vestuario. Supongo que gustará a los jóvenes seguidores de la serie. J. J. M.


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