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Críticas de los estrenos de cine del 4 de julio

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín comenta “El extraordinario viaje de T.S. Spivet”, “Bajo la misma estrella”, “Open Windows”, “Un largo viaje”, “Omar”, “The Kings of Summer”, “El secreto del Cofre de Midas” y “Mil maneras de morder el polvo”.
El extraordinario viaje de T.S. Spivet
El extraordinario viaje de T.S. Spivet

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El extraordinario viaje de T.S. Spivet (The Young and Prodigious T. S. Spivet) **** (7,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Jean-Pierre Jeunet. Intérpretes: Kyle Catlett, Helena Bonham-Carter, Robert Maillet, Judy Davis, Callum Keith Rennie, Dominique Pinon, Julian Richings, Niamh Wilson, Jakob Davies. Guion: Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant, basado en la novela “Las obras escogidas de T.S. Spivet”, de Reif Larsen. Francia. 2013. Aventuras. 105 min. Todos-jóvenes.

T.S. Spivet (Kyle Catlett) es un niño prodigio de 12 años que vive con su singular familia en un apartado rancho de Montana. Su padre (Callum Keith Rennie) es el típico cowboy, silencioso, sencillo y tosco. Por el contrario, su madre, la Dra. Clair (Helena Bonham-Carter), es una sofisticada y despistada entomóloga. T.S. sufre la indiferencia de sus padres y las burlas de su hermana mayor Gracie (Niamh Wilson), una adolescente en plena edad del pavo, obsesionada con los concursos de belleza. Y además está traumatizado por la absurda muerte de su hermano mellizo Layton (Jakob Davies). Un día, Spivet inventa una alucinante máquina de movimiento perpetuo, con la que gana un prestigioso premio de la Fundación Smithsonian. Y, para recogerlo, el chaval se va de casa sin decir nada a sus padres, y atraviesa solo medio Estados Unidos, hasta Washington, viviendo durante su odisea todo tipo de aventuras y experiencias.

Tras unos años en baja forma, el francés Jean-Pierre Jeunet (“Delicatessen”, “La ciudad de los niños perdidos”, “Alien resurrección”, “Amelie”, “Largo domingo de noviazgo”, “Micmacs”) vuelve a desplegar su imaginativo estilo visual en esta fresca y entretenida adaptación de “Las obras escogidas de T.S. Spivet”, original e ilustradísimo libro juvenil del estadounidense Reif Larsen. Se trata de una tierna fábula moral de iniciación existencial, con estructura de “road-movie”, narrada en tres actos —“El Oeste”, “El viaje” y “El Este”— y con elementos de los cuentos tradicionales, pero matizados por la mejor tradición narrativa estadounidense, de Mark Twain a la Generación Perdida. Este enfoque depara personajes y conflictos sugerentes, a veces cómicos, a veces dramáticos, y siempre encarnados con vigor por los actores, especialmente por el niño Kyle Catlett, todo un descubrimiento.

También se contagian de esa riqueza cultural y literaria la bellísima fotografía de Thomas Hardmeier —Premio César 2013—, la evocadora partitura de Denis Sanacore y la abigarrada puesta en escena de Jeunet, cuya estética retro se compensa con eficaces moderneces e impactantes efectos en 3D estereoscópico. Se completa así una estupenda película casi familiar, en la línea “diferente” de “La invención de Hugo”, de Martin Scorsese, quizás un poco acumulativa y excéntrica, pero a la que realmente sólo falta una cierta apertura a la trascendencia, que sí está presente en la novela original. Es una pena, pues esa trascendencia habría fortalecido todavía más su capacidad emotiva y poética, y habría enriquecido su elogio de la familia, la ciencia y la educación, y sus críticas a la cultura de las apariencias y al economicismo sin alma. J. J. M.



Bajo la misma estrella (The Fault in Our Stars) *** (6,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Josh Boone. Intérpretes: Shailenne Woodley, Ansel Elgort, Nat Wolf, Laura Dern, Sam Trammell, Willem Dafoe, Mike Birbiglia, Lotte Verbeek, Ana Dela Cruz, Randy Kovitz. Guion: Scott Neustadter y Michael H. Weber; basado en la novela “Bajo la misma estrella”, de John Green. EE.UU. 2014. Melodrama. 126 min. Jóvenes.

Varios millones de adolescentes y adultos ya han llorado en todo el mundo con la novela juvenil “Bajo la misma estrella”, que el estadounidense John Green publicó en enero de 2012, hace sólo dos años. Y muchos más lo harán ahora con su adaptación fílmica, dirigida por su compatriota Josh Boone (“Un invierno en la playa”), que ya lleva recaudados más de 200 millones de dólares en todo el mundo. Se trata de un melodrama sobre adolescentes gravemente enfermos, a veces demasiado sensiblero, superficial e irregular, pero interesante en sus propuestas de fondo y muy bien interpretado.

Hazel Grace Lancaster (Shailene Woodley) es una culta y sensible adolescente de dieciséis años, que padece cáncer de pulmón desde hace tiempo y arrastra a todos lados su inseparable bombona de oxígeno. A pesar de que los médicos han conseguido reducir su tumor y darle unos años más de vida, ella nunca ha dejado de considerarse una enferma terminal. Y alternativamente, ama y soporta a sus padres (Laura Dern y Sam Trammell), que quizás la miman demasiado. En un grupo episcopaliano de apoyo a enfermos de cáncer, Hazel se enamora perdidamente de Gus Waters (Ansel Elgort), un inteligente y mordaz joven de 18 años, al que la enfermedad ya le ha arrebatado una pierna, y que parece igualmente atraído por la chica. A medida que van intimando, Hazel y Gus comparten los temores que acompañan a su estado de salud, además de su amor por los libros, incluido el favorito de Hazel, “An Imperial Affliction”, de Peter Van Houten (Willem Dafoe), un misterioso escritor que vive retirado en Ámsterdam. Gus intentará que Hazel pueda cumplir su sueño de conocer a Van Houten.

Quizás por ser demasiado fiel al libro en que se basa, esta notable película “indie” tarda demasiado en entrar en materia, fuerza algunas reacciones de los protagonistas, en sus tramas secundarias resulta esquemática —los padres de Hazel— o difusa —las dos escenas con Van Houten— y alarga sin sentido su lacrimógeno desenlace. En cualquier caso, esos defectos se compensan en gran medida con las sensacionales interpretaciones de la joven pareja protagonistas, la californiana Shailenne Woodley y el neoyorquino Ansel Elgort, ambos componentes del reparto de “Divergente” —otro taquillazo juvenil—, y ella candidata al Globo de Oro 2012 a la mejor actriz de reparto por “Los descendientes”. Sus matizadísimas caracterizaciones, plenas de veracidad, subrayan el vitalismo y la personalidad de Hazel y Gus, disimulan sus pasajes menos creíbles y tocan de lleno la fibra sensible del espectador, sobre todo en la conmovedora y angustiosa secuencia en la casa real de Ana Frank.

Además, esas convincentes composiciones dan entidad a las interesantes reflexiones de la película sobre la muerte, el más allá y “un poco de infinitud”, el sentido del sufrimiento, el destino y la providencia, el valor de la familia y el poder transformador del amor “para siempre”. Unas reflexiones a veces demasiado superficiales —por políticamente correctas— respecto al sexo o la religión, pero sólo molestas en una excesiva escena de cama, elogiosas de la educación cultural, y alejadas del frívolo individualismo hedonista, dominante en tantos países desarrollados. No es poca cosa, sobre todo si va ilustrada por la emotiva partitura original de Mike Mogis y Nate Walcott, y por una generosa selección de excelentes baladas románticas. J. J. M.



Open Windows ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Nacho Vigalondo. Intérpretes: Elijah Wood, Sasha Grey, Neil Maskell, Adam Quintero, Iván Gonzalez, Jaime Olias, Rachel Arieff, Jake Klamburg. España. 2013. Thriller. 100 min. Jóvenes-adultos.

Nick Chambers (Elijah Wood) es un tipo con suerte. Esta noche va a conocer a su admirada Jill Goddard (Sasha Grey), la actriz más excitante del momento. Jill está en Los Ángeles promocionando su última película, y Nick ha ganado una cena íntima con ella en un concurso por Internet. Sin embargo, recibe en su hotel una llamada de un tal Chord (Neil Maskell), que le informa de que la cena ha sido cancelada por la caprichosa actriz. Demostrando unas increíbles habilidades como hacker, Chord ofrece a Nick en compensación la posibilidad de espiar a Jill durante el resto de la noche, desde su propio portátil, como ningún otro fan podría soñar jamás. Pero una terrible verdad comienza a revelarse. Todo parece ser un montaje ideado por Chord, en el que Nick es una pieza más de un maléfico plan mucho mayor.

Hay que quitarse el sombrero con los primeros dos tercios de este tercer largometraje del cántabro Nacho Vigalondo (“Los cronocrímenes”, “Extraterrestre”), el primero que rueda en inglés y con producción y reparto internacionales. Durante unos 75 minutos, desarrolla un apasionante ejercicio de estilo “neo-Hitchcock” —como lo ha denominado Justin Chang en “Variety”—, casi de traslación a la era digital del voyeurismo de “La ventana indiscreta” (1954), del maestro del suspense, o de “El show de Truman” (1998), del australiano Peter Weir. En ese tiempo, Vigalondo sale airoso de una temeraria narración en tiempo real y en la que integra multipantallas —de ordenadores, móviles, cámaras de seguridad…—, con la consiguiente variedad de puntos de vista y efectos dramáticos. De este modo sostiene con vigor una intriga más bien ligera pero angustiosa, a la que sólo cabe reprochar algún pasaje muy poco verosímil y una convencional escena sexual, introducida para recordar que Sasha Grey se hizo famosa como actriz porno.

Sin embargo, tras un accidente de coche, el último tercio de la película estropea lastimosamente los logros anteriores, pues se lanza sin red a una sucesión de giros y contragiros supuestamente sorprendentes, que lo único que hacen es enturbiar el sentido de la trama y conducirla a un desmesurado desenlace operístico, en el borde mismo del ridículo. Seguramente, los aficionados al suspense agradezcan a Vigalondo su esfuerzo inicial para modernizar los recursos del género, y se muestren comprensivos con su caótico y sangriento desmadre final. Pero, desde luego, “Open Windows” es una película fallida que, eso sí, confirma las cualidades dramáticas del popular actor estadounidense Elijah Wood más allá de “El Señor de los Anillos”, así como las posibilidades del cineasta español si ganara en rigor narrativo. J. J. M.



Un largo viaje (The Railway Man) *** (6)

FICHA TÉCNICA.- Director: Jonathan Teplitzky. Intérpretes: Colin Firth, Jeremy Irvine, Nicole Kidman, Stellan Skarsgård, Sam Reid, Hiroyuki Sanada. Guion: Frank Cottrell Boyce y Andy Paterson, basado en la novela “The Railway Man”, de Eric Lomax. Australia. 2013. Drama. 116 min. Jóvenes-adultos.

Eric Lomax (Jeremy Irvine) es un joven oficial del Ejército Británico fascinado desde su infancia por los ferrocarriles. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, es capturado por los japoneses en la campaña de Singapur, y enviado a un campo de trabajos forzados en la línea férrea entre Birmania y Tailandia, famosa por su mítico puente sobre el río Kwai. Allí, él y sus compañeros tienen que sobrevivir en condiciones extremas a las torturas de sus captores. Décadas después, Lomax (Colin Firth) vive en el norte de Inglaterra retirado junto a su esposa Patricia (Nicole Kidman) y centrado en su pasión por los trenes, cuando descubre que sigue vivo Takeshi Nagase (Hiroyuki Sanada), el soldado japonés responsable de gran parte de su sufrimiento.

Esta película del australiano Jonathan Teplitzky (“Mejor que el sexo”, “El desquite”, “Burning Man”) se basa en trágicos hechos reales, relatados por el propio Eric Lomax en el best seller autobiográfico “The Railway Man”, publicado en 1995. A pesar de este origen y aunque se trata de una película muy bien ambientada e interpretada, y bastante violenta, padece a menudo una sorprendente falta de autenticidad y vigor dramático, que deja en el espectador un cierto regusto de decepción. Quizás sea culpa del guion de Frank Cottrell Boyce y Andy Paterson, demasiado complejo en sus idas y venidas en el tiempo, demasiado maniqueo en su retrato de las tropas niponas, y demasiado epidérmico en su definición de los personajes secundarios. También puede ser el cierto academicismo de la puesta en escena de Jonathan Teplitzky, que se empeña en imitar al David Lean de “El puente sobre el río Kwai”. El caso es que “El largo viaje” no genera las fuertes emociones que deberían provocar su vigoroso argumento y su sobresaliente reparto.

De todas formas, esta clásica historia de guerra, violencia, trauma, venganza y perdón se deja ver bastante bien, esta claramente por encima de la media, ofrece reflexiones valiosas sobre las secuelas físicas y psíquicas de la guerra y subraya acertadamente que “en algún momento hay que dejar de odiar”. J. J. M.



Omar ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Hany Abu-Assad. Intérpretes: Adam Bakri, Leem Lubani, Eyad Hourani, Samer Bisharat, Waleed Zuaiter. Palestina 2013. Drama. 98 min. Jóvenes-adultos.

Omar (Adam Bakri) es un joven palestino de los territorios ocupados de Cisjordania que está acostumbrado a esquivar las balas de los vigilantes cuando trepa por el muro de separación para ir a ver a Nadia (Leem Lubani), su amor secreto. Pero la Palestina ocupada no puede amar abiertamente ni hacer la guerra de frente. Al otro lado del muro, el joven panadero llamado Omar se convierte en un guerrero de la libertad que deberá enfrentarse a dolorosas decisiones de vida o muerte. Cuando es capturado después del asesinato de un soldado judío, empieza un letal juego del gato y el ratón con la policía militar israelí. Las sospechas y la traición hacen peligrar la relación con sus dos amigos de infancia, Amjad (Samer Bisharat) y Tarek (Eyad Hourani), el hermano de Nadia. Los sentimientos de Omar acaban tan divididos como Palestina.

Sorprende un poco que este irregular melodrama con formato de thriller haya ganado tantos galardones —como el Premio Especial del Jurado en la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes 2013— y fuera candidato al Oscar 2013 a la mejor película en habla no inglesa. Ciertamente, el cineasta palestino Hany Abu Assad (“Paradise Now”, “Do Not Forget Me Istanbul”, “The Courier”) confirma en él su personalidad visual y sus cualidades como director de actores, dentro del áspero realismo de toda su filmografía, no exento de alguna brutal secuencia de violencia. Pero esta vez, quizás para potenciar la intriga, muestra poca claridad narrativa, de modo que a menudo resulta confusa —sobre todo en su desenlace— esta angustiosa historia de amor, amistad, lealtad y lucha por la libertad. Por otra parte, aunque no carga la mano en su retrato de los policías israelíes, Hany Abu Assad mantiene una perspectiva parcial y demasiado fatalista respecto al conflicto palestino-israelí, un tanto artificiosa en su agobiante falta de oxígeno. J. J. M.



The Kings of Summer ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Jordan Vogt-Roberts. Intérpretes: Nick Robinson, Gabriel Basso, Moises Arias, Nick Offerman, Megan Mullally, Alison Brie, Mary Lynn Rajskub, Thomas Middleditch. Guion: Chris Galletta. EE.UU. 2013. Tragicomedia. 93 min. Jóvenes.

Amigos desde la infancia, Joe (Nick Robinson) y Patrick (Gabriel Basso) sufren sus desconciertos de adolescentes en una pequeña localidad de Ohio. Joe ya no aguanta a su padre Frank (Nick Offerman), agresivo y amargado desde que se quedó viudo. Y Patrick está harto de sus padres (Megan Mullally y Marc Evan Jackson), sobreprotectores y empalagosos hasta el hartazgo. Así que un día, acompañados por el rarito Biaggio (Moises Arias), los dos amigos se fugan de sus hogares, se adentran en un bosque cercano y cerca de un río construyen una cabaña con restos de todo tipo. Mientras la policía y sus familias los buscan por todos sitios, esos jóvenes infelices intentan sobrevivir con sus propias reglas y sin control de los adultos. Pero las dificultades para encontrar comida y la visita de dos chicas (Erin Moriarty y Lili Reinhart) y un chico (Austin Abrams) de su clase pondrán a prueba esta singular república juvenil al margen del sistema.

Al comentar esta singular película “indie”, primer largometraje para el cine del estadounidense Jordan Vogt-Roberts (“Nick Offerman: American Ham”), algún crítico ha invocado las películas producidas o dirigidas hace más de treinta años por su compatriota John Hughes, del estilo de “El club de los cinco” (1985). Sin embargo, está mucho más cerca de “Cuenta conmigo” (1985), de Rob Reiner —por su tono más dramático que cómico—; de “El Señor de las Moscas” (1990), de Harry Hook —por el peligroso y violento proceso de animalización que sufren los protagonistas—; y de “Moonrise Kingdom” (2012), de Wes Anderson, por su humor entre surrealista y naif. También cabe encontrar elementos de otros filmes de iniciación juvenil, como “Rebeldes”, “Super 8” o “Mud”. Sea como fuere, Vogt-Roberts no acaba de cocinar bien esos sabrosos ingredientes, sobre todo por culpa del guion de Chris Galletta, que padece graves arritmias narrativas, abusa de algún que otro estereotipo y resulta demasiado caricaturesco al perfilar a los padres de los chavales protagonistas y al excéntrico personaje de Biaggio.

De todas formas, “The Kings of Summer” ofrece una fresca factura visual, una sugestiva banda sonora —con buena música original de Ryan Miller y oxigenantes canciones de apoyo—, alguna crítica interesante a la desidia de algunos padres inmaduros en la educación de sus hijos, ciertas reflexiones certeras sobre el valor de la amistad y del sufrimiento en la maduración afectiva de los jóvenes, unos cuantos gags divertidos… Y, sobre todo, esta película será recordada por las sensacionales interpretaciones de los jóvenes Nick Robinson y Gabriel Basso, que derrochan veracidad en todo momento, disimulan algunos de los defectos citados y conmueven definitivamente al espectador en el memorable desenlace, sin duda la mejor secuencia del filme. J. J. M.



El secreto del Cofre de Midas (Mariah Mundi and the Midas Box / The Adventurer: The Curse of the Midas Box) ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Jonathan Newman. Intérpretes: Aneurin Barnard, Mella Carron, Xavier Atkins, Michael Sheen, Lena Headey, Sam Neill, Ioan Gruffudd, Keeley Hawes, Tristan Gemmill, Daniel Wilde. Guion: Christian Taylor y Matthew Huffman, basado en la novela “Mariah Mundi - The Midas Box”, de G.P. Taylor. Reino Unido-España. 2013. Aventuras. 95 min. Todos-jóvenes.

Londres, 1885, en plena época victoriana. Mariah Mundi (Aneurin Barnard) es un inteligente y culto adolescente de 17 años, cuya tranquila existencia da un giro radical cuando son secuestrados sus padres —los arqueólogos Charles (Ioan Gruffudd) y Catherine Mundi (Keeley Hawes)— y su hermano pequeño, Felix (Xavier Atkins). Mariah es salvado in extremis por el misterioso Comandante Charity (Michael Sheen), que asegura pertenecer al Departamento de Antigüedades de los servicios secretos británicos. Gracias a su ayuda, Mariah viaja a una singular isla de aguas termales y entra como botones en el lujoso Hotel Prince Regent, dirigido por el malvado Otto Luger (Sam Neill) y su siniestra lugarteniente Monica (Lena Headey). Seguramente, éstos han secuestrado a la familia Mundi para que les ayude a encontrar el mítico Cofre de Midas, que convierte en oro todo lo que se introduce en él. Pronto, Mariah descubre que, bajo el sofisticado edificio del hotel, hay un laberinto de túneles y estancias.

A pesar de su generosa producción —en parte, española— y de su notable reparto, no acaba de funcionar esta adaptación de “Mariah Mundi - The Midas Box”, la primera novela de la trilogía juvenil que inició en 2007 el escritor inglés G.P. Taylor, muy popular en el mundo anglosajón. Por un lado, su cóctel de intriga y fantasía se parece demasiado al de “El secreto de la pirámide” y al de la saga “Harry Potter”, y no aporta ni giros sorprendentes ni diálogos memorables. Por otro lado, la joven pareja protagonista —Aneurin Barnard y Mella Carron—, aunque se esfuerzan, no consiguen demasiada química entre sí, ni logran implicar al espectador. Y tampoco es para tirar cohetes la puesta en escena del londinense Jonathan Newman (“Being Considered”, “Teeth”, “Swinging with the Finkels”, “Hogar de acogida”), aunque se beneficia del buen trabajo de los españoles Fernando Velázquez (música), Unax Mendía (fotografía), David Gallart y Bernat Vilaplana (montaje).

De todas formas, “El secreto del Cofre de Midas” es un digno producto para toda la familia, suficientemente entretenido e imaginativo, y positivo en su sencillo elogio de las virtudes básicas y de la cultura clásica. Lo que no está claro es que vaya a generar una nueva franquicia de fantasías juveniles, como pretende su abierto desenlace, que prepara las posibles versiones fílmicas de las otras dos novelas de la trilogía literaria de G.P. Taylor: “Mariah Mundi and the Ghost Diamonds” (2008) y “Mariah Mundi and the Ship of Fools” (2009). J. J. M.



Mil maneras de morder el polvo (A Million Ways to Die in the West) * (3)

FICHA TÉCNICA.- Director: Seth MacFarlane. Intérpretes: Seth MacFarlane, Charlize Theron, Amanda Seyfried, Giovanni Ribisi, Neil Patrick Harris, Sarah Silverman, Liam Neeson, Bill Maher, Wes Studi, Jamie Foxx. Guion: Alec Sulkin, Seth MacFarlane y Wellesley Wild. EE.UU. 2014. Comedia gamberra. 116 min. Adultos.

Tras debutar en el cine hace dos años con el taquillazo “Ted”, el cómico estadounidense Seth MacFarlane aplica al western la misma fórmula extremada de comedia gamberra en “Mil maneras de morder el polvo”, que ha coescrito, producido, dirigido y protagonizado. Su enfoque hiperparódico recuerda al de “Los hermanos Marx en el Oeste” (1940), de Edward Buzzell; “¡Por mis... pistolas!” (1968), de Miguel M. Delgado, con Cantinflas, o “Sillas de montar calientes” (1974), de Mel Brooks. Pero el resultado es similar al de “Ted” en sus escasas virtudes y muchos defectos, aunque en Estados Unidos no ha tenido, ni de lejos, el éxito comercial de su predecesora.

Arizona, 1882. En un perdido pueblucho vive con sus padres (Christopher Hagen y Jean Effron) el pacifista ovejero Albert Stark (Seth MacFarlane), cuyo mejor amigo, el fronterizo Edward (Giovanni Ribisi), prepara su boda con Ruth (Sarah Silverman), la prostituta más activa del lugar. Tras evitar con su verborrea un duelo de pistolas, Albert es abandonado por cobarde por su novia Louise (Amanda Seyfried), que enseguida comienza a salir con el rico y atildado bigotero Foy (Neil Patrick Harris). La mala suerte de Albert acaba el día en que llega al pueblo la bellísima y aguerrida Anna (Charlize Theron), que se encariña de él y le enseña a disparar, para convertirlo en un verdadero pistolero. Lo que no sabe Albert es que Anna es la esposa de Clinch Lisgud (Liam Neeson), el forajido más temido y cruel de toda la región.

El corrosivo, irreverente e iconoclasta creador de las series televisivas de animación para adultos “Padre de familia” y “Padre Made in USA” pergeña algunas gracias divertidas e inteligentes a costa de los tradicionales arquetipos del western. Además, se recrean con una generosa ambientación, y son encarnadas con eficacia por un notable reparto, que asume el tono histriónico y disparatado de la propuesta. Sin embargo, como ya pasaba en “Ted”, el realizador de Connecticut alarga demasiado la acción e insiste hasta la saciedad en un humor muy obsceno, con constantes referencias sexuales y escatológicas, y de nuevo complaciente con el hedonismo dominante. Un enfoque que acaba resultando agotador e irritante, sobre todo para todo aquel que siga conmoviéndose con las galopadas de los inmortales personajes de John Ford por el bellísimo Monument Valley. J. J. M.