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Críticas de los estrenos de cine del 19 de julio

 Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín y Juan Orellana comentan “Llévame a la luna”, “Ahora me ves”, “Expediente Warren. The Conjuring”, “Zarafa”, “El último Elvis” y “Keep the Lights On”.
Llévame a la luna
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LLÉVAME A LA LUNA (Un plan parfait) *** (7)

FICHA TÉCNICA.- Director: Pascal Chaumeil. Intérpretes: Diane Kruger, Dany Boon, Alice Pol, Robert Plagnol, Jonathan Cohen. Guion: Laurent Zeitoun y Yoann Gromb; con la colaboración de Béatrice Fournera, basado en un argumento de Philippe Mechelen. Francia. 2012. Comedia romántica. 104 min. Jóvenes.

El director Pascal Chaumeil, que debutó con una comedia romántica “Los seductores”, afronta ahora su segundo largometraje aprovechando el tirón del famoso cómico Dany Boon, aclamado por sus brillantes trabajos en “Bienvenidos al Norte”, “Nada que declarar” o “Micmacs”. Como guionista y productor ha contado con Laurent Zeitoun, productor de la exitosa “Intocable”. Para completar un producto resultón le han dado el papel protagonista a la alemana Diane Kruger, una de las actrices más valoradas del momento.

El argumento se centra en Isabelle (Diane Kruger), una mujer que tras diez años de noviazgo quiere casarse y tener hijos. Pero hay un problema. Sobre las mujeres de su familia pesa una maldición: sólo el segundo matrimonio dura para toda la vida. Para dar esquinazo a esa maldición, decide buscar a alguien al azar con quien casarse y divorciarse rápidamente, y luego casarse con su querido novio Pierre (Robert Plagnol). En un viaje conoce a Jean-Yves (Dany Boon), un redactor de guías de viajes, que le parece lo suficientemente tonto como para caer en su trampa.

La película es una comedia de enredo, de tono bastante clásico, y que cuenta con una producción bastante costosa, ambientada en diversas partes del mundo, desde la profunda África negra hasta la fría Rusia. Detrás del encadenamiento de disparates que nos brinda el guion, se propone el valor del amor para toda la vida, y se critica el uso de las personas como medio y no como fin. El tono es bastante blanco, fresco, y a menudo hilarante. A pesar de no ser tan redonda como otras comedias francesas recientes, el resultado es muy grato y positivo. J. O.



AHORA ME VES… (Now You See Me) *** (6)

FICHA TÉCNICA.- Director: Louis Leterrier. Intérpretes: Jesse Eisenberg, Mark Ruffalo, Michael Caine, Morgan Freeman, Isla Fisher, Woody Harrelson, Dave Franco, Mélanie Laurent, Michael Kelly. Guion: Edward Ricourt, Boaz Yakin y Ed Solomon, basado en un argumento de Boaz Yakin y Edward Ricourt. EE.UU. 2013. Thriller. 115 min. Jóvenes.

En 2006 se estrenaron dos notables películas ambientadas en el siempre fascinante mundo de la magia: “El truco final (El prestigio)”, de Christopher Nolan, y “El ilusionista”, de Neil Burger. Siete años después da continuidad al subgénero “Ahora me ves…”, entretenido thriller del parisino Louis Leterrier (“Danny the Dog”, “Transporter 2”, “El increíble Hulk”, “Furia de titanes”), que intenta añadir a la fórmula el atractivo de los robos sofisticados, al estilo de los descritos en la saga iniciada con “Ocean’s Eleven”, de Steven Soderbergh. Leterrier sólo lo consigue a ratos.

Reunidos misteriosamente por un “quinto hombre” y apadrinados por el magnate Arthur Tressler (Michael Caine), se presenta a lo grande en Las Vegas un grupo de sofisticados magos que se hacen llamar Los Cuatro Jinetes. Ellos son el ilusionista J. Daniel Atlas (Jesse Eisenberg), la escapista Henley Reeves (Isla Fisher), el mentalista e hipnotizador Merritt McKinney (Woody Harrelson) y el timador de cartas Jack Wilder (Dave Franco). Y allí inician, con el espectacular robo en directo de un banco francés, una serie de tres números delictivos contra empresarios corruptos, supuestamente con el fin de devolver el dinero a los ciudadanos engañados. Mientras intenta desvelar sus trucos el ex mago Thaddeus Bradley (Morgan Freeman) —ahora convertido en estrella televisiva—, persiguen a estos modernos y populares Robin Hood el oficial del FBI Dylan Hobbs (Mark Ruffalo) y la agente francesa Alma Dray (Mélanie Laurent), de la Interpol.

“Cuanto más cerca mires, menos verás”. Sobre esta inquietante idea edifican su guion Edward Ricourt, Boaz Yakin y Ed Solomon, que dibujan hábilmente al cuarteto protagonista con un halo de idealismo, enriqueciendo así la trepidante sucesión de escenas de acción con ciertas críticas sociales aparentemente incisivas. Además, equilibran bien el drama, la comedia y la intriga, lo que aporta ciertos brillos a las interpretaciones del espléndido reparto y a la espectacular recreación de los alucinantes números de magia de Los Cuatro Jinetes.

Pero, como sucede a menudo con este tipo de películas, los alambicados giros del guion acaban por agotar, y el sorprendente desenlace resulta abrupto y decepcionante, pues obliga al espectador a cuestionarse la coherencia de toda la trama, sólo evaluable en un segundo visionado del filme. Además, todos los iniciales apuntes dramáticos se van diluyendo en un tono cada vez más insustancial, que debilita la entidad y cercanía de los personajes. Por otra parte, la puesta en escena de Leterrier resulta un tanto mareante y confusa, al igual que la enfática banda sonora de Tom Rowlands y Ed Simons.

A pesar de sus defectos, “Ahora me ves…” es un producto entretenido y para un público amplio, apropiado para estas fechas veraniegas. Pero no deja ningún poso, quizás porque sólo pretende ser un aparatoso fuego de artificio, sin duda deslumbrante, pero al que le falta alma, es decir, magia de verdad. J. J. M.




EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING (The Conjuring) *** (7)

FICHA TÉCNICA.- Director: James Wang. Intérpretes: Patrick Wilson, Vera Farmiga, Lili Taylor, Ron Livingston, Shanley Caswell, Hayley McFarland, Joey King, Mackenzie Foy, Kyla Deaver. Guion: Chad Hayes y Carey Hayes, basado libremente en el libro House of Darkness, House of Light: The True Story, de Andrea Perron. EE.UU. 2013. Terror. 112 min. Jóvenes-adultos.

Cinta de terror inspirada en un episodio profesional de los demonólogos Ed y Lorraine Warren, un matrimonio de católicos que fundaron en 1952 la Sociedad de Investigación Psíquica de Nueva Inglaterra. Él (Patrick Wilson) era un estudioso de los fenómenos sobrenaturales, y ella (Vera Farmiga) era una vidente. Allí donde se daban casos de fenómenos paranormales susceptibles de interpretación sobrenatural, acudían los Warren como la mayor autoridad, y con el tácito apoyo de la Iglesia católica. En este caso, se centra en uno de los sucesos más inquietantes de su carrera profesional: la historia de los PerronCarolyn (Lili Taylor), Roger (Ron Livingston) y sus cinco hijas (Shanley Caswell, Hayley McFarland, Joey King, Mackenzie Foy, Kyla Deaver)—, una familia de Rhode Island que, en 1974, al trasladarse a vivir a una gran casa de campo, comenzaron un angustioso periplo por el mundo de los fenómenos paranormales, hasta que la Iglesia reconoció que estaban ante la presencia de un demonio.

Basada libremente en el libro “House of Darkness, House of Light: The True Story”, de Andrea Perron, la película no hace ninguna aportación formal al género, y sigue los pasos de la filmografía previa de su director, el australiano de origen malayo James Wan (“Saw”, “Silencio desde el mal”, “Sentencia de muerte”). Su anterior película, “Insidious”, trataba también de un caserón en el que vivía una familia acosada por espíritus y demonios. Incluso la banda sonora es del mismo efectista compositor Joseph Bishara. Sin embargo, al delirio esotérico de aquella, aquí contrapone un guion de los hermanos Chad y Carey Hayes, basado en un caso real, y el resultado es incomparablemente mejor, incluso en su efecto aterrador. Se basa en una concepción cristiana del demonio, subraya la importancia del bautismo como primer exorcismo, y da un espacio a la libertad del poseído que no tienen las típicas cintas de terror oriental. La simbología cristiana llena la película, y los Warren siempre llevan consigo el rosario, y una cadena al cuello con la cruz. En ese sentido, se agradece la inexistencia de ambigüedad religiosa en el filme.

Por otra parte, y a pesar de los efectos especiales tan manidos, un buen reparto encabezado por Vera Farmiga y Patrick Wilson, contribuye a dar solidez a una película más seria de lo que podría esperarse de un director como Wan. Un poco más de contención habría beneficiado a esta cinta que, sin embargo, se cuenta entre las películas de exorcismos más interesantes. J. O.





ZARAFA **** (7,5)

FICHA TÉCNICA.- Directores y guionistas: Rémi Bezançon y Jean-Christophe Lie. Animación. Música: Laurent Perez. Francia. 2012. Aventuras. 78 min. Todos.

El exitazo internacional de las dos partes de “Gru, mi villano favorito”, de Pierre Coffin y Chris Renaud, es la más reciente confirmación del excelente estado de salud del cine de animación francés. Un cine que prácticamente se ha quedado solo con el japonés en la realización de largometrajes en animación tradicional en 2D, aportando en la última década las elogiadísimas y multipremiadas “Bienvenidos a Belleville” y “El ilusionista”, ambas de Sylvain Chomet; la original “Un gato en París”, de Jean-Loup Felicioli y Alain Gagnol, y las exóticas “Kirikú y la bruja”, de Michel Ocelot, y “Kirikú y las bestias salvajes”, de Michel Ocelot y Bénédicte Galup. Ahora se estrena en España otra ambiciosa película realizada con esta técnica tradicional 2D: “Zarafa”, de Rémi Bezançon (“Un feliz acontecimiento”, “El primer día del resto de nuestra vida”) y Jean-Christophe Lie (“El hombre del gordini azul”), que adaptan libremente la historia real de la primera jirafa llegada a Francia, en 1826.

Los niños de una aldea sudanesa se reúnen bajo un gran baobab, donde el anciano del lugar les cuenta la maravillosa historia de la inquebrantable amistad entre Maki, un niño de 10 años, y Zarafa, una jirafa huérfana. Hassan, príncipe del desierto, salva a Maki del negrero que ha matado a la madre de Zarafa, y se lleva a la jirafa y al niño a Alejandría, a la corte del Pachá de Egipto, que lleva meses asediada por los navíos turcos. El Pachá encargará a Hassan la peligrosa misión de llevar a Zarafa a París, como regalo al Rey de Francia Carlos X, al que solicita ayuda para liberar su país de los otomanos. De este modo, Hassan, Zarafa, Maki y las vacas tibetanas Mounh y Sounh se embarcarán rumbo a París en el frágil globo aerostático del alocado científico Malaterre, seguidos en todo momento por el malvado negrero. Durante su odisea, se enfrentarán con piratas griegos, sobrevivirán de milagro en Marsella e intentarán salvar la imponente muralla helada de los Alpes. Y, en todo momento, el pequeño Maki sólo tiene una idea en la cabeza: llevar a Zarafa de vuelta a África.

Si se compara “Zarafa” con las últimas superproducciones de Hollywood, a ratos pesa un poco la escasez de presupuesto de la película —ocho millones de euros—, así como su limitado equipo de 250 personas, distribuidos, además, por diversos países, entre ellos, España, representada por los prestigiosos The SPA Studios, con Sergio Pablos como director creativo y Fernando Moro como director de animación. Sin embargo, este aparente defecto casi juega a favor de la película, pues sus responsables sacan un partido enorme a cada euro invertido en ella, ofreciendo así una magnífica planificación, unos espléndidos diseños de personajes, una animación de altísima calidad y, sobre todo, unos fondos preciosos, que exprimen al máximo unos paisajes fascinantes.

Además, todo ese meritorio despliegue técnico se pone al servicio de una historia enormemente imaginativa y entrañable, tan divertida como emotiva, crítica con el tráfico de esclavos y con la frivolidad de la corte francesa, y muy positiva en su encendido elogio del amor a los animales, la valentía, la amistad, la lealtad y la capacidad de sacrificio. También cabe elogiar el respeto del filme hacia la religiosidad animista, islámica y budista de los protagonistas, que incluye una concesión a la reencarnación, enmarcada en el tono mágico del filme. Elogio especial merece la bellísima y variada banda sonora de Laurent Perez, sobre todo en sus pasajes en el desierto, con brillantes y personalísimos ecos de la magistral partitura del francés Maurice Jarre para “Lawrence de Arabia”, del inglés David Lean. J. J. M.



EL ÚLTIMO ELVIS *** (6)

FICHA TÉCNICA.- Director: Armando Bo. Intérpretes: John McInerny, Griselda Siciliani, Margarita López. Guion: Armando Bo y Nicolás Giacobone. Argentina. 2012. Drama. 91 min. Jóvenes-adultos.

Carlos Gutiérrez, alias “Elvis” (John McInerny), es un lacónico obrero de los suburbios de Buenos Aires, separado y cuarentón, que de día trabaja en una fábrica de electrodomésticos y por las noches canta disfrazado de Elvis Presley, con sus llamativos trajes blancos y de colores, en modestas fiestas y celebraciones, contratadas a través de una bizarra empresa de imitadores de famosos. En realidad, el quijotesco Carlos siempre ha negado su gris realidad, y ha vivido con la seguridad de ser la reencarnación del mítico cantante de Memphis. De hecho, llama a su esposa Priscilla —aunque, en realidad, se llama Alejandra Olemberg (Griselda Siciliani)—, y puso a su pequeña hija el nombre de Lisa Marie (Margarita López). Carlos las ve muy poco, al igual que a su propia madre, que padece alzhéimer. Y anda inquieto, pues no acaba de lograr el triunfo que tanto ansía, y está a punto de cumplir 42 años, los mismos que su ídolo tenía al morir. Una situación dramática le obliga a ejercer como marido y padre, a hacerse cargo de su hija y, finalmente, a elegir entre su familia y su sueño de ser Elvis.

Hijo y nieto de cineastas, el bonaerense Armando Bo se dio a conocer como coguionista de “Biutiful”, de Alejandro González Iñárritu. Ahora, el prestigioso cineasta mexicano participa como productor asociado en su primer largometraje tras la cámara, “El último Elvis”, que ganó el Premio Horizontes en el Festival de San Sebastián 2012. En este patético drama intimista, Bo muestra sus grandes cualidades para la dirección de actores y para articular una densa puesta en escena hiperrealista, casi documental y con abundantes planos-secuencia. A través de ella refleja la penosa obsesión del protagonista, su creciente degradación humana y su entrega absoluta a la música de Rey del Rock and Roll, que interpreta con vibrante entrega en unas cuantas versiones memorables. En este sentido, hay que aplaudir la desgarradora caracterización del debutante John McInerny, un arquitecto de potente voz y sin previa experiencia actoral, que fundó en 2005 el grupo musical Elvis vive, también presente en el filme.

Más discutible es el guion, que firman Armando Bo y Nicolás Giacobone. Ciertamente, logran hacer entrañables y cercanos a todos los personajes, de modo que arrancan unas cuantas escenas de poderosa emotividad, sobre todo en las relaciones de Carlos con su esposa y su hija. Sin embargo, resulta excesiva y un poco forzada la opción fatalista del desenlace, coherente quizás con la locura del protagonista y ciertamente vigorosa, pero que deja mal cuerpo. En todo caso, se trata de una estimable constatación del peligro de ser devorado por la mitomanía, que opta casi siempre por la humanidad de los personajes, no carga la mano en las sordideces de la trama y convierte a Armando Bo en un director a tener en cuenta dentro del nuevo cine argentino. J. J. M.




KEEP THE LIGHTS ON * (3,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Ira Sachs. Intérpretes: Thure Lindhardt, Zachary Booth, Julianne Nicholson, Souleymane Sy Savane, Paprika Steen. Guion: Ira Sachs y Mauricio Zacharias. EE.UU. 2012. Drama. 101 min. Adultos.

Erik Rothman (Thure Lindhardt), director de documentales, y Paul Lucy (Zachary Booth), abogado en una editorial, que aún no ha salido del armario, se conocen una noche en Nueva York. Son personas impulsivas, promiscuas y amantes del riesgo, adictas a las drogas, el alcohol y el sexo, y un punto autodestructivas, sobre todo Paul. Inmediatamente conectan e inician una relación. De 1997 a 2006, durante una década de altas y bajas, Erik y Paul lucharán por mantener su pasión inicial.

En este filme autobiográfico, el neoyorquino Ira Sachs (“El juego del matrimonio”) despliega en al ámbito homosexual la fórmula del melodrama desatado, al estilo del inglés Andrew Haigh en la reciente “Weekend”. Aunque está bien rodada, la película no funciona por culpa del aburrido desarrollo de su guion —a ratos, exasperante, por su insustancial pesimismo y su cargante tono pseudointelectual—, de la poca veracidad de las interpretaciones —el danés Thure Lindhardt resulta glacial—, de su complaciente y tópica aceptación de la ideología de género —culminación del individualismo— y de su explícito tratamiento del sexo, a menudo, muy desagradable. J. J. M.

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