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Críticas de los estrenos de cine del 14 de febrero

Análisis de los estrenos de cine de esta semana. Jerónimo José Martín comenta “Cuando todo está perdido”, “Alabama Monroe”, “Cuento de invierno”, “RoboCop”, “Bajo un manto de estrellas”, “La segunda mujer” y “Sólo para dos”.
Cuando todo está perdido
Cuando todo está perdido

CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO (All Is Lost) *** (6,5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: J.C. Chandor. Intérpretes: Robert Redford. EE.UU. 2013. Drama marítimo. 106 min. Jóvenes.

Tras una dilatada carrera como realizador publicitario y de documentales, en 2011 el estadounidense J.C. Chandor debutó brillantemente como director de ficción con “Margin Call”, un intenso thriller financiero, con amplio reparto de lujo y abundantes diálogos. Ahora cambia radicalmente de registro en “Cuando todo está perdido”, minimalista drama marítimo al estilo de “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway, casi sin diálogos y con un único personaje, interpretado —eso sí— por Robert Redford. Por su meritoria interpretación, el veterano actor y director ha obtenido varios premios y nominaciones de la crítica, incluida una candidatura al Globo de Oro al mejor actor dramático. Después de ganar el Globo de Oro a la mejor música original (Alex Ebert), la película opta al Oscar a los mejores efectos sonoros.

El innominado protagonista, ya septuagenario, viaja en solitario por el Océano Índico en el Virginia’s Dream, un velero de once metros de eslora. Un día, se despierta bruscamente, y descubre que su barco ha chocado contra un contenedor abandonado en alta mar. Como consecuencia del incidente, se ha abierto en el casco una vía de agua y se han estropeado la radio y el equipo de navegación. A la deriva, rodeado de tiburones y casi sin víveres, con la única ayuda de un sextante y unas cartas náuticas, el hombre intentará dirigir su embarcación hacia el pasillo marítimo de los grandes cargueros. Pero justo desde esa dirección se aproxima una terrible tormenta.

Esta tremenda historia de supervivencia se sostiene gracias al derroche físico e interpretativo de Robert Redford, y a la sólida puesta en escena de Chandor, que aprovecha narrativamente hasta el último rincón del velero, sale más que airoso de la compleja secuencia de la tormenta y exprime dramáticamente la banda sonora de Alex Ebert, también minimalista pero variada. En este sentido, “Cuando todo está perdido” es un notable ejercicio de estilo. Pero, como película, resulta demasiado dilatada y ardua de seguir, pues, a diferencia de otros filmes similares —“Náufrago”, “Última llamada”, “127 horas”, “Buried (Enterrado)”, “La vida de Pi”, “Gravity”, “En solitario”…— no desvela absolutamente nada del protagonista: ni de dónde viene, ni adónde va, ni por qué está solo en medio del océano. Es cierto que la película podría interpretarse generosamente como una fábula moral sobre el individualismo y la soledad de tanta gente. Pero, desde luego, no creo que pase a la historia del género de aventuras, ni que rompa taquillas. J. J. M.



ALABAMA MONROE (The Broken Circle Breakdown) *** (6,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Felix Van Groeningen. Intérpretes: Veerle Baetens, Johan Heldenbergh, Nell Cattrysse, Geert Van Rampelberg, Nils de Caster, Robby Cleiren. Guion: Felix Van Groeningen y Carl Joos, a partir de la obra de teatro “The Broken Circle Breakdown Featuring the Cover-Ups of Alabama, de Johan Heldenbergh y Mieke Dobbels”. Bélgica. 2012. Melodrama. 111 min. Adultos.

Este cuarto largometraje del director belga de habla flamenca Felix van Groeningen (“Steve + Sky”, “Dagen zonder lief”, “De helaasheid der dingen”) se ha convertido en una de las películas sorpresa de 2013. Entre otros muchos reconocimientos, ha ganado los Premios del Público en la sección Panorama de la Berlinale y en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, el Premio Lux del Parlamento europeo y el galardón a la mejor actriz (Veerle Baetens) en los Premios del Cine Europeo, a los que optó en cinco categorías. Y ahora es candidata al Oscar a la mejor película en habla no inglesa y al Premio César a la mejor película extranjera. Se trata de un intenso y devastador melodrama, basado en la obra de teatro “The Broken Circle Breakdown Featuring the Cover-Ups of Alabama”, de la actriz y escritora belga Mieke Dobbels, y de su compatriota el actor, escritor y músico Johan Heldenbergh, que protagonizó el montaje teatral y también protagoniza el filme.

En torno al año 2000, Élise (Veerle Baetens) y Didier (Johan Heldenbergh) llevan siete años viviendo juntos en una localidad de la zona flamenca de Bélgica. Ahora son duramente puestos a prueba por el grave cáncer que padece su hija Maybelle (Nell Cattrysse), de seis años. Mientras luchan desolados contra la enfermedad, rememoran su propia historia: su encuentro en la tienda de tatuajes de ella —que tiene todo su cuerpo cubierto de figuras diversas—, su apasionado amor a primera vista, la participación de ella como vocalista en la banda de bluegrass en la que él canta y toca el banjo, el inesperado embarazo, los felicísimos años con la pequeña Maybelle… Y, al hilo de los recuerdos, van comprendiendo la fragilidad de su amor y de sus antagónicas convicciones íntimas, pues Didier es ateo militante y un ingenuo romántico, mientras que Elise mantiene los pies en el suelo y está abierta a una difusa trascendencia, más sincretista que cristiana. Esa fragilidad amenaza con destruir el círculo de felicidad en el que vivían.

Por su minuciosa disección de una crisis conyugal y su hiperfragmentada estructura narrativa —con permanentes idas y venidas entre el pasado, el presente y el futuro—, “Alabama Monroe” recuerda muchísimo a “Blue Valentine”, del estadounidense Derek Cianfrance. Aunque, por su tono trágico y fatalista, está más cerca de “5x2 (Cinco veces dos)”, del francés François Ozon; de “La habitación del hijo”, del italiano Nanni Moretti, y de “Amor”, del germano-austriaco Michael Haneke. Como en estos filmes, en “Alabama Monroe” Van Groeningen muestra con crudeza —y seguramente sin pretenderlo— la debilidad del relativismo moral y el secularismo postcristiano ante los radicales desafíos del sufrimiento, la muerte y el amor. Como ha señalado el crítico Juan Orellana, “el director concibe una estructura emocional que tiene muchos paralelismos con la que Haneke construyó en la aclamada “Amor”. Por un lado, basa todo en la fuerza del amor, aquí un amor joven, apasionado y muy sexual; en la de Haneke, un amor ya crepuscular. Por otro lado, se muestra el rechazo de una visión sagrada de la vida, en aras de un utilitarismo materialista al servicio de los propios proyectos. Si Haneke optaba por una eutanasia de formato casero, el Didier creado por Van Groeningen clama por la selección embrionaria para intentar ayudar a su hija. Como a principios del siglo XXI ese proceso no era legal, Didier, ateo militante, arremete contra la religión como causante de todos los atrasos científicos e injusticias de la historia. La diferencia con Haneke, es que en este filme sí hay un contrapunto: Elise, una mujer que representa una visión no materialista de la vida. A pesar de sus símbolos cristianos —como el crucifijo que le acompaña a todas partes—, no se puede decir que ella tenga una visión religiosa de la vida, sino más bien mágica, con tintes supersticiosos. Esta posición, frágil por su irracionalidad, refuerza el discurso duramente laicista de Didier. El resultado es que el espectador se ve llevado a esta encrucijada: o que la religión es la causa remota de la infelicidad de esta entrañable pareja, o que hay que huir del dolor de la vida con la imaginación y el sentimiento de lo mágico”. El propio director se manifiesta en esta misma línea: “Como cualquier persona —ha señalado—, estoy entre las dos posiciones. La película intenta reflejar los dos extremos. Me atrevería a decir que depende de la situación en la que cada uno se encuentre. Hoy, en Bélgica, muchos creen saber que no hay un Dios; pero en algunos momentos difíciles de la vida, prefieres pensar que hay algo más allá de la muerte. Son esos dos extremos los que busco representar y poner en tela de juicio”.

Estos peliagudos dilemas morales y algunos más —la investigación con células madre embrionarias, la eutanasia, el suicidio…— son desarrollados por Van Groeningen con un inusitado vigor dramático, delimitado en primer plano por unas interpretaciones sensacionales —sangrantes, cercanísimas—, especialmente de los dos protagonistas, que también demuestran sus cualidades como cantantes. Además, las expone a través de una planificación siempre sustancial y a menudo de gran belleza, sublimada por el audaz montaje sincopado de Nico Leunen —que anticipa constantemente las diversas intrigas—, aunque enturbiada por la agresiva explicitud de las enfáticas secuencias sexuales, que rompen el tono sutil e impresionista de la puesta en escena. La tercera coordenada dramática del filme es la doliente partitura del prestigioso músico y guitarrista sueco Bjorn Eriksson, que también ha compuesto casi todas las 16 canciones bluegrass de la banda sonora, maravillosamente interpretadas por The Broken Circle Breadown Bluegrass Band, reunida por él mismo para la película. Cada uno de esos temas antológicos sostiene y refuerza la evolución dramática de la trama con sus letras en torno a la maternidad, el amor herido, el sentimiento de culpabilidad, la búsqueda del consuelo, la esperanza en otra vida mejor…, envueltas por la extremada pureza sonora de este estilo de música country, interpretado sólo por cuerdas: un violín, un contrabajo, una mandolina, una guitarra y un banjo.

En fin, una película poliédrica, ni convencional ni complaciente, sin toscas caricaturas, poderosa e incómoda, conmovedora e irritante, áspera y tierna, estridente y magnética, grandilocuente y minimalista, discursiva y elíptica, y a la postre abierta a la trascendencia a pesar de su aparente ateísmo, pues sus agresivos y casi blasfemos exabruptos contra la religión, la Iglesia, el Papa… suenan como desesperados gritos de auxilio de toda una civilización sin asideros morales, que se tambalea impotente, atenazada por su desoladora inmanencia, su vacío individualismo hedonista y su patética huida de Dios. J. J. M.



CUENTO DE INVIERNO (Winter’s Tale) ** (5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Akiva Goldsman. Intérpretes: Colin Farrell, Russell Crowe, Jessica Brown Findlay, Jennifer Connelly, William Hurt, Matt Bomer, Eva Marie Saint, Will Smith. Guion: Akiva Goldsman, basado en la novela de Mark Helprin. EE.UU. 2014. Melodrama fantástico. 118 min. Jóvenes-adultos.

Productor de una veintena de películas y guionista de filmes como “Una mente maravillosa” —con el que ganó el Oscar—, “Cinderella Man”, “Yo, Robot” o “Soy leyenda”, el neoyorquino Akiva Goldsman debuta como director con “Cuento de invierno”, adaptación parcial de la larga y famosa novela homónima —uno de las más celebradas semblanzas literarias de la ciudad de los rascacielos—, escrita en 1983 por el también neoyorquino Mark Helprin. Se trata de un melodrama lacrimoso y algo cursi, que desarrolla una singular mitología en dos tiempos diferentes.

Nueva York, 1916. Peter Lake (Colin Farrell) es un inmigrante que se ve obligado a trabajar como ladrón para la banda del gángster de origen irlandés Pearly Soames (Russell Crowe), un ser diabólico obsesionado con que las almas se corrompan. Peter se enfrenta a su jefe, huye de él y se salva in extremis gracias a la intervención de un misterioso y volador caballo blanco, el mítico Athansor, que se convierte en su ángel de la guarda. Poco después, Peter intenta robar en una casa que cree vacía; pero allí se encuentra con Beverly Penn (Jessica Brown Findlay), una bella, alegre y enigmática heredera, gravemente enferma de tuberculosis. Ambos se enamoran, pero su romance se interrumpe traumáticamente. Al poco, los secuaces de Soames persiguen de nuevo a Peter, y le dan por muerto. Pero éste reaparece un día en el Nueva York actual, amnésico y con la capacidad de contemplar y escuchar cosas que nadie ve ni oye.

Apoyándose hábilmente en la preciosa fotografía de Caleb Deschanel, la romántica banda sonora de Hans Zimmer y Rupert Gregson-Williams, el esmerado diseño de producción de Naomi Shohan y el sugerente vestuario de Michael Kaplan, Goldsman desarrolla una preciosista puesta en escena, en la que intenta articular el romance, la intriga y la fantasía, al tiempo que saca brillos singulares a numerosos parajes emblemáticos de Nueva York. Pero no consigue que ese sabroso cóctel levante el vuelo, en parte por su irregular realización, en la que muestra defectos de primerizo, sobre todo en las toscas secuencias de acción. Además, el guion extrema demasiado el melodrama y lo inunda de una difusa espiritualidad, elogiable en su povidencialismo y en su defensa de la alta dignidad de cada vida human, pero distanciadora en su grotesco maniqueísmo y en su cierto panteísmo, muy New Age. Esto debilita la entidad y credibilidad de los personajes, a pesar de los elogiables esfuerzos de los excelentes actores que componen el reparto. Además, el desatado romanticismo de la historia se rompe en una escena sexual demasiado explícita. Queda así una película fallida, que desaprovecha el potencial de la novela original. J. J. M.



ROBOCOP  *** (6,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: José Padilha. Intérpretes: Joel Kinnaman, Gary Oldman, Michael Keaton, Abbie Cornish, Samuel L. Jackson, Jackie Earle Haley, Michael K. Williams, Jennifer Ehle, Jay Baruchel, Marianne Jean-Baptiste. Guion: Joshua Zetumer, basado en el guion de Edward Neumeier y Michael Miner para la película homónima de 1987. EE.UU. 2014. Ciencia-ficción. 118 min. Jóvenes.

Año 2028, la multinacional OmniCorp lidera la tecnología robótica bajo la dirección del agresivo y codicioso Raymond Sellars (Michael Keaton). Sus robots han ganado todo tipo de guerras fuera del territorio estadounidense, y ahora ansía aplicar esa tecnología punta en el ámbito nacional, donde todavía está prohibida por ley. Mientras tanto, el honesto policía de Detroit Alex Murphy (Joel Kinnaman) se esfuerza al máximo por acabar con la ola de crimen que arrasa la ciudad. Después de ser críticamente herido por una bomba, OmniCorp se ofrece salvar a Alex, convirtiéndole en RoboCop, mitad hombre, mitad máquina, al que dotan de unas increíbles habilidades, muy eficaces para la lucha contra el crimen, pero extremadamente peligrosas.

El brasileño José Padilha (“Tropa de élite”, “Tropa de élite 2”) dirige con buen pulso este actualizado remake del clásico de la ciencia-ficción, dirigido por el holandés Paul Verhoeven en 1987. Aciertan Padilha y el guionista debutante Joshua Zetumer al reforzar dramáticamente la trama con los afilados dilemas morales del protagonista y el Dr. Dennett Norton (Gary Oldman), con las convencionales pero emotivas relaciones de Alex Murphy/RoboCop con su esposa Clara (Abbie Cornish) y su hijo David (John Paul Ruttan), y con una dura denuncia del obsesivo afán de seguridad de la sociedad estadounidense y de su militarista política exterior. Una política asentada —según la película—, en la deshumanizada hipertecnificación de los drones, aquí desdramatizada y exaltada hasta lo grotesco por el showman televisivo Pat Novak (Samuel L. Jackson), que protagoniza los momentos más mordaces y divertidos de la película.

Este enfoque eleva el nivel emocional de las numerosas secuencias de acción, bastante bien resueltas gracias a la nítida planificación de Padilha y a unos efectos visuales mejorables, pero a veces muy espectaculares. Ciertamente, la película aporta poco al género. Además, padece un cierto bajón narrativo hacia la mitad del metraje, y su desenlace resulta excesivamente abrupto y acelerado. Pero no deja de ser un magnífico entretenimiento, bien dirigido e interpretado —todo el excelente reparto da la talla—, más profundo que la media de estos productos y sin las sordideces y brutalidades de la película de Paul Verhoeven. J. J. M.



BAJO UN MANTO DE ESTRELLAS  *** (6)

FICHA TÉCNICA.- Director: Óscar Parra de Carrizosa. Intérpretes: Manuel Aguilar, Zack Molina, Sergio Raboso, Antonio Esquinas, Juan Salcedo, Víctor Merchán, José Antonio Ortas, Pablo Pinedo. Guion: Óscar Parra de Carrizosa y Gema G. Regal. España. 2013. Drama histórico. 88 min. Jóvenes.

Hace ocho meses se estrenaba “Un Dios prohibido”, del salmantino Pablo Moreno, notable recreación de la recta final de los claretianos, el obispo y los laicos martirizados en Barbastro en agosto de 1936. Tras la modesta pero exitosa carrera comercial de esa película, se estrena ahora “Bajo un manto de estrellas”, del madrileño Óscar Parra de Carrizosa (“Uno de vosotros me traicionará”, “Abrázame”, “No quiero ser recuerdo”, “El expediente Belchite”), también centrada en la sangrienta persecución religiosa —más de 10.000 asesinados por su fe— que se desencadenó en el bando republicano durante la Guerra Civil española. Concretamente, relata el martirio de los 27 sacerdotes, estudiantes, hermanos cooperadores y novicios, algunos casi adolescentes, del convento de la Asunción —también llamado de las Calatravas—, sede de la casa de estudios mayores, el noviciado y la escuela apostólica de humanidades de los dominicos de Almagro (Ciudad Real).

El 21 de julio de 1936, sólo tres días después del levantamiento del ejército de África, varios miembros del Ateneo Libertario del pueblo quemaron la iglesia de la Madre de Dios y comenzaron a inspeccionar, acosar y maltratar a los dominicos. Aunque el alcalde socialista Daniel García Pozo intentó protegerlos o sacarlos del pueblo con salvoconductos —tras quedarse con los fondos económicos del convento—, finalmente fueron detenidos el 25 de julio por los anarquistas bajo absurdas acusaciones de posesión de armas y complot contra la República. Tras varios días encarcelados en una casa particular, tres de ellos fueron fusilados el 31 de julio en la estación de Miguelturra durante su supuesto traslado a Ciudad Real, y otros tres fueron asesinados el 8 de agosto en el cementerio de Manzanares, después de ser castrados por una mujer. Los menores de veinte años fueron enviados a Madrid, donde también fueron asesinados, más tarde, en Paracuellos del Jarama. La noche del 13 al 14 de agosto los catorce restantes fueron fusilados en El Picado, un descampado a dos kilómetros de Almagro. Cuatro de ellos ya han sido beatificados, y el proceso de los demás está muy avanzado.

“Bajo un manto de estrellas” tiene una estructura similar a la de “Un Dios prohibido” y, como ella, se basa en una rigurosa documentación histórica. En concreto, ha contado con el asesoramiento del sacerdote diocesano Jorge López Teulón, el padre José Antonio Martínez Puche O.P. y el padre Vito Gómez O.P., Postulador de la Causa de los dominicos en Roma. El filme de Óscar Parra de Carrizosa también toma como puntos de referencia fílmicos “De dioses y hombres”, del francés Xavier Beauvois, y “Encontrarás dragones”, del inglés Roland Joffé. De modo que deja a un lado el análisis político de la Guerra Civil, huye del revanchismo, matiza bastante a los personajes republicanos y subraya sobre todo el heroico testimonio de fe, amor de Dios y perdón de los dominicos asesinados. En este sentido, destacan los personajes del Maestro de Novicios Pedro López (Sergio Raboso) —que desarrolla una profunda reflexión teológica sobre el martirio cristiano— y del anarquista Luisito —muy bien interpretado por el vallisoletano Kiko Gutiérrez—, que se opone a la matanza. El resto de los personajes, aunque tienen sus momentos emotivos o salvajes, están sólo esbozados, y alguno desentona un poco por su excesivo tono melodramático, como el llorón Hermano Mateo de Prado, interpretado por Antonio Meléndez Peso. Por el contrario, saben a poco las apariciones del Hermano Arsenio de la Viuda, el cocinero del convento, interpretado por Pablo Pinedo, que podría haber oxigenado la trágica historia con algunas gotas más de humor costumbrista.

Esta cierta irregularidad narrativa e interpretativa se compensa en parte con la fluida puesta en escena de Óscar Parra de Carrizosa, que saca partido a los bellos escenarios reales en los que ha rodado y a los modestos pero eficaces efectos especiales, especialmente al del interior de la quemada parroquia de la Madre de Dios. También ayuda la sugerente banda sonora de Raúl Grillo. Queda así una apreciable película “low cost” —como las denomina Enrique González Macho, el Presidente de la Academia de Cine—, con meritorios esfuerzos formales y de fondo, y que ofrece otro valioso testimonio histórico y espiritual sobre unos hechos a la vez lamentables —por el fundamentalismo ateo de los verdugos— y admirables —por el conmovedor testimonio de fe de las víctimas—, habitualmente obviados por la filmografía sobre la Guerra Civil española. “No han pasado tantos años desde que sucedieron estos hechos —ha señalado Óscar Parra de Carrizosa—, y llama la atención que hubiera gente capaz de morir por amor a Dios. Hoy, cuando todo el mundo pierde la cabeza por un móvil de última generación, atrae la fuerza de estos hombres, muchos de ellos casi adolescentes, que prefirieron morir antes que renegar de su fe, que se dejaron matar y morían perdonando. Eso es lo que queremos mostrar en esta película”. Y eso es lo que muestran. J. J. M.



LA SEGUNDA MUJER (Kuma) ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Umut Dag. Intérpretes: Begüm Akkaya, Nihal Koldas, Vedat Erincin, Murathan Muslu, Alev Irmak, Dilara Karabayir. Guion: Petra Ladinigg, basado en un argumento de Umut Dag. Austria. 2012. Drama. 93 min. Jóvenes-adultos.

En un pueblo kurdo de Turquía, la joven y bondadosa Ayse (Begüm Akkaya) celebra su boda, supuestamente con Hasan (Murathan Muslu), un apuesto joven algo mayor que ella. Pero, en realidad, las familias de ambos han llegado a un acuerdo secreto para que Ayse sea la segunda esposa del ya sesentón Mustafá (Vedat Erincin), el padre de Hasan. Por eso, cuando Ayse se traslada a su nuevo hogar, en Viena, algunos de los hijos mayores de su marido le dan la espalda. Pero Fatma (Nihal Koldas), la primera y gravemente enferma esposa de Mustafá, la acoge como una digna sucesora, que cuidará de la familia cuando ella no esté. Las dos mujeres inician así una singular amistad, que será puesta a prueba por la vida misma.

Alumno de Michael Haneke en la Escuela de Cine de Viena, el turco de origen kurdo Umut Dag debuta en el largometraje de ficción con este dramón familiar, bien escrito, dirigido e interpretado, pero que se ve lastrado por la incómoda ambigüedad moral con que trata la poligamia en la cultura islámica, la difícil integración en Occidente de los inmigrantes musulmanes y la homosexualidad. En este sentido, aunque se muestra respetuoso hacia la religiosidad de sus personajes, se adivina en el filme una convencional deriva hacia el relativismo dominante. Este enfoque, unido a varios toscos giros narrativos, enturbia los matizados retratos femeninos de la película —sus personajes masculinos son más tópicos— y la entidad de su pulcra factura. J. J. M.



SÓLO PARA DOS ** (4,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Roberto Santiago. Intérpretes: Santi Millán, Martina Gusman, Nicolás Cabré, Antonio Garrido, Dafne Fernández, Marian Hernández, Paula Kohan, María Nela Sinisterra. Guion: Roberto Santiago y Pablo Fernández. España-Argentina. 2013. Comedia. 95 min. Adultos.

El español Gonzalo (Santi Millán) y la argentina Valentina (Martina Gusman) conviven desde hace once años, y regentan un resort para parejas —el “Sólo para dos”— en la caribeña y venezolana Isla Margarita. Pero su amor atraviesa una crisis, que se agrava con la llegada de los nuevos huéspedes, entre los que se encuentra Mitch (Nicolás Cabré) —un joven argentino abandonado por su esposa en plena luna de miel— y Jayro (Antonio Garrido), un cantante español, famosillo y mujeriego, que llega del brazo de su última conquista, la jovencísima Teresa (Dafne Fernández).

Especializado en la comedia, el madrileño Roberto Santiago (“Hombres felices”, “El penalti más largo del mundo”, “El club de los suicidas”, “Al final del camino”, “¿Estás ahí?”, “El sueño de Iván”) repite en este enredo veraniego su fórmula habitual de amoríos entrecruzados, diálogos chispeantes y un tono decididamente ligero, y a veces frívolo, sobre todo en su zafio tratamiento del sexo. Como el guion es fresco, la puesta en escena aprovecha las vistosas localizaciones y los actores están bien dirigidos —salvo quizás la argentina Martina Gusman—, la película se deja ver, y depara algunas situaciones divertidas a costa de los patéticos personajes, todos ellos perplejos ante el amor e incapaces de controlar mínimamente sus instintos más básicos. Pero, desde luego, puede irritar por su cáustica visión de las relaciones sentimentales, y se olvida a los diez minutos de haberla visto. J. J. M.



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