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Críticas de los estrenos de cine del 1 de enero

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín comenta “A propósito de Llewyn Davis”, “El único superviviente”, “En solitario”, “En la flor de la vida”, “Love and Bruises” y “Paranormal Activity: Los señalados”.
A propósito de Llewyn Davis
A propósito de Llewyn Davis

A PRÓPOSITO DE LLEWYN DAVIS (Inside Llewyn Davis) *** (7)

FICHA TÉCNICA.- Directores y guionistas: Ethan y Joel Coen. Intérpretes: Oscar Isaac, Carey Mulligan, Justin Timberlake, Garrett Hedlund, John Goodman, F. Murray Abraham, Adam Driver, Max Casella, Ethan Phillips, Robin Bartlett, Jerry Grayson, Jeanine Serralles, Ricardo Codero, Alex Karpovsky, Stark Sands. EE.UU. 2013. Drama, musical. 105 min. 105 min. Jóvenes-adultos.

Tres años después del notable western “Valor de ley”, los hermanos estadounidenses Ethan y Joel Coen (“Muerte entre las flores”, “Fargo”, “O Brother!”, “No es país para viejos”) retornan a su estilo y temática habituales en “A propósito de Llewyn Davis”, inspirada en “The Mayor of MacDougal Street: A memoir”, la autobiografía del cantante folk neoyorquino Dave Van Ronk. Tras ganar el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2013, la película ha recibido diversos galardones de la crítica estadounidense, y opta ahora a tres Globos de Oro —mejor película de comedia o musical, actor (Oscar Isaac) y canción (“Please Mr. Kennedy”)—, lo que consolida su carrera hacia los Oscar.

Greenwich Village, 1961. Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un joven cantante de música folk, que deambula por las calles guitarra en ristre y cargando a un gato llamado Ulises. Durante una semana se enfrenta al despiadado invierno neoyorquino y a una serie de obstáculos aparentemente insuperables —desencuentros amorosos, abortos clandestinos, adicción a las drogas y alcohol…—, algunos generados por él mismo. Sobrevive gracias a la generosidad de cantantes amigos —como Jean (Carey Mulligan) y Jim (Justin Timberlake)— y de algún que otro extraño, como Johnny Five (Garrett Hedlund). Y trabaja donde puede, desde los cafés del Village hasta un vacío club en Chicago, siempre con la esperanza de realizar una prueba para algún productor musical, como Roland Turner (John Goodman) o Bud Grossman (F. Murray Abraham).

En esta nueva versión contemporánea y cotidiana de la odisea de Ulises —similar en su estructura a la que relataron en “O Brother!”—, los Coen vuelven a demostrar su maestría para retratar a perdedores y para diseccionar la atormentada interioridad del artista, que aquí intenta renovar la música folk haciendo “mierda nueva de la mierda vieja”, según la expresión del propio Dave Van Ronk. Para ello despliegan de nuevo una fascinante puesta en escena, entre hiperrealista y onírica, de poderosa planificación y decadente fotografía, y en la que adquiere un enorme protagonismo dramático la sensacional banda sonora, producida por el mítico T-Bone Burnett. En este sentido, resultan antológicas algunas versiones de famosas canciones folk, grabadas en directo durante el rodaje, como la balada tradicional irlandesa “Fare Thee Well (Dinks Song)” —cantada a dúo por Oscar Isaac y Marcus Mumford— o la sublime “Five Hundred Miles”, de Hedy West, cuyo sensacional cover lo interpretan en el filme Justin Timberlake, Carey Mulligan y Stark Sands, en un claro homenaje a Peter, Paul and Mary.

Tampoco flaquea el capítulo interpretativo, liderado por el guatelmateco Oscar Issac, que se desvela como un magnífico actor dramático y como un cantante folk de voz desgarradora y fuerte personalidad. Sin embargo, su matizada caracterización y, con ella, el resto del filme se resienten de la falta de evolución dramática de su torturado y autodestructivo personaje, dominado en todo momento por una trágica fragilidad afectiva y moral, ya mostrada en numerosas películas sobre artistas, y en concreto, sobre cantantes. En este sentido, se echa en falta algún personaje oxigenante y, sobre todo, un poco más de humor blanco, como el que elevaba a “O Brother!” —especialmente en su desenlace— a la categoría de las obras maestras. Aquí los Coen lo intentan con un divertido y sutil homenaje final a Bob Dylan. Pero se quedan cortos, y dejan en el espectador un regusto demasiado amargo. J. J. M.



EL ÚNICO SUPERVIVIENTE (Lone Survivor) *** (6,5)

FICHA TÉCNICA- Director: Peter Berg. Intérpretes: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Ben Foster, Emile Hirsch, Ali Suliman, Eric Bana, Alexander Ludwig. Guion: Peter Berg, basado en el libro “Lone Survivor: The Eyewitness Account of Operation Redwing and the Lost Heroes of Seal Team 10”, de Marcus Luttrell y Patrick Robinson. EE.UU. 2013. Drama bélico. 121 min. Jóvenes.

Con la colaboración del novelista y periodista británico Patrick Robinson, el marine texano Marcus Luttrell escribió en 2007 el impactante libro autobiográfico “Lone Survivor: The Eyewitness Account of Operation Redwing and the Lost Heroes of Seal Team 10”. Ahora, el cineasta neoyorquino Peter Berg (“El tesoro del Amazonas”, “Hancock”, “Battleship”) lo adapta en “El único superviviente”, angustiosa película bélica, con un duro estilo hiperrealista, similar al del magistral arranque de “Salvar al soldado Ryan” o al de producciones más recientes, como “Black Hawk derribado”, “Green Zone: Distrito protegido”, “La sombra del reino” —del propio Berg— o “La noche más oscura”.

El 28 de junio de 2005, Marcus Luttrell (Mark Wahlberg) y sus compañeros Michael Murphy ( Taylor Kitsch), Matt Axe Axelson (Ben Foster) y Danny Dietz (Emile Hirsch) —pertenecientes a un comando de los Navy SEALs (Sea, Air, Land Teams)— iniciaron la encubierta Operación Alas Rojas (Operation Red Wings). Su misión era “neutralizar” como fuera al peligroso líder talibán Ahmad Shah (Yousuf Azami), escondido en la remota región montañosa de Kunar, en Afganistán. Ya instalados en las inmediaciones de su cuartel general, el encuentro con unos lugareños les obligó a tomar una peliaguda decisión moral, a consecuencia de la cual fueron perseguidos a muerte por un centenar de enfurecidos talibanes, mientras intentaban sin éxito contactar con sus mandos para recibir apoyo aéreo. Sólo el líder de una aldea pashtun, Gulab (Ali Suliman), se atrevió a prestarles ayuda frente a los fundamentalistas.

Ciertamente, pesan la cierta estructura narrativa de videojuego que padece la película, la violenta explicitud de sus imágenes —esas dolorosísimas caídas por las rocas…— y su tono decididamente hagiográfico y patriótico, con ramalazos patrioteros demasiado complacientes con la belicista política exterior de Estados Unidos. Pero esos excesos se compensan en parte con la alta calidad de la puesta en escena de Berg —de tensa planificación y trepidante montaje—, y con su esfuerzo para enriquecer la conmovedora veracidad y fisicidad de todas las interpretaciones con reflexiones dramáticas y morales de entidad, muchas de ellas, con una alta capacidad emocional, sobre todo las que exaltan el compañerismo de los protagonistas. Queda así una notable película bélica, que entusiasmará a los aficionados al género. J. J. M.



EN SOLITARIO (En solitaire) *** (7)

FICHA TÉCNICA.- Director: Christophe Offenstein. Intérpretes: François Cluzet, Samy Seghir, Virginie Efira, Guillaume Canet, José Coronado, Arly Jover. Guion: Jean Cottin y Christophe Offenstein, basado en un argumento de Fréderic Petit Jean. Francia-España. 2013. Drama. 96 min. Jóvenes-adultos.

De la noche a la mañana, Yann Kermadec (François Cluzet), un viudo ya cuarentón, ve cómo sus sueños se hacen realidad cuando le piden que sustituya al lesionado Franck Drevil (Guillaume Canet), capitán de una embarcación de la DCNS, la Direction des Constructions Navales, una empresa francesa de armamento naval. De este modo, Yann compite por fin en la Vendée Globe, la vuelta al mundo a vela en solitario, sin escalas ni asistencia. Tras varios días de carrera, Yann va en los puestos de cabeza, pero se ve obligado a hacer una breve parada en Canarias para arreglar el estropeado azafrán de su embarcación. A las pocas horas de zarpar de nuevo, descubre con horror que se ha subido a bordo de su barco un joven polizón: el adolescente mauritano Mano Ixa (Samy Seghir), que intenta llegar a Francia para que le curen allí la rara enfermedad que padece. Ante el riesgo de ser descalificado, Yann decide esconder al muchacho, y prosigue su aventura, que resultará inolvidable.

Con un presupuesto superior a los 17 millones de euros y un rodaje de doce semanas, esta ambiciosa coproducción europea ganó el Premio del Público en la Sección Rellumes del reciente Festival de Gijón 2013. Con ella debuta tras la cámara el prestigioso director de fotografía francés Christophe Offenstein, elogiado por sus trabajos en películas como “No se lo digas a nadie”, “Pequeñas mentiras sin importancia” o “¿Y ahora adónde vamos?”. Además de una generosa producción, la película goza de una sólida e intensa realización, en la mejor tradición fílmica de las aventuras marinas y en la que se aprecia el esforzado rodaje en alta mar. Además, el veterano François Cluzet y el joven Samy Seghir encarnan a sus personajes con gran autenticidad, dotando así de hondura a las certeras reflexiones sociales y morales que plantea el filme, en torno al valor del interculturalismo, el verdadero espíritu deportivo y la deshumanización de la moral del triunfo a cualquier precio. Sólo cabe reprochar la fugacidad de la aparición del español José Coronado en la recta final de la película, que no hace justicia a su talla como actor. J. J. M.



EN LA FLOR DE LA VIDA (La fleur de l’âge) ** (5,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Nick Quinn. Intérpretes: Pierre Arditi, Jean-Pierre Marielle, Julie Ferrier, Audrey Fleurot, Artus de Penguern, Rasha Bukvic, Thibault Vinçon, Cyril Guei. Guion: Andréïa Barbosa, con la colaboración de Santiago Amigorena. Francia. 2012. Tragicomedia. 83 min. Jóvenes-adultos.

Aunque ya tiene 63 años, el famoso productor y presentador televisivo Gaspard Dassonville (Pierre Arditi) vive como si todavía fuera joven, colecciona novias treintañeras —como su compañera Marion Cappelaro (Audrey Fleurot)— y se niega a reconocer que está en el ocaso de su carrera. De la noche a la mañana, la vida de Gaspard da un giro radical. Por un lado, el nuevo director de su cadena, el agresivo Fabrice Poulain (Thibault Vinçon), le impone como copresentador al premiado periodista Cyril Cox (Cyril Guei). Y, además, debe acoger en su propia casa a su anciano padre, Hubert Dassonville (Jean-Pierre Marielle), con el que estaba enfrentado desde hacía años. Impedido y cascarrabias, Hubert quema a sus cuidadoras al poco de que lleguen, hasta que consigue domesticarlo Zana Kotnic (Julie Ferrier), una bella, cariñosa e imaginativa mujer de origen esloveno. El problema es que, enseguida, padre e hijo se enamoran de ella perdidamente.

Rodada con bastante frescura y cierta emotividad, esta tragicomedia del francés Nick Quinn (“Rêve d’amour”, “Love, Love, Love”, “Petites histoires de nos ordures”) se sostiene gracias a las excelentes interpretaciones de los veteranos Pierre Arditi y Jean-Pierre Marielle, y de la luminosa Julie Ferrier. Ellos tres equilibran el drama y la comedia, y consiguen que sus personajes resulten entrañables y transmitan una positiva visión de las relaciones paternofiliales, el espíritu de servicio y el enriquecimiento intercultural. Sin embargo, estas virtudes se devalúan bastante por culpa de la excesiva ligereza del guion, que no acaba de encajar bien los toques surrealistas de Zara en el tono general, más bien realista y dramático. Además, su epidérmica ambigüedad moral resulta demasiado complaciente con la vida libertina que han llevado y todavía llevan padre e hijo. Ciertamente, el desenlace es un elogio del matrimonio y la maternidad, pero no compensa la superficialidad del resto del metraje. Por otra parte, a ratos pesa también la escasa diferencia de edad entre los actores Pierre Arditi y Jean-Pierre Marielle, que sólo se llevan doce años en la vida real. J. J. M.



LOVE AND BRUISES ** (4)

FICHA TÉCNICA.- Director: Lou Ye. Intérpretes: Corinne Yam, Tahar Rahim, Jalil Lespert, Vincent Rottiers, Sifan Shao, Patrick Mille. Guion: Lou Ye y Liu Jie Falin. China-Francia. 2011. Melodrama. 105 min. Adultos.

Hua (Corinne Yam) es una joven profesora de Beijing que se traslada a París. Exiliada en una ciudad desconocida, pasa el tiempo entre su pequeño apartamento y la Universidad, mientras se debate sin rumbo entre antiguos amantes y sus nuevas y fugaces conquistas francesas. Un día conoce a Matthieu (Tahar Rahim), un joven obrero que se enamora locamente de ella. Hua le sigue el juego, hasta que va descubriendo poco a poco la apasionada y desequilibrada personalidad de Matthieu, que traduce su supuesto amor en sexo agresivo, violencia física y abusos verbales.

Como las anteriores películas de la polémica cineasta china Lou Ye (“Yihe Yuan”, “Zi Hudie”), “Love and Bruises” está lastrada en su fondo por un tono extremadamente melodramático y pesimista, y en su resolución formal, por un explícito y traumático tratamiento del sexo. Estos excesos debilitan la credibilidad de las interpretaciones —a pesar de los loables esfuerzos de los actores— y la posible entidad dramática de las reflexiones del guion sobre los dramas generados por la falta de referentes morales y las diferencias raciales, sociales y culturales. Así que el espectador acaba aburrido e irritado. J. J. M.

PARANORMAL ACTIVITY: LOS SEÑALADOS (Paranormal Activity: The Marked Ones) ** (5)

FICHA TÉCNICA.- Director y guionista: Christopher Landon. Intérpretes: Andrew Jacobs, Molly Ephraim, Crystal Santos, Richard Cabral, Jorge Diaz, Wallis Barton, Eddie J. Fernandez, Noemi Gonzalez. EE.UU. 2014. Terror. 84 min. Jóvenes-adultos.

Meses antes de que llegue “Paranormal Activity 5”, se estrena en España esta especie de spin-off latino de la popular y rentabilísima saga de terror, ideada por el israelí Oren Peli y producida por el neoyorquino Jason Blum. Lo ha escrito y dirigido el californiano Christopher Landon (“Burning Palms”), hijo del mítico actor televisivo Michael Landon (“Bonanza”, “La casa de la pradera”) y guionista de las tres últimas entregas de “Paranormal Activity”.

Oxnard (California), junio de 2012. El barrio latino de la ciudad se conmociona con el violento asesinato de una vecina, impopular por su mal genio, su hermetismo y su fama de bruja. Entonces, tras una fiesta, el joven Jesse (Andrew Jacobs) y sus amigos Arturo (Richard Cabral), Óscar (Carlos Pratts) y Marisol (Gabrielle Walsh) visitan la casa de la difunta, en la que encuentran artilugios de magia negra, inquietantes cintas de vídeo —con imágenes de personajes de “Paranormal Activity 3”— y fotos del mismo Jesse. A partir de ese momento, a Jesse le suceden cosas extrañas: le aparece una mordedura en el brazo, desarrolla poderes telequinéticos y comienza a sufrir extraños cambios físicos. En su afán por ayudarle, su familia y sus amigos encuentran finalmente a la joven Ali Rey (Molly Ephraim) —la hija de los protagonistas de “Paranormal Activity 2”—, que les explica que Jesse podría haber sido poseído por una entidad demoníaca similar a la que diezmó a su familia. Intentarán luchar contra ella a través de espeluznantes exorcismos católicos, aterradoras sesiones espiritistas y oscuros conjuros de santería.

Esta vez, Landon desarrolla una trama más o menos elaborada y con personajes de cierto interés, encarnados con veracidad y vigor por los modestos actores. Además, su opresiva puesta en escena hiperrealista resuelve eficazmente los numerosos sustos y sorpresas. Sin embargo, el conjunto no acaba de remontar en vuelo por culpa de sus excesos sanguinolentos y porque, a pesar de los esfuerzos señalados, no acaba de superar la sensación de historia ya vista y sufrida. Además, su cóctel de religión y superstición resulta bastante indigesto. J. J. M.