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En La Linterna

Críticas de los estrenos de cine del 4 de enero

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín y Juan Orellana comentan “La noche más oscura”, “The Master”, “Así somos”, “Cirque du Soleil. Mundos lejanos”, “El hombre de las sombras” y “Despedida de soltera”.
La noche más oscura
La noche más oscura

La noche más oscura (Zero Dark Thirty) **** (7,5). La sexagenaria cineasta californiana Kathryn Bigelow, que impactó con la dura “En tierra hostil” —Oscar 2009 a la mejor directora—, vuelve a los conflictos internacionales de su país con otra cinta fuerte y contundente —y absurdamente larga, dicho sea de paso—, en la que narra el proceso de búsqueda y ejecución de Osama Bin Laden. Tras la matanza del 11-S, la captura del líder de Al Qaeda se convirtió en una cuestión de dignidad nacional en Estados Unidos. Este tema patriótico, en manos de una directora tradicionalmente crítica con la política exterior norteamericana, resultaba especialmente interesante. La película se basa en la documentación e informes que el equipo de producción ha sido capaz de conseguir. Muchas cosas, como la reconstrucción de los helicópteros Sikorsky Black Hawk, son aproximadas, ya que ningún civil ha visto nunca esas “naves fantasma”.

La película se posiciona desde el principio, cuando muestra las torturas que los agentes de la CIA imponen a los sospechosos de tener informaciones valiosas. El hecho es que, gracias a esos métodos inaceptables, conseguirán algunas pistas que, finalmente, y casi por casualidad, llevarán hasta el hombre más buscado del planeta, Bin Laden, que desde 2005 vivía recluido en un caserón de Abbottabad (Pakistán), a 160 kilómetros de Afganistán. La película combina momentos brillantes, con una tensión bien dosificada, con otros más escasos de ritmo y fuerza dramática. Pero el conjunto es resultón, con aire documental, protagonizado por una Jessica Chastain que, en realidad, es el puente de empatía entre el público y lo que ocurre ante nosotros. La película es suficientemente inteligente como para guardar cierta distancia, y dejar al espectador la valoración moral de unos hechos que, en el fondo, son la gestión de una venganza. Aunque, en este caso, no sea fácil discernir por dónde debe caminar segura la justicia humana. Sin duda, un hito del cine histórico que, tras ganar diversos premios de la prensa, opta ahora a cuatro Globos de Oro: mejor película dramática, dirección, actriz (Jessica Chastain) y guión (Mark Boal). J. O.


The Master *** (6,5). El consagrado y muy valorado cineasta californiano Paul Thomas Anderson (“Magnolia”, “Pozos de ambición”) cambia de registro acercándose muy libremente al fundador de la cienciología, Lafayette Ronald Hubbard, aunque en el filme aparece con otro nombre y sólo parcialmente reflejado. De hecho, no se puede decir que estemos ante un biopic, sino ante un drama que quiere adentrarse en el mundo de la sectas y de las nuevas escatologías.

Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman) es un adinerado científico e intelectual, al que llaman “El Maestro” y que ha creado una filosofía sectaria y pseudomística que denomina “La Causa”. Su carisma personal es grande, y se adhiere a él, con fidelidad acrítica y perruna, Freddie Sutton (Joaquin Phoenix), un alcohólico veterano de la Segunda Guerra Mundial, que arrastra claras psicopatías relacionadas con el sexo y la violencia.

La película se centra en la relación entre maestro y discípulo, una extraña relación de fe mutua. El “Maestro” cree en las capacidades ocultas de su protegido, a pesar de su brutalidad primaria y su gran ignorancia, y apuesta por él en repetidas ocasiones. Freddie cree en el falso profeta porque es el único que le ha tomado en serio, que le ha mirado a la cara y que ha desvelado las grandes heridas de su pasado. El gran problema de la película es el que detectó la crítica Nancy Tartaglione en el Festival de Venecia en que se presentó, cuando comentó que la proyección había dejado a muchos desorientados, sin tener muy claro lo que habían visto.

Desde luego, no se puede decir que la película arremeta contra las sectas, ni contra este líder en concreto, al que trata demasiado bien como para oponerse frontalmente a él. Quizá lo más claro es el recorrido de Freddie, un paria desclasado, sin tierra ni afectos, psicológicamente destruido, que se agarra a cualquier cosa que le permita tener un mínimo de horizonte vital, una aurora de sentido existencial, por muy inconsistente que sea. Lo que parece claro es que lo más notable de la obra son las interpretaciones de Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman, así como de Amy Adams, en un papel secundario. El resto no deja de ser interesante, pero no resulta una cinta clara ni redonda. Así que le quedan un poco grandes el León de Plata al mejor director, el Premio Fipresci de la prensa internacional y la Copa Volpi al mejor actor —ex aequo para Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman— que recibió la película en la Mostra de Venecia 2012, así como sus actuales nominaciones a los Globos de Oro a mejor actor (Joaquin Phoenix), actor de reparto (Philip Seymour Hoffman) y actriz de reparto (Amy Adams). J. O.

Así somos (People Like Us) *** (7). Sam (Chris Pine) es un joven vendedor de Nueva York, extrovertido y charlatán, cuyo último contrato se derrumba el mismo día en que muere repentinamente su padre, que fue hace décadas un afamado productor musical. Contra sus deseos, Sam regresa al hogar paterno en Los Ángeles, junto con su novia Hannah (Olivia Wilde), para encargarse de la sucesión y recobrar contacto con su madre Lillian (Michelle Pfeiffer), a la que no ve desde hace años. Al intentar cumplir la última voluntad de su padre, Sam descubre un asombroso secreto relacionado con Frankie (Elizabeth Banks), una camarera de 30 años, madre soltera de Josh (Michael Hall D’Addario), un inteligente pero rebelde chaval de once años. A medida que se van tratando, Sam se verá forzado a reconsiderar todo lo que creía saber sobre su familia y a replantearse su propio estilo de vida.

Este intenso drama familiar, en buena medida autobiográfico, supone el debut como director de cine del californiano Alex Kurtzman, conocido hasta ahora como realizador de alguna producción televisiva y coguionista —con su socio Roberto Orci— de películas como “Star Trek”, “Transformers”, “Mision Imposible III” o “Transformers: La venganza de los caídos”. En ningún momento la película disimula su intención de conmover al espectador a través de una trama con fuertes aristas dramáticas —en torno a los traumas vitales y morales que genera en los hijos la ausencia del padre o su escasa dedicación—, pero encaradas desde una perspectiva enormemente positiva y enriquecedora, que subraya el valor del cariño familiar, el arrepentimiento y el perdón. En este sentido, alguno considerará demasiado sensibleras o enfáticas algunas escenas clave, en las que Kurtzman pone toda la carne en el asador del melodrama.

En cualquier caso, el guión de Kurtzman, Orci y Jody Lambert está muy bien escrito, perfila en profundidad a los personajes y sostiene la progresión dramática casi sin altibajos. Además, el sensacional reparto al completo se mete de lleno en sus personajes, dotándoles de una veracidad y una cercanía realmente conmovedoras. Y, finalmente, Kurtzman despliega una puesta en escena fluida y detallista, muy bien acompañada por la preciosa banda sonora del indio A.R. Rahman (“Slumdog Millionaire”) y por unas cuantas canciones famosas de los años 70 y 80 de siglo pasado.

Queda así un notable y luminoso melodrama, con unos cuantos momentos memorables —esa espléndida secuencia en la lavandería…— y que plantea la urgente necesidad de que el desmadre moral iniciado en mayo de 1968 haga de una vez por todas un profundo examen de conciencia y abandone definitivamente el rastrero hedonismo individualista en que se asienta. J. J. M.

Cirque du Soleil: Mundos lejanos (Cirque du Soleil: Worlds Away) *** (7). Creada en 1984 por los ex artistas callejeros Guy Laliberté y Daniel Gauthier, Cirque du Soleil —en español, Circo del Sol— es una empresa canadiense de entretenimiento, con sedes en Quebec y Montreal, que se define a sí misma como un “montaje dramático de artes circenses y esparcimiento callejero”, con un “enfoque teatral basado en los personajes y en donde no se usan animales en el espectáculo”. Después de casi tres décadas de éxito internacional, Cirque du Soleil ofrece 22 espectáculos de tres tipos: los que forman parte de un tour que recorre varios países —divididos, a su vez, entre los que se llevan a cabo en una arena o los que se realizan en una carpa—, los que tienen carácter de residentes —que solamente pueden ser escenificados en un edificio especialmente adecuado para cada función— y finalmente los que se realizan en un proscenio o se dan por temporadas. En 2010, Cirque du Soleil contaba con más de 4000 empleados en más de 40 países, y tenía unos ingresos anuales en torno a los 800 millones de dólares canadienses. Ahora, amplían su oferta a la salas de cine con “Cirque du Soleil: Mundos lejanos”, singular producción cinematográfica en 3D estereoscópico, escrita y dirigida por el neozelandés Andrew Adamson (“Shrek”, “Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario”, “Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian”), y producida por el canadiense James Cameron (“Terminator”, “Terminator 2”, “Titanic”, “Avatar”).

La sinopsis oficial señala: “Una joven pareja separada debe viajar a través de los increíbles mundos de ensueño del Cirque du Soleil para reencontrarse. El público tendrá la oportunidad de sumergirse en la tecnología 3D que le permitirá saltar, planear, nadar y bailar junto a los artistas”. Y eso es la película: un apabullante espectáculo audiovisual en el que la hipnótica música new age de Benoit Jutras ilustra una generosa selección de los números circenses más recientes del Cirque du Soleil —sobre todo de sus shows residentes en Las Vegas—, sólo hilvanados por las andanzas de la melancólica Mia y su amado Aerealista tras ser engullidos por la arena de un circo a la vieja usanza y verse trasportados a mundos alucinantes.

Como en todos los espectáculos del Cirque du Soleil, el tono de la trama es culto, sofisticado, naturalista, sensual, recargado y un punto neopagano, de modo que quizás resulte pesado, cargante o empalagoso para ciertos paladares. De todas formas, la agilísima cámara de Adamson saca el máximo partido a los impactantes efectos tridimensionales que le permiten los impresionantes decorados de las diversas escenas y las espectaculares acrobacias de los cientos de artistas que entran y salen, siempre con coreografías resueltas con milimétrica perfección. Queda así una experiencia estética de subyugante belleza, ciertamente barroca y no demasiado profunda en sus planteamientos de fondo, pero que rinde un emotivo homenaje al circo en todos sus estilos —clásicos y modernos— y muestra las enormes posibilidades del 3D estereoscópico. J. J. M.


El hombre de las sombras (The Tall Man) ** (5,5). Julia (Jessica Biel) es una joven enfermera que vive en Cold Rock, un pueblo del norte de Estados Unidos en absoluta decadencia tras el cierre de una mina cercana. Allí han desaparecido varios niños en poco tiempo, sin que nadie sepa la causa, aunque los más supersticiosos lo atribuyen a un mítico y oscuro personaje: el Hombre Alto. Cuando el hijo de Julia desaparece misteriosamente, la mujer hará todo lo posible por recuperarlo y obtener respuestas a los interrogantes que aterran al pequeño pueblo: ¿Quién es el Cazador y qué les ocurre realmente a los niños secuestrados?

El hombre de las sombras” es la primera película en inglés del cineasta francés Pascal Laugier, que se dio a conocer internacionalmente con la durísima “Martyrs”. Aquí dirige a un notable reparto “Made in Hollywood” —encabezado por una esforzada Jessica Biel, que también ha participado en la producción— y despliega en torno a él una inquietante puesta en escena hiperrealista con ciertos toques sobrenaturales a lo Stephen King, que enrarecen la trama central. Aunque se deja ver, la película no acaba de funcionar por la inverosimilitud de algunas situaciones y por el abrupto y artificioso giro final antisistema, para el que no ha sido bien preparado el espectador. De todas formas, no cae en la truculencia y seguramente guste, o al menos entretenga, a los numerosos aficionados al terror y la intriga. J. J. M.

Despedida de soltera (Bachelorette) * (3). La joven guionista televisiva Leslye Headland debuta detrás de las cámaras con una preocupante película sobre tres amigas de la adolescencia que preparan la boda de su amiga Becky (Rebel Wilson), la chica gordita y fea del instituto. Regan (Kirsten Dunst) es la líder del grupo y está rabiosa de que Becky se case antes que las demás; Gena (Lizzy Caplan) es una ninfómana que abortó con 16 años; Katie (Isla Fisher) es la tonta del grupo, más alcohólica y cocainómana que sus amigas, que ya lo son bastante. La noche antes de la boda, entre copas, sexo y rayas de coca, las tres amigas arruinan el vestido de novia de Becky. La velada se convierte en una carrera de obstáculos contrarreloj para que en el momento de la ceremonia el vestido esté reparado.


Con buena dirección de actores y de estructura algo televisiva y episódica, la película pertenece a un subgénero cada vez más devaluado, que es el de “preparativos de boda”. Recordemos títulos como “Guerra de novias”, “27 vestidos”, “Planes de boda”, “La boda de mi mejor amiga”... Lejos queda aquella gran obra de “El padre de la novia”, y en los últimos años hemos asistido a un cúmulo de despropósitos entre los que “Despedida de soltera” se lleva la palma. Es tal su nivel de frivolidad, sobre todo en lo que a la droga se refiere, tan superficial en el tratamiento del sexo, de las relaciones sentimentales, y tan lamentable en su concepto de amistad, que el boceto que hace de cierta juventud burguesa norteamericana es desastroso, a nivel intelectual, moral y humano en general. En las antípodas del que hace Whit Stillman o Josh Radnor, por citar otros directores que retratan a los “jóvenes adultos” estadounidenses. Aparte de las situaciones, algunos diálogos son sencillamente aberrantes, como el discurso de Clyde (Adam Scott) en la ceremonia de la boda, o la delirante conversación que mantiene Gena con un desconocido en el avión.


Finalmente, esta cinta convierte en divertido lo que es triste, en atractivo lo que es destructivo, y ofrece una visión del mundo y de la vida en la que no merece tomarse nada muy en serio. J. O.


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