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Otra visión del clásico cuento 'Hansel y Gretel'

Crítica de los estrenos de cine del 1 de marzo

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín y Juan Orellana comentan “Aquí y allá”, “Un asunto real”, “Abuelos al poder”, “Hermosas criaturas”, “Hansel y Gretel, cazadores de brujas”, “El callejón” y “Weekend”.
Hermosas criaturas
Hermosas criaturas

Aquí y allá **** (7,5). Esta opera prima del madrileño Antonio Méndez Esparza, natural de Alcobendas, es una coproducción con México y Estados Unidos, y ha cosechado numerosos galardones, entre otros, el primer Premio en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2012. Cuenta la historia del mexicano Pedro (Pedro de los Santos), que regresa a su aldea de montaña del Estado de Guerrero después de años de ausencia. Allí se reencuentra con su esposa Teresa (Teresa Ramírez) y sus dos hijas, Heidi (Heidi Solano) y Lorena (Lorena Pantaleón), y retoma su vida familiar con ilusión. Pero la situación económica volverá a ceñirse como una amenaza sobre ellos.

Con un estilo minimalista, planos fijos y largos, y una estudiada fotografía, Méndez Esparza ofrece una historia de emigración, tan sencilla como real, al tiempo que pinta un elogioso, hermoso y veraz retrato de la familia como punto de referencia vital y afectivo. Dentro de su lento ritmo y cadencia latina, la película contagia la verdad de unos personajes honestos, fieles y sobrios, que se quieren y se cuidan sin asomo de melodrama ni impostación. El espectador llega a sentir el pudor de quien espiase a una familia de verdad. La película es un bello homenaje a la gente sencilla, religiosa, trabajadora... y acostumbrada a afrontar sus circunstancias sin una mueca de desaprobación. Aunque se trata de una obra minoritaria, es sin duda una joyita del cine independiente. Muy estática por fuera, y muy fresca por dentro. J. O.




Un asunto real (En kongelig affære) ** (5,5). De Zentropa, la productora de Lars von Trier, y con éste como productor ejecutivo, nos llega “Un asunto real”, nominada al Oscar 2013 a la mejor película en habla no inglesa y ganadora de los Osos de Plata al mejor actor (Mads Mikkelsen) y al mejor guión en el Festival de Berlín 2012. El cineasta y guionista danés Nikolaj Arcel (“La isla de las almas perdidas”) adapta una novela histórica de Bodil Steensen-Leth sobre el reinado de Christian VII de Dinamarca, en pleno periodo de la Ilustración. La historia se cuenta, a modo de flashback, desde la perspectiva de la reina Caroline Mathilde (Alicia Vikander), de origen británico, obligada a casarse muy joven con Christian VII (Mikkel Boe Følsgaard). Despreciada y ninguneada por el desequilibrado rey, ella se encandila con un médico de la corte, Johann Friedrich Struensee (Mads Mikkelsen), de ideas ilustradas en lo social y radicalmente antirreligiosas. No sólo lo convierte en su amante, sino que consigue una influencia creciente en la corte, cual Rasputín, llegando a ejercer un control psicológico total sobre el monarca, para irritación de la nobleza y de la reina madre Juliane Marie (Trine Dyrholm).

Con estos mimbres se teje una historia muy académica en lo formal, con unas prodigiosas dirección de arte y fotografía, y con unos actores extraordinarios. Muy bien dirigida y fluidamente contada, la película no deja de ser un culebrón cortesano de los que tantos ejemplos hemos visto en los últimos años. Por otra parte, subraya mucho los aspectos laicistas de la Ilustración, tomando parte a favor de ellos, a pesar de que el protagonista, que encarna esos ideales, es retratado también como un sinvergüenza y un aprovechado. En realidad, lo más interesante es el retrato de la Reina, al estilo de María Antonieta, una mujer que no acaba de encontrar su sitio en una corte en la que ella no es más que una pieza funcional, y donde no caben las necesidades sinceras de afecto. Esta película confirma el errático periplo ideológico en el que vive Lars von Trier desde hace demasiado tiempo.




Abuelos al poder (Parental Guidance) *** (6). Tras ser despedido como comentarista de béisbol, el sesentón Artie Decker (Billy Crystal) debe afrontar un reto aún mayor cuando él y su dinámica esposa Diane (Bette Midler) aceptan hacer de canguros de sus tres nietos: la perfeccionista Harper (Bailee Madison), el tímido y tartamudo Turner (Joshua Rush) y el travieso Barker (Kyle Harrison Breitkopf), que tiene un amigo imaginario. Antes de emprender su viaje de una semana, los hiperprotectores padres de los chavales, Alice (Marisa Tomei) y Phil (Tom Everett Scott), dan a los abuelos todo tipo de instrucciones. Pero enseguida saltan chispas cuando los problemas del siglo XXI entran en colisión con los métodos de la vieja escuela de Artie y Diane.

Después de casi una década apartado del cine, el ya veterano Billy Crystal produce con Walden Media y protagoniza esta comedieta familiar del especialista Andy Fickman (“Ella es el chico”, “Papá por sorpresa”), en la que también tiene un pequeño papel Jennifer Crystal Foley, la hija del popular cómico. Al estilo disparatado de “Sólo en casa” y derivados, la sencilla puesta en escena de Fickman se pone al servicio de las interpretaciones, premeditadamente histriónicas, del notable reparto, en el que destacan los veteranos Billy Crystal y Bette Midler, así como una recuperada Marisa Tomei. El punto fuerte del filme es el ágil y chispeante guión de Lisa Addario y Joe Syracuse, hecho a la medida de los actores, que gozan de abundantes diálogos y situaciones hilarantes en torno a la hipertecnificación de los hogares actuales y a la ridícula corrección política de tantos padres, incapaces de hablar claro y corregir a sus hijos, y obsesionados con su triunfo material, su dieta sana y su supuesto equilibrio emocional, aun a costa de su real bienestar afectivo.

La película incluye algún gag escatológico o demasiado “adulto”, pero nunca pierde su tono familiar, y culmina con una optimista y emotiva exaltación del papel de los abuelos, la educación en las virtudes y el cariño familiar en general, con el béisbol como protagonista. En este sentido, los aficionados a ese deporte disfrutarán con las valiosas imágenes de archivo de uno de los partidos más emocionantes de la historia. J. J. M.




Hermosas criaturas (Beautiful Creatures) ** (5). Tras ganarse un merecido prestigio como guionista de “El Rey Pescador”, “La princesita”, “Los puentes de Madison” o “El hombre que susurraba a los caballos”, el neoyorquino Richard LaGravenese mostró su versatilidad como director en “De ahora en adelante”, “Diarios de la calle” y “Postdata: Te quiero”. Ahora fracasa en ambas facetas con esta fallida adaptación de la primera novela de la tetralogía juvenil “Dieciséis lunas” —“Hermosas criaturas”, “Hermosa oscuridad”, “Hermoso caos” y “Hermoso final”—, escrita por las estadounidenses Kami Garcia y Margaret Stohl, y que sigue demasiado de cerca los pasos de la saga “Crepúsculo”, de Stephanie Meyer.

El protagonista es Ethan Wate (Alden Ehrenreich), un chico de 17 años, compulsivo lector de libros, que ansía escapar del puritano pueblo de Gatlin, en Carolina del Sur. Hasta que un día llega al lugar Lena Duchannes (Alice Englert), una misteriosa y culta adolescente de 15 años, que es, al mismo tiempo, la chica de los sueños y las pesadillas de Ethan. Pero la joven pertenece a una extraña familia, con fama de practicar cultos satánicos, liderada por el sibarita Macon Ravenwood (Jeremy Irons). El romance entre Ethan y Lena convulsiona Gatlin y el mágico mundo secreto que lo rodea, en el que nada es lo que parece.

Al igual que la saga fílmica “Crepúsculo”, “Hermosas criaturas” propone un desatado culebrón juvenil, romántico y fantástico, con “Romeo y Julieta” como punto de referencia, y resuelto con unas correctas interpretaciones —sobre todo de los actores veteranos: Jeremy Irons, Emma Thompson, Viola Davis…—, una planificación eficaz y vistosos efectos visuales. Todo ello, envuelto por la bella fotografía de Philippe Rousselot y aderezado con la sugestiva banda sonora del grupo Thenewno2. Sin embargo, aquí el guión es mucho más arrítmico, espeso y confuso, sobre todo en su tratamiento de la religión, pues caricaturiza en exceso el fundamentalismo cristiano de los habitantes de Gatlin —como supuesta manifestación de su incultura— y tontea con el vudú y el espiritismo. Además, la trama romántica es muy tópica, y no depara ninguna sorpresa reseñable. J. J. M.



Hansel y Gretel: Cazadores de brujas (Hansel and Gretel: Witch Hunters) ** (4). Centroeuropa, a principios de un siglo XIX con toques retrofuturistas. Hijos de un pobre leñador, los hermanos Hansel y Gretel son abandonados por su padre en un frondoso bosque. Allí, caen prisioneros de una malvada bruja, que los esclaviza, hasta que los chavales logran matarla. Y, entonces, se aficionan a la sangre. Así que, quince años después, Hansel (Jeremy Renner) y Gretel (Gemma Arterton) se han convertido en unos legendarios cazadores de brujas. Su principal desafío tendrá lugar en el pueblo de Augsburg, donde cinco niños han sido secuestrados por un grupo de poderosas brujas negras, lideradas por la cruel Muriel (Famke Janssen) y acompañadas por un brutal troll gigante (Derek Mears). Todo apunta a que esos secuestros tienen que ver con la inminente Luna de Sangre, una noche en que las brujas pueden adquirir poderes diabólicos. Hansel y Gretel se enfrentarán a las hechiceras con la oposición del impresentable sheriff Berringer (Peter Stormare) y la ayuda del joven fan Ben (Thomas Mann).

Después de llamar la atención con la esperpéntica “Zombis nazis”, el noruego Tommy Wirkola se estrella con esta grotesca y patética continuación del famoso cuento de los hermanos Grimm, Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859). El guión se olvida en el minuto uno del sugerente romanticismo del relato original, y propone una agotadora sucesión de confusas luchas sangrientas, sin ritmo ni progresión dramática, explícitas hasta lo gore y no siempre bien resueltas por los tópicos efectos estereoscópicos. Para más inri, los protagonistas se mueven únicamente por afán de venganza, se prestan a algún lamentable jugueteo erótico y declaman unos diálogos infames, modernizados al estilo de la jerga más rastrera, se supone que para captar al público juvenil. En fin, un petardo para olvidar, que afortunadamente ha fracasado en Estados Unidos. Veremos qué pasa aquí. J. J. M.



El callejón * (3,5). Harta de limpiar hoteles en Benidorm, la joven y bella cubana Rosa (Ana de Armas) intenta abrirse camino en el ámbito publicitario. La misma noche invernal en que le comunican que ha pasado una prueba, su hermana le llama al trabajo para decirle que se ha roto la lavadora del piso en que viven juntas. Así que Rosa decide acudir a la lavandería automática 24 horas que está en un oscuro y desierto callejón enfrente de su piso. Mientras espera a que finalice la colada, entra un hombre silencioso y singular (Alfonso Rojas), que parece amenazarla. Pero entonces llega un joven, Gabriel (Diego Cadavid), que entabla una amable conversación con la chica. Pero ésta descubre enseguida que Gabriel no es quien parece. Finalmente, se establece entre los dos un duelo espeluznante, con ella encerrada en la lavandería y él intentando entrar.

Casi dos años ha tardado en estrenarse este primer largometraje como director del crítico de cine madrileño Antonio Trashorras, hasta el momento, guionista de filmes como “El espinazo del diablo”, “Los Totenwackers” y “Agnosia”. La razón de este retraso es el fallido resultado global de la película, que roza finalmente el desastre total, a pesar del cierto interés de algunos de sus elementos. Con el “giallo” italiano y el terror setentero de serie Z como referentes, Trashorras aguanta más o menos el tipo durante 40 minutos, gracias a la vistosa fotografía de Javier Salmones, una cuidada planificación opresiva, un angustioso montaje superfragmentado —con pantallas partidas, incluidas— y una rigurosa dirección de actores, que disimula las evidentes limitaciones de todos ellos.

Pero, de pronto, el incómodo hiperrealismo de la película se rompe traumáticamente a través de un giro fantástico ciertamente bizarro. Y, entonces, las muchas carencias del guión, la puesta en escena, los actores, la música de Alfons Conde… emergen a la vez en el ridículo desparrame gótico-onírico-erótico del desenlace, mucho más previsible y convencional de lo que parece. En esta recta final, “El callejón” provoca risas no pretendidas, lo peor que le puede pasar a una película de terror. J. J. M.

Weekend * (3). Nottingham, Inglaterra. Un viernes por la noche, tras pasar un rato con sus amigos heterosexuales, Russell (Tom Cullen) se dirige a una discoteca, solo y con ganas de ligar. Justo antes del cierre se liga a Glen (Chris New). Y así empieza un fin de semana —en bares y habitaciones, emborrachándose y drogándose, contándose anécdotas y practicando sexo—, que resonará durante el resto de sus vidas.

Esta es la sinopsis más o menos oficial de este melodrama naturalista del inglés Andrew Haigh (“Greek Pete”), bien rodado e interpretado, que aplica al ámbito gay las fórmulas clásicas del cine romántico sobre amores fugaces —Estación Termini, Breve encuentro, etc—, aunque sin la riqueza antropológica, el vigor dramático y la hondura moral de ellas. Además, frente a la sutil insinuación de sus referentes, Weekend recurre a un tratamiento del sexo tan explícito, que a menudo cabe considerarlo pornográfico. J. J. M.

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