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Santos Oficios en Roma

Cristo agoniza hoy también en cada hombre y mujer que sufren

El Papa Francisco ha presidido este Viernes Santo, 03 de abril, en la Basílica Vaticana la celebración de la Pasión del Señor, cuando la Iglesia recuerda la muerte en la Cruz del hijo de Dios.

Los verdaderos mártires de Cristo no mueren con los puños cerrados, sino con las manos unidas”, dijo el predicador de la Casa Pontificia, padre Raniero Cantalamessa, durante la homilía encomendada por el Pontífice
 
El predicador del Papa ha comentando conmovido la Pasión, diciendo que Jesús perdonó a sus carnífices y sigue sangrando en las heridas de todos los inocentes del mundo; hombres y mujeres, especialmente niños.
 
“Es Dios quien a los 21 cristianos cóptos asesinados por el ISIS en Libia el 22 de febrero pasado, les ha dado la fuerza de morir bajo los golpes, murmurando el nombre de Jesús”, recordó teniendo como referencia el proceso de Jesús frente a Pilato.  

Decían solamente: ‘Jesús, ayúdame’. Fueron asesinados por el solo hecho de ser cristianos", dijo el Papa al día siguiente de la masacre hecha por los yihadistas del autoproclamado Estado Islámico. "La sangre de nuestros hermanos cristianos es un testimonio que grita”, lamentó. 


Mientras ayer, 147 jóvenes cristianos han sido decapitados y martirizados en Kenia por fundamentalistas, al mismo tiempo que el Papa Francisco ha condenado tanta barbarie este 02 de abril a través de un mensaje de cercanía y pésame para las familias de las víctimas.

¡Aquí hoy, el Cristo sangrante!
 
“Cristo agoniza hasta el final del mundo: no hay que dormir durante este tiempo”, dijo padre Cantalamessa, citando al filósofo Blaise Pascal.
 
Jesús agoniza hasta el final del mundo en cada hombre y mujer sometido a sus mismos tormentos. ‘¡Lo habéis hecho a mí!’ (Mt, 25, 40): esta palabra suya, no la ha dicho solo por los que creen en Él; la ha dicho por cada hombre y mujer hambriento, desnudo, maltratado, encarcelado”, rememora el predicador de la Casa pontíficia.
 
Así ha pedido de no ‘pensar en categorías’ del dolor.  “Pensamos más bien en el sufrimiento de los individuos, en las personas con un nombre y una identidad precisa”, constató.

Los perseguidos, pisoteados y desterrados por su fe
 
En la homilía emerge la imagen actual de los cristianos perseguidos y el dolor de las minorías étnicas y religiosas; maltratadas, desplazadas, exterminadas en varios países: Siria, Irak, Nigeria, Kenia y en varias regiones: Oriente Medio y África.
 
“¡Cuántos “Ecce homo” en el mundo! ¡Dios mío, cuántos “Ecce homo”! – continuó el predicador - Cuántos prisioneros que se encuentran en las mismas condiciones de Jesús en el pretorio de Pilato: solos, esposados, torturados, a merced de militares ásperos y llenos de odios, que se abandonan a todo tipo de crueldad física y psicológica, divirtiéndose al ver sufrir. “¡No hay que dormir, no hay que dejarles solos!”.
 
La comunidad internacional se lava las manos como Pilatos
En la homilía – Cantalamessa explica que la exclamación “¡Ecce homo!” no se aplica solo a las víctimas, sino también a los verdugos. Entretanto, denunció la “ inquietante indiferencia de las instituciones mundiales y de la opinión pública frente” al derramamiento del sangre inocente. “Corremos el riesgo de ser todos, instituciones y personas del mundo occidental, el Pilato que se lava las manos”.
 
Palabras, en referencia con los ataques repetidos del ISIS y de Boko Haram y del fundamentalismo contra poblaciones inermes y el silencio de la comunidad internacional. “Una violencia inaudita” denunciada por el Papa Francisco en varias homilias y discursos.

El perdón, la victoria definitiva del bien sobre el mal
 
El ejemplo de Cristo en la Pasión “propone a los discípulos una generosidad infinita. Perdonar con su misma grandeza", evocó. Al mismo tiempo que esto implica hacer el bien a los enemigos. Así, “la victoria definitiva del bien sobre el mal" está representada "sobre la cruz de Cristo”.
 
“Jesús le ha ganado a la violencia no oponiendo a esa una violencia más grande, pero sufriéndola y poniendo al desnudo toda su injusticia y su inutilidad”.
 
Asimismo, sostuvo que “el problema de la violencia nos acecha, nos escandaliza, hoy que esta ha inventado formas nuevas y horribles de crueldad y de barbarie”.
 
El predicador propuso que el verdadero “Discurso de la montaña” que ha cambiado el mundo no es entretanto el que Jesús pronunció un día en una colina de Galilea, sino aquel que proclama ahora, silenciosamente desde la cruz". Es decir, "un ¡no! a la violencia, oponiendo a ella no simplemente la no-violencia, sino aún más el perdón, la mansedumbre y el amor”.
 
Por último, el Predicador de la Casa Pontificia ha pedido al “Señor Jesucristo” por “nuestros hermanos en la fe perseguidos, y por todos los Ecce homo que hay en este momento en la faz de la tierra, cristianos y no cristianos”.
 
Y luego añadió: “ayúdanos a vencer el mal con el bien, no solo en el escenario grande del mundo, sino también en la vida cotidiana, dentro de las mismas paredes de nuestra casa”.
 
Después de la homilía, la liturgia de la Pasión ha continuado con la Oración Universal y la adoración de la Santa Cruz y se ha concluido con la Comunión.

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