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Crimen de lesa humanidad

El tráfico y la trata de personas es la nueva forma de esclavitud contra la que la vieja legislación abolicionista parece no tener fuerza. No basta la lucha penal ni policial, tal como la realidad demuestra. Es preciso prevenir y curar, luchar para evitar las situaciones estructurales que facilitan la comisión de estos delitos, concienciar a las sociedades de la aberración que esconden todas las formas de tráfico y trata de personas. Ayer en la Pontificia Academia de las Ciencias los líderes religiosos de todo el mundo dieron un paso en este sentido, al comprometerse a trabajar para evitar que la explotación de seres humanos siga siendo el negocio que mayores ingresos genera en nuestros días.La prostitución, el tráfico de órganos, el trabajo forzado o esclavo, generan ingentes sumas de dinero al convertir en mercancía a seres humanos indefensos. El papa Francisco los ha calificado como “crimen de lesa humanidad”. Estas formas de explotación usan las rutas de la emigración y han llegado a financiar el comercio de drogas o de armas. Es cierto que las nuevas formas de esclavitud se ocultan a veces bajo forma de tradiciones culturales, pero también adquieren la forma de actividades económicas que pugnan por ser legalizadas. Ésta es una de las principales tentaciones que acechan a nuestro mundo rico. Caer en esta trampa significaría, ni más ni menos, que una legalización encubierta de la esclavitud.