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La conciencia, en primer plano de la política

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha hecho sendas declaraciones que afrontan la crisis actual de nuestra civilización. Por un lado ha reconocido la importancia de la asignatura de la Religión para educar integralmente a las futuras generaciones, y por otro que el llamado “matrimonio” homosexual no responde a la necesidad de transmitir la vida, necesaria también desde el punto de vista del recambio generacional. No es frecuente que un ministro haga un ejercicio de coherencia con su propia conciencia y con una verdad que muchos tratan de ocultar bajo el manto de lo “políticamente correcto”. No ha faltado la crítica burlona de la portavoz socialista, para la cual “al ministro, que nunca ha ocultado sus convicciones como católico, se le ha visto el plumero”. Pero lo que ha hecho el ministro es ejercer su libertad como ciudadano en el debate público utilizando la razón y sin esconder su condición de católico.Política y conciencia no pueden separarse sin grave riesgo para la calidad de una convivencia democrática. En este sentido Fernández Díaz ha subrayado algo que debiera remover muchas conciencias: que si el 75 por ciento de la población que se declara católica, actuase con coherencia, no se hubiesen aprobado en nuestro país determinadas leyes que están en la memoria de todos. Lo que se espera ahora del Gobierno del que forma parte Fernández Díaz, en coherencia con un programa electoral que pueden suscribir católicos y no católicos, es reformar la educación para favorecer la libertad de todos y defender la familia y la vida desde su concepción.

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