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Línea Editorial 25/02/2013

En un clima de profunda serenidad

Cuando el pasado 11 de febrero Benedicto XVI anunció su renuncia al ministerio petrino, el Cardenal Sodano dijo que las palabras del Papa habían resonado en la sala del Consistorio como un rayo en un cielo sereno. Han sido muchos en estos quince días los que se han quedado sólo con la imagen del rayo, la han distorsionado y han ignorado la segunda parte de la expresiva frase pronunciada por el Cardenal Decano. Todo esto ocurre en un cielo sereno, donde para entender lo que de verdad sucede no hay que leer a Dan Brown, sino simplemente estar atentos a cada palabra y a cada gesto de Benedicto XVI.En ese clima que constituye toda una llamada para que fijemos los ojos en lo verdaderamente importante, el Papa ha publicado un Motu Proprio que deja a los cardenales la facultad de anticipar el Cónclave en condiciones bien tasadas, y ha recibido en audiencia a los tres purpurados que han investigado el llamado caso Vatileaks. Como ha reconocido el portavoz vaticano, es obvio que en todas las instituciones hay diferencias de opiniones que adecuadamente conducidas pueden llevar a dar pasos hacia adelante, pero eso no quiere decir que haya batallas ni complots.Las insidias suelen proceder de quienes se quedan en el estrecho y pobre margen que ofrecen las malas novelas. Son quienes viven dentro de la Iglesia quienes mejor conocen sus debilidades, y quienes precisamente por eso no desfallecen en la batalla del Amor para que, a pesar de la oscuridad, prevalezca siempre la luz de la verdad y la belleza.