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TOROS | Descastada corrida de Alcurrucén en Valencia

La bravura brilla por su ausencia

Una tarde más, y ya van seis, la feria taurina de Fallas en Valencia sigue marcada por el frío ambiental y la mansedumbre de los toros, esta vez pertenecientes a la ganadería de Alcurrucén, en un espectáculo desangelado y sin historia.
Pase de pecho de Diego Urdiales al primer toro de...
Pase de pecho de Diego Urdiales al primer toro de Alcurrucén del festejo. EFE

De 

Valencia, jueves 14 de marzo de 2013. 6ª de Fallas. Toros de Alcurrucén, muy bien presentados y en tipo de su encaste, pero de juego descastado y manso en distinto grado, muy deslucidos para la lidia. Diego Urdiales, silencio tras aviso y silencio. David Mora, ovación tras aviso y ovación. Jiménez Fortes, ovación tras aviso y silencio.La bravura es la excepción de momento en Valencia. En los seis festejos celebrados, tres novilladas y tres corridas de toros, apenas un utrero de Fuente Ymbro y un cinqueño de Adolfo Martín han podido incluirse con pleno derecho en la categoría de los bravos. El encierro de Alcurrucén lidiado hoy, a pesar de su buena presencia y de lucir unas características físicas -lo que los taurinos llaman hechuras- muy acordes con su estirpe de sangre Núñez, no se salió de la norma. Mansos desde su salida, salvo alguna leve excepción, todos acabaron parándose, desentendiéndose o huyendo de los engaños. Ante reses así, y con el molesto viento que sigue sin abandonar el ruedo valenciano, el toreo bueno casi se antoja un milagro en esta feria. Ya el primero de la tarde fue un ejemplar descastado, simplón e insulso, al que Diego Urdiales hizo una faena inteligente, adaptando el trazo de los pases a la altura a la que embestía el enemigo, y siempre con la planta muy asentada. Sacó así muletazos estimables el riojano, pero sin poder remontar la nula emoción que transmitía el de Alcurrucén. El cuarto pegó oleadas y arreones de manso por todo el ruedo hasta que Urdiales le planteó una pelea más exigente, precisamente en el momento en el que el toro pasó a defenderse a cabezazos y forzó a su matador a abreviar el trabajo. Aunque, en tono similar, el lote con menos complicaciones fue el de David Mora. De hecho, el segundo fue el único toro que embistió con cierta calidad, aunque mermada por su escasez de fuerzas. Mora lo pulsó en algunas series estimables hasta que el animal agotó su escaso fondo. Tampoco se empleó mucho el quinto, un toro de variado pelaje que apenas descolgó el cuello para embestir, pero que, al menos, se movió con cierta nobleza. Mora esta vez lo pasó con ligereza en una faena larga a la que en pocos momentos puso ritmo y criterio. A Jiménez Fortes le cupo en suerte un tercer toro muy manso de salida, pero que por momentos, si la lidia era acertada, al menos humillaba y seguía los engaños con emoción. Cuando el viento se lo permitió, el joven espada malagueño dio con los resortes precisos en dos tandas de naturales de valor y mérito y en un final de faena de alardes cercanos a los pitones, pero que dejó sin premio con dos feas estocadas. Mucho mejor, de un valiente volapié, mató Fortes al sexto, un serio toro castaño que se rajó definitivamente en cuanto la muleta se interpuso en sus constantes deseos de huir de las suertes. 

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