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Un reportaje de Laura Otón

Así es la vida de las mujeres inmigrantes cuando llegan a España

Siempre que hablamos de entrada “masiva” de inmigrantes nos dejamos colgados en la misma valla de la que  a veces hablamos, la realidad que acompaña a cada una de esas personas. Una vez que llegan a ciudades grandes ¿cómo consiguen vivir? ¿a quién recurren? Las mujeres lo tienen más difícil.

No todos entran ni de forma masiva, ni por Ceuta o Melilla, algunos como Nicole llegan vía Bruselas. Con poco más de veinte años sintió pánico al conocer como una mujer inmigrante moría al ser deportada por la fuerza. Ella quería un futuro y cogió un autobús a Madrid. Huía de la guerra del Congo era 1998, no hablaba español y solo tenía dinero para dos noches de hotel. Rezando en una iglesia llegó la hermana Beni. Le abrió los brazos y la recogió en el albergue que tiene la asociación Karibu. Apostaron por ella y no solo le enseñaron español, Nicole ha estudiado protocolo y relaciones internacionales, además de muchos cursos de formación,  y ahora devuelve a la asociación lo que tanto le ha dado.

Karibu forma parte de la Red Acoge, todo una estructura de Ongs que como su nombre indica consiguen que los inmigrantes que llegan a estas grandes ciudades españolas tengan unas condiciones de vida digna, y lo que es más importante, un futuro. Karibu en suahili significa “bienvenido amigo de los pueblos africanos”.
Nada más llegar a Madrid son muchos los africanos que tienen en esta asociación todo un referente. Les ofrecen asistencia sanitaria y jurídica, comida y ropa, incluso alojamiento y lo que es más importante instrumentos de futuro. Porque aquí se les da cursos de formación, alfabetización e inserción laboral. Sólo en el centro para mujeres en el barrio de Tetuán se atienden a 100 personas cada día.

Mujeres como Celestine, a sus 34 años llegó de Camerún sin saber muy bien a donde venía, para cuidar de un hermano. Lleva dos años en España y le cuesta creerse que es joven “¿Joven? No, y lo peor es que no he conseguido nada en la vida”. Asegura resignada, pero sin perder esa sonrisa blanco marfil que contrasta con su piel oscura. “Yo sólo quiero trabajar, puedo hacer traducciones del Francés al español. Puedo trabajar en una casa. Soy mujer africana y las mujeres en Africa cuidamos de las casas, ¿Por qué no? Puedo hacer muchas cosas” Reconoce que lo tiene muy difícil porque no tiene papeles, pero no puede regularizar su situación porque tampoco tiene trabajo , y para tener trabajo le piden experiencia. Es una peligrosa espiral de la que muchas se ven incapaces de salir. Pero Celestine asegura que “en África hay un dicho (lo dice en africano y luego traduce) que dice que si te tiras al agua, lo único que puedes hacer es nadar porque si no te ahogas,  y no te preocupes de salir mojado”

Mojada llegó Teresa a Melilla desde Cabo Verde. Lo hizo en patera. No sabe que años tiene, la mayoría de estas mujeres no conoce su fecha de nacimiento. Pero lo que no se le olvida es que tardó cuatro años en llegar desde su país  a Córdoba.  Ahora vive en un albergue de la asociación en Madrid. En Costa de Marfil dejó a sus tres hijos y a su madre. Mali, Nigeria, Argelia,  Marruecos...son algunos de los países por los que anduvo y donde fue violada en multitud de ocasiones. En un español que está aprendiendo, salpicado de palabras en francés ahoga suspiros y lágrimas recordando su terrible travesía. Guarda un amargo recuerdo de su detención en Marruecos, y explica con sus manos pintadas con henna  como dormía en cualquier lugar, un edificio abandonado, debajo de un árbol....Cuando la pregunto si se arrepiente de haber iniciado este viaje levanta por primera vez la voz y hace aspavientos “No, no, eso nunca, no puedo arrepentirme,  por mis hijos tiene que valer la pena”

Hijos que no tendrá la joven de 20 años a la que pone voz Nicole, llegó embarazada a España pero no sabe quien puede ser el padre del bebé porque la violaron por cada país que pasó. Un bebé que ya no tendrá, lo ha perdido en una de sus crisis epilépticas. No tiene tratamiento porque no tiene tarjeta sanitaria. En uno de los centros la asociación Karibu cuenta con voluntarios que pasan consulta de ginecología, dermatología, tienen pediatras y médicos de familia, eso sí,  no hay tecnología para realizar pruebas más precisas.

Por el despacho de Nicole lo que más se escucha es la palabra “trabajo”. “Necesito un trabajo urgente, si te enteras de algo...” La última chica que lo pide no tendrá más de 30 años. Es Nigeriana la madame  para la que trabaja tiene sus uñas y su pelo como prueba de que no la abandonará. Y es que además de las dificultades de este primer mundo en el que buscan una oportunidad, hay que añadir las dificultades desde donde vienen. Las supersticiones y las culturas siempre están por delante, a veces impidiéndoles avanzar.

“La gente piensa que todas las africanas somos prostitutas, y eso no es así” asegura Nicole. “Necesitamos que Europa nos abra la puerta, nos dé una oportunidad porque es verdad que nosotros nos beneficiamos, pero también podemos aportar mucho”.