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No a la anti-política

El inicio de la campaña para las elecciones europeas ha facilitado la manifestación pública de todo tipo de reacciones viscerales contra candidatos, cargos electos y políticos en general. Existe un clima de cansancio y descontento generalizado que parece calmarse buscando culpables. Este tipo de actitudes no son nuevas, aunque poco a poco van subiendo de tono y manifestándose con mayor virulencia. Los escándalos de malversación de fondos públicos o la falta de ejemplaridad irritan a los ciudadanos. Y sin embargo, tampoco la ciudadanía parece saber encontrar el modo de exigir responsabilidades.Está claro que la llamada clase política española no ha sido importada de fuera de nuestras fronteras. Son tan españoles como los ciudadanos que les eligen y son hijos del mismo tiempo. Esto no significa que no haya que exigirles responsabilidades o un comportamiento virtuoso, pero es hipócrita e irreal negar que sus defectos y vicios corresponden a los de la sociedad de la que proceden.La cuestión es tan importante que exige que los cargos electos se comporten de manera ejemplar para reorientar la percepción pública, que los partidos políticos sean transparentes y rindan cuentas, que los medios de comunicación fiscalicen y denuncien sin deslegitimar, y que la ciudadanía se rearme moral y culturalmente para responder con inteligencia ante quienes traicionen la confianza de los electores. La tarea es ardua pero es responsabilidad de todos, porque la anti-política sólo nos aboca al caos.