En Haití hay pocas páginas felices. Tres meses después del devastador seísmo, el caos va dejando paso a una suerte de normalidad llevadera. Tal vez donde mejor se aprecie la ayuda internacional desplegada sea en las escuelas, donde los niños reciben su almuerzo diario. A partir de este mismo lunes vuelven las clases, aunque bajo un concepto bien diferente al existente antes de la tragedia. La prioridad pasa ahora por lograr que superen el estrés postraumático.
El Gobierno de Haití ha puesto en marcha un plan para reabrir las escuelas de forma progresiva casi tres meses después del terremoto, con el objetivo de devolver a los niños algo de normalidad y garantizar que reciben comida caliente, una comida que para muchos será la única que tomen en todo el día.
En su tierna edad siguen sonriendo, jugueteando y saludando a los extranjeros que les visitan en gigantescos campamentos de refugiados, entre los escombros de un país, en el que las huellas más visibles del terremoto se entremezclan con las condiciones de vida más míseras.
Los cimientos de la escuela siguen en pie, pero las instalaciones no han sido declaradas seguras por el Ministerio de Educación local. Por eso, las clases comenzarán progresivamente y bajo tiendas de campaña, el mismo espacio en el que siguen viviendo, en refugios temporales, 1,3 millones de personas en todo el país.