A través de un comunicado escrito con letras recortadas de periódico en un papel que estaba en la boca de la cabeza de una animadora decapitada y que nos fue remitida a nuestra Redacción, las mentes criminales psicópatas de los EE UU quieren lamentar la muerte de "El guardián enrtre el centeno", ese libro inspirador.
Como primera medida, el portavoz de los asesinos en serie ha conducido a la Policía hasta una casa abandonada en el East Village donde los expertos forenses han hallado que alguien ha escrito con sangre en las paredes: “Sigue a la ingente naturaleza generadora en raíz; el summon; dátiles ingiero oscuras sensaciones”. Tras un análisis detallado, un autista adolescente que pasaba por la calle ha averiguado que se trataba de un acróstico… pero se lo ha callado.
Gracias a las conexiones del acróstico, los detectives detuvieron a Jerome David Sengalir, un joven homosexual problemático que ya en el instituto tenía fama de “raro”, que tuvo una mala experiencia en el baile de graduación cuando intentó besar a tornillo a Shelly Martin-Hudgerson –la novia del capitán del equipo de fútbol americano del Instituto Ridell— y que jugaba muy bien al ajedrez. En el momento de su detención, Sengalir, que se paseaba con los menudillos de 34 de sus víctimas en los bolsillos de su chaleco de seda, advirtió que si él era así se lo debía a la lectura apasionada, y al menos en 134 ocasiones, de “El guardián entre el centeno”.
Según manifestó el propio Sengalir antes de ser abatido por un agente del FBI, (un antiguo jefe del equipo de seguridad de Robert Kennedy y, como tal, con una espinita clavada): “Podréis exterminar mi alma, pero no podréis hacer nada cuando en el Día del Juicio no queden friskies, corone Kellogs, Rosebud”.
Con esas palabras, el niño autista y esquizofrénico paranoide fóbico social ha encontrado un patrón que se repite y han llamado a una estudiante de Ciencias del Comportamiento para que no sólo haya hombres en esta narración.
El resto de los asesinos en serie, según ha podido saber La Gallina Ilustrada, sección COPE, también tienen historias parecidas “debido a Salinger y a su perturbadora novela que retrata mejor que cualquier otra, hasta qué punto un adolescente está sumergido un mar de contradicciones y está como las maracas de Machín”.