Así son las Mañanas| Mediodía COPE| La Atalaya| La Linterna| Tiempo de Juego| El Partido de las 12| La Noche de COPE| Dos Días Contigo
Triste despedida de Esplá del coso de Cuatro Caminos

De la luz a las sombras

Santander, lunes 20 de julio de 2009. Casi tres cuartos de entrada. 6 toros de Fuente Ymbro, muy bien presentados –con la excepción del quinto, más justito-, mansos, bajos de casta y de juego deslucido o rajado. Luís Francisco Esplá, silencio en su lote. Miguel Ángel Perera, ovación y silencio. Alejandro Talavante, silencio y división.

comentar  |   imprimir
Rafael Cabrera - 20-07-09

La corrida discurrió como la tarde, empezó luminosa, soleada, alegre y festiva, con una impresionante ovación a Esplá, que sacó a saludar a sus compañeros de terna, y terminó con sombras, nubes, oscuridad y gruesos goterones, sin haber visto torear, ni haber podido disfrutar del juego de los bureles de una ganadería que nos ha dado muy buenas tardes en estos últimos años. De la ilusión de confiar en un buen festejo, a la compungida actitud de los que abandonaron el ruedo sin haber finalizado el festejo, molestos con la débil lluvia que caía como derramando lágrimas por un arte efímero que no llegó siquiera a aparecer, y más molestos por la ausencia de casta en los máximos protagonistas del espectáculo; casta en los toros y casta en los toreros, si acaso con la disculpa del más veterano, con el diestro alicantino que tuvo un lote prácticamente imposible.

Tercer festejo y primera corrida de la feria de Santiago santanderina, y si ayer, en la inicial de las de rejones llovían orejas –no siempre merecidas- hoy han llovido desesperanzas, resignación, desilusión y hasta un cierto hastío en los dos postreros de la tarde. Parece que no tiene suerte Ricardo Gallardo, al menos en las principales palazas de nuestro país: sus toros no están ofreciendo esas cualidades sobresalientes de otros años, esas arrancadas alegres y duración cuasi eterna, esa bravura en los caballos, esa casta en definitiva que es el motor del toro y de la fiesta. Otra tarde más, después de las confianzas que ayer nos hizo concebir la corrida de Mont de Marsan, con juego y cierta bravura en el primer tercio, hoy han pasado sin empujar en varas –con la excepción del primero-, y con la salvedad del segundo sin un buen comportamiento en el último tercio, ante la franela.

Esplá recibió con unas verónicas aceptables a su primero, rematadas con una media buena, el mejor capotazo de toda la tarde. Se llamaba su antagonista Injertador, con 545 kilos, negro, acucharado de cuerna, que casi cumpliría ante los del castoreño, para mostrarse incierto y quedado, a menos, durante el muleteo. Pareó, aseado, pero sin cuadrar en donde lo hiciera una buena porción de años atrás, y salió, tras brindar al inefable Choperita –que hoy estaba en el callejón, como para dejarse ver, algo que brilla por su ausencia en la primera plaza del mundo-, dispuesto. Pero el toro, tras un inicio por alto y bajo, y una serie diestra, al hilo, empezó a protestar pronto, a mirar y a quedarse, y por el pitón comunista yendo con la cara alta y reponiendo incómodo. Soportó alguna vencida del bicho, bien colocado al final, y lo mató de un pinchazo a lo cinegético, tres más, en todos los cuales el bicho le tapó la salida y la entrada, el último hábil, alargando el brazo. En el su despedida del coso, Laborioso de mote –y sólo de ello-, un precioso melocotón de 554 kilos, delantero, con cuajo, pero manso, a menos y rajándose pronto, tampoco pudo hacer gran cosa. Brindó al respetable, y a pesar de que nos gustó más por el pitón izquierdo en el tanteo –aunque saliera un poco suelto-, cogería la derecha –por donde iba algo más brusco y cabeceando-.Tras la segunda serie el bicho dijo que nones, e impares fueron: se fue a tablas y allí intentó Esplá sacarle algún muletazo, pero el toro estaba justamente por lo de no trabajar, se hizo daño en la mano derecha –no sé si como algunos buenos sindicalistas- y hubo que darle la baja laboral de media atravesada, por cuartear, y la invalidez absoluta con dos golpes en el cabello. Ovación muy sonora al abandonar el coso.

Ocurrente, el de Perera, pesó 556 en la báscula, lució capa negra, cuernos delanteros y condición mansa, y aunque embistiendo, algo a menos al final, cuando el prototípico arrimón. Si lo recibió a pies juntos, sin demasiada templanza, pronto siguió dando otros capotazos, perdiendo algo de terreno para parar al bicho, cuestión ésta  -de la ausencia de toreo con el percal- que no está de más que valore el público como habrá de hacerlo el presidente para conceder segundos trofeos. Poco le pegaron en varas –como siempre- y apretó para adentro en los garapullos. El toro -¿por qué será?- flojeaba como siguiendo el guión, y Perera, fuerita o al hilo, comenzó sin forzarle, metiéndoselo a media serie más para adentro, mejorando en la serie inicial. Luego circulares, ligando al dejarle al muletra en la cara, pero estando muy lejos de la rectitud, ya saben, como pivote sobre el que giran las embestidas del Ocurrente. Cogió la izquierda una sola vez, para darle pases de uno en uno, más colocado, eso sí, en redondo, los mejores del trasteo, pero en vez de seguir por ahí, volvería a la diestra para descolocarse, acortar distancias, sobar al toro, agarrarse a los costillares y acabar encimista. Un pinchazo hondo, un aviso –más como siempre- y una entera, casi arriba, buena de veras en la ejecución y ovación. En el quinto, de apodo Incauto, un bicho flojísimo que debió ser devuelto, con 510 kilos, negro y delantero, manso, soso y bajo de casta, volvimos a las andadas. Nada con el capote, refilonazo en varas, tanteo a media altura con medios pases, y mimo enfermeril en el trasteo, descolocado y con bastantes deslucidos enganchones por el cabeceo del toro –y merma del temple-. Hubo algún muletazo suelto, pero tanto insistiría al final, que la gente acabó pitando para que le hiciese caer en la cuenta. Y si no en la cuenta, si en el ferruginoso suelo de Cuatro Caminos, lo hizo doblar de una entera desprendida y atravesada –por salirse-, echándose en tablas. Silencio en las filas, tango famoso.

Talavante ha andado tan perdido y abúlico como sus toros; hoy no ha sido una de sus tardes. Su primero era Aditero, de 516 en la romana, negro mulato y listón, tocado de armas, manso y bravucón, esto es el que parece hacer cosas de bravo siendo manso, rajándose al final. El toro salió distraído, sin clase de los capotazos iniciales, y así seguiría en la muleta, yéndose a tablas a la segunda serie con la zurda. Y allí le daría mil pases, por los adentros, al hilo de tablas, gustándonos sólo una tanda con la derecha, más ligada –o mejor dicho la única ligada-, en redondo y con dominio del bicho. El resto fue aprovechar la querencia del animal para sacar pases sin cuento, con el mérito de robárselos, pero sin mesura. Se pasó de faena, que ya es decir. Y es que el trabajo por horas debe estar de moda, excepto para el laborioso. Un pinchazo sin fe, con desarme, un aviso –Señor, Señor- y una entera arriba, atravesada –ya saben por qué-, necesitaron de 4 descabellos. El desánimo cundió en el último, Laurel –que seco sería-, con 537 kilos, delantero, manso, algo brusco y bajo de casta. Nada con la capa, y casi tanto con la muleta en una faena larga de pocas series, que no dejó aroma alguno. Al hilo  o fuera, llevándolo en paralelo, intentando bajar la mano, pero sin fe, vino una colada –por descolocado- e incertidumbres y dudas a continuación. Con el bicho tardeando, después de un desarme espectacular, lo mató de tres pinchazos sin voluntad, un aviso y una entera arriba, aguantando una larga agonía caminito de… toriles, que del Puerto ya hablaremos.

* campos obligatorios

TU COMENTARIO:

Normas de uso

© Cadena COPE 2010
Radio Popular S.A. - COPE. CIF A28281368, C/ Alfonso XI, 4. 28014, Madrid. Todos los derechos reservados. Aviso Legal