Así son las Mañanas| Mediodía COPE| La Atalaya| La Linterna| Tiempo de Juego| El Partido de las 12| La Noche de COPE| Dos Días Contigo
Todas las semanas en cope.es

Lo que es un toro bravo (III)

Esta semana nos dedicamos a definir uno de los conceptos más importantes en el toro de lidia: la bravura. También se analizará otra característica muy polémica, el trapío.

comentar  |   imprimir
Rafael Cabrera - 13-08-08

¿Y qué es la bravura? Quizá la más amplia, detallada y precisa definición del concepto nos la dejó Luis Fernández Salcedo, último propietario de la legendaria ganadería de Martínez y prolífico e inteligente escritor. Acojámonos a él para intentar definir la bravura. En un artículo de 1985, luego inserto en el libro Seis artículos de Lance, el autor se fija en las características que definen la bravura a lo largo de toda la lidia, y es una obra maestra del género. Fijémonos, sólo, en lo referido a la faena de muleta. Dice así: «La bravura es la resultante de un sistema de fuerzas, o sea el saldo de una cuenta, con su debe y su haber, o más claro, la suma algebraica, de datos a favor y en contra. Del coeficiente de importancia que cada cual asigne a los hechos depende el juicio personal del toro, por lo cual no habrá dos opiniones iguales. Y si en el tercio de varas, repetimos, el gran público se fija poco, y en el de banderillas menos todavía, puede decirse que, en la muleta, se aquilata demasiado. Véase la muestra. Factores positivos: que el toro ande mucho, como se decía en 1950, o que tenga mucho recorrido, como se dice hoy; que embista con el hocico por el suelo; que se revuelva codicioso; que no desarme; que no vaya a tablas; que muera en el centro del ruedo... Factores negativos: que apenas embista; que esté quedado; que tenga mala arrancada; que sea probón; que sea incierto; que escarbe; que eche la cara al suelo; que desarme; que vaya a morir a las tablas; etc. La lista de méritos y defectos no es exhaustiva. Y de la combinación de unos y otros, sale el juicio definitivo.»

Importantísimo es el comportamiento del toro en el primer tercio. Apenas hay toro que tome más de dos varas (una salvaje y un refilonazo) y si exceptuamos los cosos de primera, tan sólo un encuentro con los caballos es suficiente. La vara es brutal, y lo habitual, por tanto, es que el toro acabe repuchándose, saliendo suelto, defecto fundamental en cuanto a la valoración de la bravura. Si importante es que el toro entre alegre, de lejos, metiendo los riñones y empujando de veras, con la cabeza fija, embistiendo en contra de sus querencias naturales o adquiridas, más lo es como sale de la suerte. El toro que sale suelto, o huido, se duele ante el castigo, cabecea, se deja pegar, cornea el peto o hace sonar los estribos, empuja con un único pitón, o anda distraído ante el revoloteo de los toreros a pie, merece un calificativo negativo, quizá, de manso. Seamos indulgentes y atribuyamos a la "brutalidad actual del lance" parte de esta crítica, ¡será que antes no se picaba brutalmente...! En definitiva, y como añadía Fernández Salcedo en su día, “la bravura es de signo creciente” y no basta con manifestarla en el primer tercio, sino que debe mantenerse en los restantes. Pero, ¡ojo!, el toro que no se comporta como bravo en la suerte de varas, por mucho que acometa en los restantes, será un toro muy encastado, pero nunca merecedor de ese juicio y calificativo excelso que reservamos sólo para un número muy reducido de reses: “ha sido un toro bravo”.

Y qué decir del trapío. Otro concepto, desgraciadamente, en franca decadencia, hasta el punto de que algún Reglamento autonómico, como el andaluz, lo ha suprimido en pro de un concepto más vago y etéreo como el de encaste. Trapío, que ya quedó definido, en un editorial anterior, con el concepto que de el toro de lidia tenía el revolucionario Francisco Montes Paquiro, autor de la más importante de las Tauromaquias del siglo XIX. Concepto, por tanto, que ni es nuevo, ni por ser ya antañón, ha dejado de tener plena vigencia. Me gusta, especialmente, la definición que del mismo ofrecía, en 1920 el ganadero Félix Moreno Ardanuy, que había adquirido la célebre ganadería de Saltillo, en su libro “Filosofía Taurina”, que escribiera junto a Manuel Serrano del Cid. En sus páginas escribió el importante continuador de los famosos lesacas, atiendan:

“El arquetipo general de toro bravo es igualmente perseguido por todos los ganaderos. El toro de lidia debe ser corpulento y de mucha presencia, bien proporcionado y fuerte. De articulaciones bien proporcionadas y flexibles. Piel fina. Pelo lustroso, espeso, igual, sentado, fino, suave y limpio. Testuz ancha o dolicocéfalo. Cuernos bien colocados, fuertes, delgados, lisos, tersos, finos, puntiagudos, de regular tamaño y obscuros, negros o verdinegros. Ojos grandes, de fina mirada, salientes, vivos, brillantes y encendidos. Orejas pequeñas, vellosas y muy movibles. Hocico pequeño, fino, elástico, húmedo y negro, o casi negro. Ventanas de la nariz bien abiertas y dilatadas. Cuello flexible, corto, redondo y grueso. Morrillo grande, ancho y levantado. Papada pequeña. Pecho ancho y profundo. Vientre deprimido, pero bien desarrollado. Dorso marcado, pero lleno. Lomos firmes y rectos. Grupa ancha y musculosa. Cola alta, delgada, fina, prolongada hasta pasar los corvejones, y espesa al final. Ancas ligeramente elevadas. Extremidades recias, robustas, nervudas, enjutas, fornidas, y lo más rectas y delgadas posible. Corvejones bien pronunciados. Cuartillas más bien largas. Pezuñas pequeñas, bien redondeadas y hendidas, lisas, elásticas, lustrosas, y del color de los cuernos, o más obscuras y negras. Aplomos buenos. Normalmente constituidos y bien  desarrollados los órganos de generación.”

Hasta aquí la descripción de lo que, para don Félix Moreno, era el trapío o arquetipo del toro bravo. Como pueden haber comprobado, nada se dice del peso, ni de la capa, ni de las particularidades de cada encaste, pues es verdad que cada ganadería puede dar un tipo de toro diferente, y con apenas diez años o poco más o menos, un ganadero puede cambiar por completo el tipo de sus toros.  El peso no es marcador de trapío. Estamos hartos de que se achaque al aficionado torista una pretendida demanda de kilos sin sentido, para lo que los ganaderos tendrían que cebar y acochinar en exceso los toros. Y estamos, igualmente cansados, de ver reses anovilladas en corridas formales con más de 550 kilos, e incluso con más de 600. Por el contrario, se han lidiado reses, en las plazas más toristas, como Madrid, con los 500 kilos justos y aun con menos, que merecieron el aplauso y la admiración del concurso. También es verdad que toros mal presentados, carentes de trapío, merced a su casta y acometividad han acabado siendo aceptados por el público más exigente, haciendo dejación de su presencia, en pro de la más importante de las cualidades que deben caracterizar al toro bravo.

CONTINUARÁ…

* campos obligatorios

TU COMENTARIO:

Normas de uso

© Cadena COPE 2010
Radio Popular S.A. - COPE. CIF A28281368, C/ Alfonso XI, 4. 28014, Madrid. Todos los derechos reservados. Aviso Legal