Así son las Mañanas| Mediodía COPE| La Atalaya| La Linterna| Tiempo de Juego| El Partido de las 12| La Noche de COPE| Dos Días Contigo
URGENTE:
Grecia celebrará elecciones generales en abril
El Fundi y Urdiales, cortan una oreja a victorinos

Las orejas de más peso de la Semana Grande bilbaína

Bilbao, domingo 24 de agosto de 2008. Dos tercios de plaza. 6 toros de Victorino Martín, bien presentados aunque escurridos de carnes -mejor el sexto-, mansos pero encastados. El tercero boyante y noble. El primero, segundo y cuarto, complicados. Sosos y flojos quinto y sexto. José Pedro Prados, el Fundi, ovación y oreja. Antonio Ferrera, silencio y vuelta. Diego Urdiales, oreja y ovación.

comentar  |   imprimir
Rafael Cabrera - 24-08-08

El ganadero acertó en su predicción: nos había comentado que el número 94 saldría bueno, y así fue. No hizo brava pelea en varas, pero fue un magnífico toro en la muleta, con viaje y emotividad, y con nobleza, no como varios de sus hermanos. Fue arrastrado entre una fuerte ovación. El resto del ganado salió como supo y pudo; unos sacaron complicaciones –y de las serias, de las de los victorinos de siempre-; los dos últimos, por desgracia, se cayeron y eso hizo que embistiesen con más sosería, aunque boyante el quinto y a menos el sexto. Hubo presencia, no extraordinaria –que este año echamos en falta en algunas corridas- pero sí cuajo y pitones. Quieren otro ejemplo de trapío… pues véanlo en el video, porque aun con las carnes justas, había musculatura, armonía, tipo, fineza de cabos, pitones y seriedad por los cuatro costados. Pero, si me apuran, el toro de Bilbao fue el sexto de la tarde, que reunía lo anterior con una caja y un remate más espectacular. Dicho lo cual, hay que subrayar la buena disposición de los espadas, que salieron a buscarse el pan, la sal y las fincas, aunque a la postre cada uno estuviese mejor en uno de sus toros. Tarde, por tanto, redonda para el aficionado, tarde de emoción, de riesgo evidente y palpable, de autenticidad, de toros y de toreros dispuestos a todo. Y tras esto, comparen con lo de días atrás, con esos toros mortecinos, inválidos, descastados, flojos y ñoños que vimos días anteriores, ante los cuales tampoco hemos visto a toreros como los de hoy, dispuestos a todo y jugándose la vida con cabeza, técnica y recursos. Yo me quedo, sin lugar a dudas con esta fiesta de los toros.

El primer victorino, de mote de Esloveno, cargaba con 536 kilos, era cárdeno bragado, tocado de dos puntas afiladas, manso, complicado y peligroso, pero con casta. Y el Fundi, una vez más, estuvo en torero, a pesar de ser un toro incierto y peligroso en la muleta, que miraba y se colaba en cuanto podía. Le revolcó en una ocasión, infiriéndole algo más que un puntazo en el muslo –de dos trayectorias de 8 centímetros cada una, que no afectan fibras musculares ni vasos, y de pronóstico reservado-, pese a lo cual seguiría en pie toda la corrida. Luego me explicarán ustedes si eso es no es heroicidad. Volvió a la cara y le sacó una serie, a renglón seguido, con la derecha, de muchísimo mérito, colocado, aunque la gente no lo apreció lo suficiente. Y la siguiente fue como al anterior, tirando y aguantando como pocas, con mando y dominio frente a un animal nada claro. Lo mató mal, sin embargo, un pinchazo caído y una entera baja, necesitando de un descabello al levantarlo el puntillero. En el cuarto estuvo colosal, sin restar un ápice a lo que afirmamos. El toro se llamaba Sabandero, de 518 kilos, cárdeno bragado también, tocado de agujas, y de nuevo manso, complicado, peligroso y con casta. La faena fue puro mérito del de Fuenlabrada, metiendo al toro en la muleta a base de tragar, porque el bicho empezó, siguió y terminó quedándose -a veces a medio viaje- y buscando al torero. Colocado desde la segunda tanda con la derecha le fue arrancando los pases con sacacorchos -eso sí que es, y no lo que hemos visto frente a la borrega inválida de días atrás-, y lo acabó toreando en una buena serie, cogiéndolo y alargando su viaje, y siguió en otra más, en la que el toro no sabíamos si terminaría de pasar o simplemente de entrar. Firmeza, valor y corazón por parte del madrileño, dominando al bicho. Una tanda con la izquierda, bien colocado, como antes, y aguantando las coladas del animal, también tuvo su mucho mérito. Y al cambiar de mano le cogió y le volvería a revolcar, esta vez sin consecuencias. Y, de nuevo, volvió a la cara como si nada y siguió toreando para poder con el toro, sacando dos magníficos derechazos de verdad. Sonó un aviso y lo mató, al fin, de un soberbio estoconazo en las mismas péndolas, del que cayó echo una pelota. La oreja de más mérito de este Bilbao 2008.

A Antonio Ferrera le correspondería Alevoso –un apodo clarividente-, de 529 en la romana, cárdeno de capa, tocado y con cuajo, pero manso, complicado y peligroso como los anteriores; de casta tuvo la justa. Pareó en el segundo tercio, dejando dos pares sobre el pitón, al cuarteo, y un tercero por los adentros de bastante mérito por la escasez de salida. En la franela el toro se revolvía tras quedarse corto en cada pase, a veces a mitad del mismo. Hubo un momento en que Ferrera lo llevó a media altura y consiguió darle tres derechazos, con temple y ligados; pero a mi juicio, a partir de ahí, aun se complicó más el toro, levantó más la cara y empezó a quedarse más corto y sin pasar. Se dobló bien –con pitos de los que vienen una vez al año-, y siguió intentándolo y aguantando bastante. Una magnífica estocada, entera y arriba, ligeramente atravesada, necesitó de dos descabellos. El quinto fue Dirigido, de 524 kilos, cárdeno oscuro, tocado de puntas, manso, aunque boyante y al final algo soso. Lo lanceó de salida con una larga afarolada de rodillas y siguió con verónicas y media apreciables. En banderillas volvió a parear sobrado, sobre el pitón, y mejor en un buen quiebro por los adentros, parándolo de salida a la carrera en los medios. Y con la muleta se encontró a un toro en exceso suavón, con la carita alta, que aunque repetía no terminaba de llegarle a la gente como sus hermanos; habían sido tantas las emociones de los dos anteriores –tercero y cuarto- que el comportamiento de Dirigido les supo a poco. Al hilo, a veces fuera, el pacense fue sacando series con ambas manos, pero sobre la cuarta terminó el bicho por quedarse corto, sin viaje, y aunque había mando y lo llevaba, la faena no levantó los ánimos. Lo mató de un pinchazo arriba, hondo, y una entera, algo trasera y un algo caída, dando una vuelta al ruedo.

Urdiales volvió a quedar de primera en plaza de primera. El tercero era Planetario, un buen toro de 532 kilos, cárdeno, casi veleto de cuerna, manso, pero noble, boyante y encastado en la muleta. Hubo un par de verónicas buenas en el recibo, y tras masear en varas, el toro llegó repitiendo codicioso a la muleta. Tenía mucho, pero que mucho, que torear y Urdiales, primero fuera, pero luego al hilo del pitón, lo fue encelando en el engaño, llevándolo bien y largo, para metérselo en redondo en la cuarta tanda, con mando y dominio. Cogería la izquierda y siguió, más colocado, mandando y templando en redondo –era complicado templar a este toro- en una buena serie, más embarullada la siguiente. Y terminó con la diestra en otras dos buenas tandas, colocado y en redondo. Una faena maciza y completa. Unos adornos para cerrarlo, precederían a una estocada entera, arriba de posición, buena de ejecución, consiguiendo la primera oreja de la tarde, y hasta ese momento la más merecida. El sexto se llamó Miserio, de 570 kilos, un torazo negro entrepelado, tocado de velas, pero manso y flojo, que al final se vino abajo, casi rajándose. Comenzó codicioso en la capa, para mansear discretamente en varas y llegar a la franela algo corto y escaso de fuerzas. Tardeaba en las arrancadas, pero cuando lo hacía entraba con riñones. De nuevo un bicho complicado, al que el riojano le fue dando pases de uno en uno, algo desiguales, al principio de las series algo sucios por que el toro tiraba la tarascada arriba. Mejor colocado con la zurda le sacó tres buenos naturales a media altura y a renglón seguido, al verse podido el toro se quiso rajar. Lo mantuvo en los medios pero ya no había faena, el toro se paró, se quedó sin viaje y tuvo que recolocarse el diestro varias veces. Al término del festejo le dejaría un pinchazo algo delantero y una estocada arriba, oyendo un aviso antes de que doblara el toro. Una corrida plena de emoción, de riesgo y de autenticidad., con toros de diversa catadura y tres toreros dispuestos. ¿Hay algo más grande que una auténtica corrida de toros?

* campos obligatorios

TU COMENTARIO:

Normas de uso

© Cadena COPE 2010
Radio Popular S.A. - COPE. CIF A28281368, C/ Alfonso XI, 4. 28014, Madrid. Todos los derechos reservados. Aviso Legal