Ya saben que en esta sección, cada semana le iremos haciendo entregas de distintos momentos vividos en la Historia de la Fiesta. Además de poder leer la crónica correspondiente, también podrán escuchar el montaje de audio que realizan nuestros compañeros Juan Antonio Machado y Roberto Pablo. En esta quinta entrega, el cronista de ‘ABC’, Giraldillo, escribe sobre la corrida que tuvo lugar en Madrid el 12 de octubre de 1945, donde actuaron los diestros Pepe Bienvenida, Luis Miguel y Morenito de Talavera ante reses de Rogelio Del Corral. Un festejo a beneficio de los huérfanos del Magisterio.
“Al declinar la temporada, cuando ya queda muy poco que ver, surgió esta gran corrida para dejarnos un buen recuerdo de 1945. Ayer cayeron por los suelos muchas leyendas habilidosamente puestas en circulación, tanto que casi son admitidas como verdades tristes. ¡No hay toros! ¡No hay toros para Madrid ni para los ases!
La Dirección General de Seguridad lucha por el decoro de la fiesta, y en la Prensa abundan las referencias de multas que evidencian cómo son los ganaderos; pero así y todo, aun quedan señores como este D. Rogelio Miguel del Corral, que ayer nos sirvió una brava y bonita corrida de toros que, además, eran «cómodos». El ganadero y el mayoral dieron la vuelta al ruedo cuando se arrastraba el toro quinto. Bien; de ello me felicito, y por ello les felicito. [...]
¡Qué gran tarde nos dio Pepe Bienvenida! ¿Con que acabado, Pepe? Cuando hacía el paseo yo notaba una ausencia: la de Antonio. Antonio ha estado ausente este año, y no por su culpa. No; a los Bienvenida, siempre, siempre, con todos los respetos, con toda la categoría. No juguemos con los apellidos que cifran historia, a la bolsa negra de la baja. Ni especulemos con eclipses ni apogeos. Bienvenida, sencillamente. Todo respeto, pues. Ayer salió Pepe por su honor y el de su casa, y, ¡señores, qué tarde de toros! Toro gordo, un poco tardo, por el castigo de la vara segunda, toro al que había que llegarle. Desde los lances templados soberbiamente en que se abrió la tarde de toros hasta la faena cuajada, toda la corrida fue una proclamación. ¡Bienvenida! Toreo de muleta al natural; adornos; conocimiento perfecto de los terrenos y tiempos, todo medido, en grave y austera lección: «Este soy yo; ésta es mi casa». ¡Cómo vería Antonio el triunfo del hermano! cuajado en veteranía, un poco amagado por él y por los suyos. No voy a describir las faenas. Basta decir que las dos fueron de maestro. Entró muy bien a matar, pero como yo nada oculto, diré que lo hizo cinco veces por no aligerar el viaje. No obstante, se le aplaudió y hubo vuelta al ruedo con salida al tercio. En el cuarto, un ensabanao, fue el triunfo. Era el animal algo huído, y Pepe lo metió en la muleta, y una vez que lo hubo conseguido toreó soberbiamente, al hilo de las ovaciones. Mató de media estocada y le concedieron la oreja. En banderillas, ¿qué hemos de decir? Pues nada más que esto: banderilleó Pepe Bienvenida. En el toro quinto puso, de poder a poder, un par... ¿Cómo fue aquello? Yo no hallo más que esta palabra: «sensacional». Rara vez se logra una sensación así, hermanando la emoción al poderío. [...]
Luis Miguel «Dominguín» salió ayer, como Pepe Bienvenida, por su nombre y por el prestigio de una historia. ¿Le gusta a usted Luis Miguel? , me habían preguntado con ocasión de una crónica mía. Lo que ayer vimos me ahorra la contestación. Lo que ocurre es que Luis Miguel es torero a «contra corriente». A contra corriente del gusto ha triunfado en Madrid este torero de Madrid. Luis Miguel no es torero de pies juntos ni de ritmo retardado, en tiempo de vals lento. El triunfo de Luis Miguel tenía que producirse así, sin hurtar la presencia, acudiendo una y otra vez a Las Ventas para rehacer el gusto del público, tan hecho al «pase hecho», uno de los camelos de estos tiempos. Cambió limpiamente de rodilla en el centro de la plaza, al que salió en tercer lugar, y luego toreó muy bien de capa. Lance hondo, perfecto, en el canon de otros tiempos. Diríase que los días -muchos días- han corrido para atrás. Y han corrido para bien, para traernos el recuerdo de otras perfecciones y otros modos. Luis Miguel, no sólo se está haciendo: está rehaciendo el gusto del público. Torero largo, completo, de gran repertorio. Banderilleó muy bien, destacando al quiebro. Tuvo una alegre voluntad que le animó el semblante, de suyo ceñudo, como muy metido en el empeño de que las cosas vayan por otro rumbo, por el suyo. Brindó la muerte de su primero al niño Romualdo de Toledo, hijo del director de Enseñanza Primaria. Comenzó con unos pases de rodillas, aguantando guapamente, sin eso de alzar la muleta a salga lo que saliere, que es la tara de torear de rodilla. De rodilla -¡y toreando!-, no a gatas, comenzó la faena. Luego toreó muy bien, por naturales y en redondo, aguantando mucho. Tan buena había sido la faena, tan caldeado estaba el ambiente por el clamor que saludaba al joven torero, que, a pesar de haber pinchado antes de dar media estocada y descabellar, le dieron la oreja y recorrió el ruedo en triunfo. En el sexto hizo una faena en la que dominó la cabeza. Vio claramente que el toro tardo venía a menos y se quedaba bajo la muleta en el primer tiempo del natural, y desistió de dar espectacularidad a la faena. No hubo más que los pases precisos, y mató de media estocada en lo alto, y descabelló. Fue ovacionado.
No hemos dejado a «Morenito de Talavera» en último lugar por tener en menos lo que realizó en la tarde afortunada. Toreó de capa cerca, estrechándose. Hizo quites adornados, y en el primer tercio fue ovacionado. Banderilleó sus toros y los de sus compañeros. Hizo una faena buena a su primero, algo quedado, y lo mató de un pinchazo alto, una estocada y un descabello. Fue el toro quinto un bonito y bravo ejemplar. Lo banderillearon soberbiamente los maestros, y los tres salieron a saludar. El «Moreno» comenzó su faena con unos pases por alto, quieta y natural la planta, pasándose todo el toro por el pecho. Luego, de largo, citó al natural y fue acortando la distancia muy valerosamente. En el centro empalmó la faena, que tuvo calidad y voluntad. Hubo ovaciones constantes, acompasándose la faena a los gritos de entusiasmo. Tres naturales sobresalieron, y después de unos adornos -que eran oportunos porque el «Moreno» había toreado bien y había dominado- , mató de media estocada. «Morenito» cortó la oreja del bravo toro y dio la vuelta.
«Los tres, los tres», gritaba el público. Los tres salieron en hombros.
Pesos: 440, 436, 427, 430, 430 y 425 kilos.”
Giraldillo.ABC