Hoy la jornada nos ha vuelto a sorprender con su itinerario, que nos ha llevado desde nuestro Hotel Novotel Moriah Classic en Jerusalén, en primer lugar hasta Ain Karén, “fuente del viñedo”, un pueblo o barrio de Jerusalén, rodeado de colinas verdes, en donde viven numerosos artistas, pintores, escritores... que a nosotros los cristianos nos recuerda el nacimiento de Juan el Bautista y la visita de la Virgen a su prima Isabel.
Peregrinación a Tierra Santa 2009
Hemos visitado dos iglesias, la del Nacimiento de Juan el Bautista, “el mayor de los nacidos de mujer”, dijo Jesús, y la de la Visitación de María a Isabel, arriba en el monte, llena de mosaicos con el Magníficat en numerosos idiomas. En la cripta de esta bella iglesia se evoca la tradición que nos cuenta cómo Isabel escondió a su hijo de la muerte decretada por Herodes.
A media mañana, nuestro autobús nos ha llevado hasta el Mar Muerto. Hemos descendido desde las colinas de Jerusalén a más de 800 metros de altitud, hasta los 400 metros por debajo del nivel del mar, el lugar más bajo de la tierra, donde muchos han disfrutado de un baño en sus aguas y de los beneficios de sus barros y sales, famosos por sus propiedades terapéuticas, muy beneficiosas especialmente para los problemas cutáneos.
También hemos visitado Qumram, donde se encuentra el antiguo monasterio de los esenios, una pequeña secta que dejó el legado de sus manuscritos, encontrados en una cueva por un pastor beduino. La arqueología reconoce este hallazgo cómo unos de los documentos más interesantes de los últimos tiempos. Junto a las ruinas de este recinto, hemos disfrutado de una comida y de la adquisición de las famosas cremas del Mar Muerto y de los últimos detalles que vamos a llevar a nuestros familiares y amigos, cómo recuerdo de nuestro paso por esta tierra, la Tierra de Jesús. Hemos tenido tiempo para juntarnos en las instalaciones del hotel y realizar nuestra reunión de fin de la Peregrinación. Palabras de afecto, de reconocimiento para nuestros amigos Sergio, Yarón, Luis, José Antonio y Javier, afecto mutuo y amistad que perdurará por los tiempos, pues hemos compartido, nos hemos reconciliado, hemos caminado y hemos llegado a nuestra meta, aquí hemos sido felices y queremos que esta felicidad perdure.
Shalom.