Arnedo (La Rioja), martes 30 de septiembre de 2008. 4ª de Feria. Tres cuartos de entrada. Novillos de Palha, bien presentados aunque de desiguales hechuras. Más armónicos los tres primeros, más cuajados los tres últimos. Descastados y sosotes los tres primeros. Encastado y de buen juego el 4º, ovacionado en el arrastre. Mansos los dos últimos. Julián Simón, silencio y silencio tras aviso. Alberto Lamelas, silencio en ambos. Abel Valls, silencio y silencio tras aviso.
Las dos novilladas que venían al Zapato de Oro de Arnedo con el marchamo de ‘toristas’ han defraudado. Si el sábado hablábamos de la sosería de La Quinta hoy ha sido el hierro portugués de Palha quien ha dado muy pocas opciones a la terna que se ha puesto delante de ella. Una novillada que ha tenido dos partes distintas. La primera con tres novillos bien hechos, de preciosa y armónica lámina que han embestido con una sosería desesperante. Si nos dicen que son novillos de un hierro de los denominados ‘comerciales’, nos lo creemos. Los tres últimos han tenido más cuajo, aunque de nuevo acompañado de buenas hechuras. El cuarto ha sacado casta y movilidad, claramente ha sido el novillo de la tarde. Mientras, los dos últimos han mostrado mansedumbre.
Con este material, el balance final de los tres novilleros ha sido idéntico. Seis silencio, seis, con un público excesivamente frío y sin valorar a veces el esfuerzo de los novilleros.
Como decíamos, el cuarto novillo cayó en manos de Julián Simón. El madrileño quitó por faroles entre la indiferencia del público y comenzó su faena sin doblarse con el novillo. Se echó la muleta a la derecha sin terminar de someter la vibrante embestida del ‘palha’, que pedía todo por abajo. Acompaño más que toreó y siempre se mostró por debajo de las condiciones del utrero portugués. Por la izquierda sacó varios naturales de mérito por aguante y largura, pero han sido un oasis dentro de un conjunto desangelado que nunca ha llegado a los tendidos.
Con el que abrió plaza, Simón puso voluntad ante un novillo que nunca terminó de definirse y se movió con sosería y acabó muy a menos. Los toques bruscos del novillero tampoco ayudaron a resolver la papeleta.
Volvía a Arnedo después de su entregada actuación el año pasado Alberto Lamelas. Pero esta vez con ha conseguido llegar a los tendidos como lo hizo en esa ocasión. Su primero fue un animal desesperadamente soso con el que un novillero del corte de Lamelas no luce. Sufrió dos desarmes durante el trasteo que hicieron que el público no tomase en cuenta lo que estaba realizando el jienense.
Al quinto lo recibió a portagayola y después le recetó dos largas más en el tercio de nuevo entre la indiferencia de la afición arnedana. El novillo sacó mansedumbre y genio en el último tercio y Lamelas se fajó en una labor más a la defensiva que de lucimiento. Estuvo más de en una ocasión a merced del novillo pero logró salir del trance con más pena que gloria.
Abel Valls hilvanó una faena de largo metraje al noblón tercero, un animal que no tuvo una mala idea y con el que el castellonense se esforzó en la distancia corta. Se le notó a gusto metido entre los pitones pero al conjunto le faltó la emoción que no tuvo el novillo.
En sexto lugar pechó con el novillo más manso y peligroso del encierro, al que intentó sacar algún muletazo limpio pero que fue imposible por la geniuda condición del astado de Palha. Al ver que aquello era imposible, se dobló con él y abrevió.