Logroño, jueves 25 de septiembre de 2008. 5ª de Feria. Casi lleno. Toros de Zalduendo, desiguales de presentación, alguno anovillado y tapándose por la cara. Mansos y descastados. Manejable el 1º, el resto de poco juego. Enrique Ponce, silencio y saludos tras aviso. El Juli, silencio tras aviso y silencio. Diego Urdiales, silencio tras dos avisos y silencio tras aviso.
Ya se sabe y se supone que cuando varias figuras se juntan en un cartel junto a una corrida de las llamadas ‘comerciales’ el fracaso es más que seguro. Y así ha sido, Enrique Ponce y El Juli se acartelaban esta tarde en La Ribera ante un encierro de Zalduendo. Y no ha habido que esperar a la noche para ver el espectáculo de petardos y cohetes en la capital riojana. La corrida de Zalduendo ha sido mansa y descastada hasta decir basta. Y el lucimiento de la terna, una utopía.
Enrique Ponce, sin embargo, tuvo en sus manos el único toro con posibilidades en el último tercio. Fue el astado de Fernando Domecq que abrío el festejo, que llegó manejable y sin complicaciones insalvables al último tercio. Pero el valenciano anda de vuelta para estas guerras de guerrillas y nunca quiso meterse en exceso con él. Faena ligera, siempre hacia afuera y colocado al hilo. Tampoco es que el toro pidiese un esfuerzo máximo, pero sí un poco más de predisposición por parte del diestro, que cumplió el trámite con más pena que gloria.
El cuarto también se dejó, menos eso sí que el primero, pero Ponce tampoco terminó de pisar el acelerador. Sobresalió una tanda al natural, que el respetable no tuvo en cuenta por la insustancial labor del valenciano hasta ese momento. Después lo siguió intentando, esta vez a pies juntos, pero el toro se vino abajo irremediablemente. Saludó una ovación que sonó a despedida de Logroño y su afición.
El Juli ha sido el peor parado de la corrida de Zalduendo. Si el segundo no tuvo entrega durante su lidia, el quinto fue el garbanzo negro del deslucido lote del hierro cacereño. Con el primero de su lote El Juli firmó un trasteo firme y seguro por ambos pitones, de gran técnica y alargando los muletazos sobre todo por el pitón diestro. Trasteo más para aficionados que para el gran público que abarrotaba los tendidos del coso logroñés.
El quinto, como decíamos, fue el toro de peor condición de la tarde. Un astado de buenas hechuras que no respondió con casta y que echó siempre las manos por delante para embestir sin clase ni entrega. El Juli no se dio coba y vistas la nulas posibilidades del astado hizo bien en machetear por abajo y liquidar al toro de una buena estocada tras dos pinchazos previos.
Volvía Diego Urdiales a Logroño tras el indulto de ‘Melonito’ de Victorino Martín el año pasado y se ha visto que el anunciarse con hierros más edulcorados de casta no siempre es sinónimo de que salgan mejor las cosas. Con su primero estuvo entonado en un buen inicio de faena, vibrante y sometiendo por abajo al toro. Pero éste se vino abajo y con ello la faena del arnedano, que terminó aburriendo al personal en un trasteo largo y sin lucimiento final.
El sexto pareció embestir con más gas que sus hermanos, pero fue un espejismo que duró un suspiro. Cuando parecía que el trasteo de Urdiales empezaría a tomar vuelo el toro se fue a tablas y con ello las esperanzas de que la faena llegase a cotas más altas.