Logroño, martes 23 de septiembre. 3ª de Feria. Más de tres cuartos de entrada. Toros de Fuente Ymbro, el 2º como sobrero, bien presentados aunque desiguales de hechuras. Todos astifinos. 1º noble y con calidad. Encastados 2º, 3º. Manso y con genio el 5º. Bravo el 6º, de nombre Primoroso, bravo, premiado con la vuelta al ruedo
Si alguien todavía estaba con la duda de que Miguel Ángel Perera es el torero más en forma del escalafón hoy ha tenido una prueba más que suficiente para corroborarlo. Tres orejas, una faena de buen nivel en su primero y un faenón con el bravo que ha cerrado el festejo.
Su gran faena, como decimos, ha llegado en el sexto, un toro bravo al que entendió perfectamente el extremeño, dándole siempre sitio en los cites y templándole una enormidad, haciéndole siempre las cosas por abajo, a lo que respondió el de Fuente Ymbro rebosándose en sus embestidas. Comenzó el trasteo con su tradicional pase cambiado en los medios a los que siguieron varias tandas en redondo de mano baja y ligadas. Pero la faena comenzó a coger vuelo cuando se echó la muleta a la zurda, por donde desgranó una tanda al natural profunda y enganchando muy adelante al toro. A partir de ahí Perera fue exigiendo cada vez más al toro, siempre por abajo y llevando al toro a milímetros de la muleta pero sin dejar que le tropezase nunca el engaño. De nuevo en redondo, la faena subió hasta cotas muy altas, con el toro y el torero totalmente entregados. El ganadero comenzó a pedir al torero no matar al toro y el diestro lo intentó con una serie más de pases de las flores ligados a los que el toro no terminó de responder. Finalmente el torero entró a matar dejando una estocada trasera después de un pinchazo. El toro tuvo muerte de bravo y se le premió con la vuelta al ruedo póstuma. Al torero le fueron concedidas las dos orejas. Bravo toro y bravo torero.
Antes, en su primer toro, Perera cortó una oreja por un trasteo ante un toro encastado y nada fácil al que el de Puebla de Prior fue metiendo poco a poco en la muleta a base llevar siempre muy toreado al de Fuente Ymbro. Por la izquierda sobresalió una tanda de profundo trazo a la que siguió un arrimón que caló con emoción en los tendidos. La estocada cayó trasera y el presidente decidió con buen criterio sólo otorgar una oreja.
Otra labor de mucho fondo la realizó El Juli al toro que abrió el festejo. Julián, que había firmado un ajustado quite por chicuelinas en el segundo tercio, dosificó perfectamente al toro, en una faena cada vez con más mando. La técnica aplicada fue perfecta, haciendo romper hacia adelante al toro, que acabó entregado a la muleta del madrileño. Por el pitón izquierdo no hubo tanto entendimiento, pero de nuevo por la derecha volvió a subir el nivel de la obra. Paseó un trofeo de mucho peso.
Con el quinto, un toro que cantó buenas condiciones en los primeros compases de su lidia, se rompió una pata durante el tercio de banderillas. El Presidente, que había cambiado al segundo toro de la tarde en idénticas circunstancias, se negó ha hacerlo en esta ocasión, perjudicando manifiestamente a El Juli, que sólo pudo entrar a matar después de ser banderilleado el ejemplar de Ricardo Gallardo.
Quien sigue en un bache preocupante es El Cid, una sombra del torero que hemos visto en otras temporadas no muy lejanas. Peleado con todo el mundo y muy a la defensiva se mostró durante sus dos toros. Su primero tenía clase a espuertas, pero se partió una pata antes del tercio de banderillas. En esta ocasión el Usía si decidió cambiar al astado lesionado y en su lugar saltó un sobrero flojito pero que sacó castita en el último tercio. El de Salteras estuvo desconfiado y sin fijar nunca los pies, quedando el conjunto muy movido y sin sensación de poder.
Con el quinto, un animal mansito pero con genio en sus embestidas, anduvo a la deriva. Ligero, sin apreturas en cites y embroques, sufrió por ello una volterera al quedar a merced del toro por su colocación en el muletazo. Después el toro se rajó pero El Cid no apostó por sacárselo a los medios ni intentó aplicar la receta que pedía el toro, muleta en la cara y tirar mucho de él. Mala imagen la ofrecida por El Cid.