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Los de Fuente Ymbro, por encima de la terna, se fueron con las orejas puestas

Cambio en el panorama ganadero

Bilbao, sábado 23 de agosto de 2008. Dos tercios de plaza. 6 toros de Fuente Ymbro, de irreprochable presencia, de juego y bravura desigual, abundando la boyantía en la muleta. Pepín Liria, silencio en ambos. Juan Bautista, ovación en ambos. David Fandila, el Fandi, palmas y ovación.

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Rafael Cabrera - 23-08-08

Al fin vimos casta, aunque no fuera en todos los toros. Segundo y tercero la regalaron con generosidad, y embistieron cuarto y sexto; se vino abajo el quinto y el primero, a mi juicio, lo ahogó su matador, Liria. Fue una tarde interesante desde el punto de vista ganadero, quizá no redonda, pero con muchísimos matices, con toros que hicieron peleas desiguales, pero que cambiaron el panorama desalentador que, en buena medida, llevábamos esta semana. Ya se sabe que cuando sale el toro con casta, o embistiendo a raudales, suele mostrar más las carencias de los matadores que sus virtudes, en muchos casos, de ahí que buena parte de la torería andante prefiera el toro inválido, soso, aborregado, del que tantos especialistas tenemos en su cría en España. Ricardo Gallardo, además, ha enviado un encierro de magnífica presencia a Bilbao; toro de esta plaza, sin romana exagerada, pero con trapío más que suficiente, con cuajo, musculatura y pitones (el segundo algo estrecho de sienes). Para los demagogos del término, los que siempre andan buscando colarte la sardina, buena referencia de lo que quiere el aficionado, sin los kilos de Pamplona, pero con el cuajo y hechuras de los de Madrid. Eso es trapío, y no los bichejos que en tantas ferias se cuelan con mil excusas. 

 

Pepín Liria recibió el homenaje de la plaza en forma de aurresku de honor. Esto de la despedida le está sirviendo para recibir homenajes por doquier, torear más que ningún año y recoger una buena cosecha, pero no está correspondiendo en toreo como los aficionados esperan. Su primero se llamaba Jurador, de 531 kilos, berrendo en cárdeno, salpicado, botinero, gargantillo y careto, tocado y muy bien puesto de pitones –algo bizco el izquierdo-, que cumplió en varas sin demasías, y que fue soso en la muleta, aunque a mi juicio el diestro lo ahogó y no lo trató como debiera. Empezó pegando algún tornillazo en la franela, mientras que el murciano se parapetaba fuera y despegado, pero luego se quedó sin clase  en sus embestidas –al acortar distancias el matador- y así siguió el resto del trasteo. Hubo de dárselos de uno en uno, desde fuera o al hilo, lo más, saliendo algunos muletazos sucios. Ni uno, ni otro. Tres pinchazos bajos, huyendo sin decoro, y desde fuera, sin cobrar estocada, un descabello firmaron su labor. El cuarto, de nombre Amargado, de 551 kilos, negro chorreado en morcillo y listón, era también algo bizco del zurdo, manso pero boyante, aunque al final consiguió el diestro que acabara por no embestir. Comenzó algo corto en el tanteo, cabeceando, pero se vino arriba, y siempre desde fuera, con el pico y despegado Pepín lo llevó sin clase, para descubrirse en alguna que otra ocasión, ciñéndose el toro. Visto lo visto, optó por quitarle la muleta a medio pase, no enseñársela, acortar distancias, y a pesar de que el toro seguía codicioso, acabó por no terminar de pasar al final. Enseñar al que no sabe, se llama a esto, pero no como virtud, sino como defecto. Una entera tendida y atravesada, saliéndose y a no usar el descabello por si fallamos, provocando la lenta agonía del animal. 

 

El segundo fue un gran toro que Bautista no terminó de aprovechar convenientemente. Le habían puesto Avileño, de 561 en la romana, castaño y delantero de púas aunque algo prieto, manso, pero boyante y noble, con casta, aunque no anduviese sobrado de fuerzas. El toro se arrancaba largo y supo el diestro francés darle las distancias al principio de la faena, al principio en paralelo y colocado al hilo, pero luego metiéndolo más en redondo y ligando con más clase. La faena fue a más y cogió la zurda para, bien colocado, darle una buena serie de naturales, con el toro escaseando algo de viaje y yendo a más en lo sucesivo. En la siguiente, con la diestra cayó el trasteo, acortó distancias y le quitó esa alegría el que toro había mostrado en las tandas anteriores, y lo mismo en la siguiente. Un pinchazo caído, otro arriba y una entera arriba, le privarían de más recompensa que una ovación. Al quinto le nombraban Jaleo, tenía 560 en la tablilla, tocadas las puntas y capa negra con lista. Fue bravo en los caballos aunque se vino abajo en la muleta. En la primera vara derribó con estrépito, resultando el picador conmocionado y retirado a la enfermería, donde le apreciaron una fuerte contusión en la región sacro-ilíaca izquierda, con dolor irradiado a esa zona, aunque movilidad conservada (se le trasladó para estudio radiológico). Llegó el toro a la franela pidiendo guerra, como el segundo, largo y alegre, pero duró apenas tres series antes de quedarse más corto y más soso. Bautista estuvo voluntarioso, colocado al hilo, al principio supo darle esas distancias, luego las acortó, y aunque se lo metió en redondo, no hubo profundidad en el muleteo, y tuvo que corregir terrenos varias veces por el escaso viaje. Un nuevo pinchazo arriba y una entera algo hacia el rincón motivaron que el toro fuese a tablas y se echase. Estuvo elegante y variado con la capa toda la tarde.

 El Fandi, lo decimos casi siempre, es un torero variado y alegre con el capote –hoy lo ha vuelto a demostrar-, que da espectáculo en banderillas –no siempre clavando en la cara, hoy sólo un segundo par de su primero y un violín en el último-, pero que con la muleta es una verdadera calamidad. Hoy la gente, en el tercero se lo ha recriminado a viva voz toda la faena. Y es que ese Pegajoso tenía mucho y bueno que torear. Pesaba 552 kilos, lucía capa negra con lista, delanteras las armas –algo bizco del zurdo-, y aunque mansa, condición encastada, boyante y noble. Repetía con clase en los inicios, largo y con codicia y todo fueron dudas, rectificaciones y paso atrás perenne, siempre colocado hacia las afueras y en paralelo los muletazos. Vimos un buen natral en la quinta tanda, pura ilusión porque la faena volvió por donde iba, y puestos a descubrirse el granadino no es nadie. Un severo bajonazo, saliéndose y con desarme, llegó a ser aplaudido por algunos… quizá porque les recordaron las carreras en banderillas. En el sexto, Ibicenco, de 590 en la báscula, negro listón y delantero, manso pero embestidor –al final soso-, volvimos en buena medida a lo mismo, aunque sin tanto paso atrás. Variado y alegre con la capa, pareando a toro pasado, y ante las embestidas francas del toro, siempre al hilo cuando más, fue llevándolo despegado en función del pico y sin clase, con nuevos descubrimientos y una pérdida muleteril. Un pinchazo bajo y atravesado, y una entera caída y tendida, con nuevo desarme –y nuevos aplausos-, pusieron punto y final a una corrida interesante y desaprovechada por la terna. Si éstos llegan a  salir ayer…

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