Tras la ilusión de unos festejos como deseamos se sucedan siempre en la plaza de Las Ventas, volvimos esta tarde a la cruda realidad. Parecía una corrida más de la feria de San Isidro, y no de las más amenas que hemos contemplado en la del Aniversario. Y la cruda realidad nos devolvió al ganado con apellido pero sin casta. Ni lo de Domecq, ni lo de Bohórquez, ambos lo mismo, tuvieron ni fuerzas ni casta que llevarse a la boca. Presencia desigual, porque trapío no significa tener pitones por delante, astifinos hasta la exageración y nada más, especialmente por detrás, que es por donde deben verse los toros en primera instancia. Y trapío hubo poco. Y fuerzas menos: dos fueron devueltos, pero es que los que se quedaron besaron el suelo hasta en doce ocasiones más, buen resultado para cuatro toros.
Pero es que los toreros estuvieron casi igual, desdibujados, apáticos en buena medida. Abellán y Uceda han dado en vez de un esperado paso al frente, un paso atrás, como alguno de los vistos durante el trasteo de sus respectivos toros. Tejela, al menos, puso más ilusión y ganas en el que cerró plaza, no así en el tercero, y encandiló al público de la solanera –que hoy helado, tenía que moverse como fuera-.
Uceda, vio en primer lugar a un Delincuente, de nombre, y casi de intenciones, porque manifestó mansedumbre, flojedad, descaste y complicaciones derivadas de ello. Negro listón, de 535 kilos, empezó cayéndose antes de la primera vara, y siguió, ya en la muleta, calamocheando algo por falta de energías vitales. Con lo cual Uceda optó por no bajarle la mano y largar tela como si de galeón perseguido por bajel pirata lleno de delincuentes se tratara. Es verdad que el toro se defendía, pero no atacaba, desde luego y llegó a repetir en algunos lances. Con la espada tampoco se distinguió el capitán, entera caidita, yendo bien y algo rápida. En el cuarto, Vampirito, 581 en la báscula, negro listón, con dos velas, pero manso, sin viaje y complicado, tampoco se la jugaría; apenas llegaría a apostar por él. Mal picado –le quitaron sangre en vez de dársela a este vampiro-, a la tercera serie, pleno de desconfianzas el diestro, se dobló, fue por la espada y se la embutió exactamente igual de ejecución y posición que la primera. Sin fuerzas y cabeceando un poco, no sólo no se comía a nadie, sino que ni aun le chupaba la sangre al ser de día –claro, así estaba de moribundo-.
Abellán, viendo como se llevaban al toril a su primero, optó por lidiar al supuesto quinto, Juguetón de apodo, 524 en la romana caprichosa de Las Ventas, castaño, bizco de pitones, manso y yendo a menos, sin casta ni fuerzas. Al menos lo intentó con unas verónicas de recibo aceptables, pero con la franela, desde fuera y llevándolo en paralelo, apenas se lo metía un poco a medio pase. Sí, ya sabemos que los toros flojos a veces entran cabeceando, pero éste no tenía más que ganas de jugar, sin mala intención. Mucho pico para sacárselo, antes de meterlo, a la cuarta tanda optó por dárselos de uno en uno y al final, con el toro sin viaje apenas, ligó los tres mejores de su escasa faena. Con la espada le sacudiría dos pinchazos desprendidos con desarme, otro conservando muleta y una entera arriba, atravesada, sonando un aviso del nefasto Don Trinidad. El quinto fue un sobrero de Pereda, Canario, de 523 kilos, negro listón, manso y complicado. Hasta seis veces entró al caballo para salir huyendo en todas, sin contar con las que pasó por allí y escurrió descaradamente el bulto; así que imagínense la lidia recibida. Lo trasteó con exceso de precauciones, desde fuera, con algún paso atrás y lances sucios –quizá por el viento que sopló con más fuerza entonces-. Cuando empezaron a sonar pitos en la quinta serie cogió el acero y le dio un bajonazo y tente tieso, que requirió un descabello.
Tejela tampoco hizo nada con el tercero, Faraón, con 604 en la tablilla, negro salpicado por abajo, manso, soso, corto y sin casta. Lo lanceó a la verónica en el tercio, vale, pero con la muleta se confiaría muy poco. Con pico por medio, desde fuera y hacia fuera, no aportó nada al mundo tauromáquico en esta faena corta y sucia. Tres tandas y a por la tizona; y con ella una entera, desprendida, bien de formas, y a otra cosa, faraón. El sexto bis, devuelto el anunciado, era también de Pereda, de mote Culoncito, que también son ganas de señalar. 536 kilitos y parecía más que el devuelto con sus 623 –…las costumbres licenciosas-, negro, con poco culito –con perdón-, manso de coz en el caballo y visitas a toriles, y sin casta. Pero al menos le sacó alguna serie más que sus compañeros, en el 5, es cierto, donde son agradecidos hasta el extremo y aplauden con tal de que el matador les visite de vez en cuando. Ahora bien, el trasteo careció de correcta posición en la mayor parte, lo más al hilo, y cuando se cruzaba le enseñaba la muleta a un lado –nada que comentar, porque así lo hacen hasta los orejeados de estos días atrás-, pero con escaso recorrido. Los pases eran, a lo más, de un metro o menos, mediada la faena, ni el toro daba más de sí, ni el torero lo intentó, porque si tiraba… lo tiraba. Lo hizo en dos derechazos, y al tercero el toro perdió las manos. La sosería caló en los tendidos de sol, y a punto estuvieron de darle una oreja -poco solicitada desde el siete al diez-, tras una estocada entera, más que desprendida y un pelo menos que caída.
Queremos una feria de San Isidro como las tres corridas finales del ciclo isidril y las cuatro centrales de ésta del Aniversario. Los Choperita no se merecen esta plaza, ni nosotros que nos sigan tomando el pelo con estos bodrios isidriles.