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Una nueva entrega en esta sección

Crónica de antaño: 'Belmonte no tiene piernas'

Ya saben que en esta sección, cada semana le iremos haciendo entregas de distintos momentos vividos en la Historia de la Fiesta. Además de poder leer la crónica correspondiente, también podrán escuchar el montaje de audio que realizan nuestros compañeros Juan Antonio Machado y Roberto Pablo. En esta sexta entrega, el cronista de ‘ABC’, R.S.G, escribe sobre la corrida que tuvo lugar en Sevilla el 11 de junio de 1925, donde actuaron los diestros Juan Belmonte, Algabeño y Niño de la Palma quien tomaba la alternativa, ante reses de Félix Suárez.

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Redacción El Albero - 05-03-09

“Belmonte en Sevilla no ha utilizado las piernas para nada. Todo lo ha hecho con los brazos. Con los brazos, moviéndolos muy despacio, dio aquellas verónicas al tercer toro. Las piernas, inmóviles, las tenía clavadas en el suelo. Con el brazo izquierdo le dio también a ese toro los dos pases naturales más grandes que hemos visto hace muchos años. Las piernas, lo mismo, quietas, rígidas; los pies, juntos, fijos y así toda la faena inenarrable, llena de arte, de Naturalidad, de suavidad, de elegancia, pasando el toro lentamente detrás de la muleta, como sucedía antes, cuando toreaban los Gallos y Belmonte. Ahora el toro pasa cuando quiere. Unas veces, antes que la mano que manda. En Sevilla, no; en Sevilla el toro pasaba cuando quería Belmonte... Para qué seguir. Ese toro murió como tenía que morir después de aquella faena. Una estocada alta, en su sitio, y luego el delirio. Las dos orejas, el rabo, petición de las patas, paseo en hombros por el ruedo. Un cojo le tiró la muleta. Ese espectador era el que mejor comprendía lo que había hecho Belmonte. El hombre no sabía explicarse cómo se podía torear así, sin piernas.Pues bien; aún nos gustó más en el cuarto toro. El bicho derrotaba alto, y Juan le atizó cuatro muletazos de maestro. Los cuatro seguidos, por bajo, de castigo; el toro parecía una pescadilla, se le juntaba la cabeza con el rabo. Con el estoque no tuvo suerte al herir. Tampoco, es verdad, hubo decisión al arrancar.El Niño de la Palma alcanzó un éxito rotundo, definitivo. El público estuvo frío con él en el primer toro. Cayetano Ordóñez comprendió que se lo jugaba todo en esta corrida, y que para triunfar había que jugar limpio, y jugando limpio ganó el de Ronda su partida. Se rompió el hielo, y en el sexto toro cortó una oreja. En Madrid también la hubiera cortado. Estuvo muy torero y muy trabajador toda la tarde. Bien colocado, oportuno en los quites, mandó, paró, templó, y hasta nos pareció que estuvo valiente. Satisfecho puede estar de su alternativa. Se la daba el maestro, y había que hacer honor a tal padrino. Pese a quien pese, ese niño es torero y será torero se oponga quien se oponga. Con las banderillas no nos gustó. [...]También tuvo Algabeño una gran tarde. Toreó y mató bien a sus dos toros, y estuvo sobre todo muy valiente. La fiesta de toros es una fiesta de valor, y Algabeño supo hacer honor a la fiesta.El quinto toro le dio un puntazo en la frente, y él siguió toreando sin secarse la sangre. El gesto, un poco infantil, tuvo su público. Cuando dobló el toro se marchó a la enfermería. Lo curaron, y aún salió a tiempo de que lo sacasen en hombros. Por no ser menos que los otros, también cortó una oreja en su primer toro.¿Los toros? De Félix Suárez, salieron manejables y bravillos.R.S.G. ABC

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