Nuestro corazón salta de gozo, ayer fue una jornada llena de emociones, de sorpresas, de vivencias que guardaremos en nuestra memoria, y por qué no, en la carpeta de nuestro ordenador, en la retina de nuestros ojos, para compartirlas con todos los que queremos. Hoy iniciamos nuestra andadura por Tierra Santa. En mi caso son muchas las ocasiones en las que he caminado tras los pasos de Jesús en la Galilea, pero en cada una de ellas, no dejo de emocionarme y sentir la fuerza que emana esta tierra.
Estamos de nuevo en Tiberias, nuestra “posada” a orillas del lago, de vuelta de nuestra visita a Cafarnaún, “ciudad hermosa” según San Jerónimo, o “aldea del consuelo” según Orígenes. Nos recuerda Cuartero que era la segunda ciudad de Jesús, centro de la primera etapa de su magisterio apostólico. Aquí Jesús curó a un leproso, a un paralítico, resucitó a la hija de Jairo y moró en numerosas ocasiones en la casa de la suegra de Pedro, cuyas ruinas hemos contemplado debajo de un templo octogonal. También aquí, hemos visitado las impresionantes ruinas de la Sinagoga del siglo IV.
Tabga, lugar muy cercano a Cafarnaún, donde la tradición nos ha recordado a Jesús pronunciando las Bienaventuranzas (que tan fielmente reflejan su rostro y su biografia) y donde dio de comer a más de cinco mil personas, tras el milagro de los peces y los panes. Sobre los cimientos de la iglesia del siglo V y en la actual, consagrada en 1982, hemos contemplado los mosaicos con dos peces y un cesto de pan, que todos los peregrinos hemos fotografiado y nos ha hecho identificarnos con los primeros cristianos. Hemos recordado a Jesús, que al sentir la necesidad del encuentro con el Padre, se apartó de la multitud ocultándose en algún rincón del monte para entregarse a la oración. En este lugar, en la ribera norte del lago, junto a la Iglesia de las Bienaventuranzas, hemos compartido el Pan en la Eucaristía oficiada por nuestro guía espiritual el “Padre Luis”. La primavera viva y bella como nunca, ha servido de marco para nuestra reflexión sobre las Bienaventuranzas que Cristo nos ha dejado como propuesta de vida.
Hemos visitado la Iglesia del Primado o “Mensa Christi”, edificada sobre roca firme, donde Jesús dio de comer a sus Apóstoles después de resucitado y confirmó a Pedro cómo pastor supremo de su rebaño. Tras pasar la mañana alrededor del lago, hemos embarcado en una nave que recuerda a los antiguos barcos que surcaban las aguas del Mar de Galilea, por las que Jesús caminó y calmó la furia de sus vientos. Aquí en el silencio del lago, hemos tenido un momento de recogimiento. La reflexión de Luís sobre las palabras de Jesús y el movimiento de las aguas como si la brisa del Espíritu se hiciera presencia, ha hecho que resonaran en nuestro interior y que provocaran en muchos de nosotros sentimientos de gozo. ¡Dios mío, que momento!.
Al final de la mañana hemos recalado, en un Kibutz a las orillas del lago, del Mar de Galilea. Aquí los peregrinos, hemos compartido emociones intensas que han despertado nuestras ansias de conocer profundamente los lugares que nos recuerdan los evangelios. También detalles simpáticos que manifiestan de qué modo una vivencia real interpela a un peregrino de hoy:
"Una peregrina peguntaba a otra: Si viniera ahora Jesús caminando sobre el mar y te dijera ¡ven! como a Pedro, ¿dudarías?.
No sé, tengo mucha fe pero no se nadar".
Antes de nuestra visita al Jordán, hemos tenido la ocasión de conocer una de las formas de vida característica de los israelíes el Kibutz, concretamente el primero que nació en esta tierra en medio de una naturaleza exuberante, ganada a los pantanos.
No han finalizado allí las emociones, pues de nuevo tomando nuestro autobús, nos hemos desplazado hasta el río bíblico por excelencia, el Jordán. En las aguas de este río, Juan el Bautista bautizó a Jesús. El bautismo no es repetible y nos vincula a un modo nuevo de ser y de actuar y todos los peregrinos hemos renovado hoy nuestro Bautismo en la fe, nuestro sí a la voluntad de Dios, nuestro compromiso de justicia, en esas misma aguas, en un lugar llamado Yardenit. Como anécdota curiosa, aquí el cantor de la Basílica de Nazaret, Mansour Ashkar ha cantado a una de las peregrinas un Ave María compuesta por él mismo.
A los peregrinos nos gusta hacer acopio de agua de este río, citado 179 veces en el antiguo testamento y 15 en el nuevo, para que una vez en nuestra tierra podamos entregarla a aquellos amigos y familiares que en breve bautizarán a nuevos cristianos. La cena sirve no sólo para reponer fuerzas, sino para compartir un sinfín de anécdotas, de vivencias espirituales y de reconocer que esto no ha hecho nada más que empezar.
Todos estamos de acuerdo en que las expectativas que habíamos creado en relación con nuestro guía y nuestro chofer, se están cumpliendo. Sergio Halbertal gran conocedor de las Escrituras, nos ha explicado con gran profusión de datos, pero de manera absolutamente inteligible y sobre todo coloquial, la historia de los lugares por los que hemos pasado; el complemento a las explicaciones históricas es sin duda la visión, el prisma desde la fe que profesamos que nos facilita la reflexión de Luís Cuartero, que repito en más de una ocasión nos ha emocionado. Yarón nuestro chofer, ya se ha ganado el cariño de aquellos que han necesitado su apoyo, estamos seguros que al final todos expresarán el reconocimiento a su afecto. El éxito de la jornada viene avalado por la extraordinaria labor callada e impecable de José Antonio Moreno, jefe de oficina de Viajes Área, que soluciona todas las incidencias. Gracias a todos, y en especial a nuestros peregrinos por su colaboración. La intuición me dice que vamos a compartir una Peregrinación muy feliz. Mañana, hoy para el que nos lea, será otro día, que nos llevará a Caná, Nazaret y al Monte Tabor, pero eso, será mañana.