Un viaje para dar una esperanza fiable a África, para defender el protagonismo del continente en su propio desarrollo, para proclamar la misión eclesial como signo de unidad y de reconciliación, para alzar la voz por los derechos de los más pobres, para reclamar los derechos y la dignidad de la mujer, para denunciar las heridas de los más pequeños e indefensos, para anunciar a Cristo como la verdadera fuerza de renovación radical del hombre y de las comunidades humanas. Son mensajes que ha llevado Benedicto XVI en su reciente itinerario misionero en África y que ha recordado hoy en la audiencia general en el Vaticano, reviviendo, con peregrinos de todo el mundo, los momentos más significativos de un viaje multidimensional.
El Papa manda un mensaje al G-20 y centra la audiencia en su último viaje apostólico. Popular TV
En la Plaza de San Pedro el Papa fue acogido –e interrumpido en varias ocasiones- con fuertes aplausos. Es su primera audiencia general tras el viaje apostólico a Camerún y Angola, una visita que idealmente “ha querido abrazar a todos los pueblos africanos y bendecirlos en el nombre del Señor”. De todos los encuentros que ha celebrado, el Papa recuerda agradecido la experiencia de la “calurosa acogida africana”, y se hace altavoz del “alma profundamente religiosa” del continente.
17 al 23 de marzo. Dos países: Camerún y Angola. En su viaje apostólico, Benedicto XVI recuerda a todos los episcopados del continente “la urgencia de la evangelización, que corresponde en primer lugar a los obispos, subrayando la dimensión colegial, fundada en la comunión sacramental”. Les exhorta “a ser siempre ejemplo para sus sacerdotes y para todos los fieles, y a seguir atentamente la formación de los seminaristas” y “de los catequistas, que cada vez son más necesarios para la vida de la Iglesia en África”. Alienta a los prelados “a promover la pastoral del matrimonio y de la familia, de la liturgia y de la cultura”, a capacitar a los laicos para que resistan “el ataque de las sectas y de los grupos esotéricos”. Confirma a sus hermanos en el episcopado “en el ejercicio de la caridad y en la defensa de los derechos de los más pobres”.
El ecumenismo recibe su impulso cuando el Santo Padre, en la víspera de san José, se reúne con los representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales para “dar gloria al único Padre que está en los cielos”.
Sacerdotes, consagrados, consagradas y miembros de movimientos de la Iglesia católica reciben de Benedicto XVI el aliento a permanecer fieles en su vocación, a obedecer con alegría la Palabra de Dios.
Se refuerza la importancia del diálogo interreligioso y de la colaboración entre cristianos y musulmanes cuando, en la nunciatura apostólica de Yaoundé, el Santo Padre mantiene un encuentro –cuya fuerte cordialidad subraya- con representantes de la comunidad musulmana en Camerún.
Momento culminante: la entrega –a todos los episcopados de África- del Instrumento de Trabajo del Sínodo de los Obispos para el continente –que acogerá Roma en octubre- con el tema: “La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz: ‘Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo’(Mt 5,13-14)”. El pueblo de Dios reunido en Yaondé muestra la alegría de la fe. El Sínodo ha comenzado ya “en el corazón del continente africano, en el corazón de la familia cristiana que allí vive, sufre y espera”, subraya Benedicto XVI.
“La fe en el ‘Dios cercano’, que en Jesús nos ha mostrado su rostro de amor, es la garantía de una esperanza fiable, para África y para el mundo entero, garantía de un futuro de reconciliación, de justicia y de paz”, recalca en la audiencia general de este miércoles.
África –con raíces cristianas fuertemente arraigadas- se encuentra en plena consolidación de su “independencia política” y en la “construcción de las identidades nacionales en un contexto ya globalizado”; no faltan, por otro lado, conflictos en diversas regiones del continente. Por eso “la Iglesia sabe que tiene que ser signo e instrumento de unidad y de reconciliación –insiste el Papa-, para que todo África pueda construir un futuro de justicia, de solidaridad y de paz, poniendo por obra las enseñanzas del Evangelio”.
Todavía en Yaoundé, el Papa proclama “la esperanza que proviene de la fe, incluso en situaciones de sufrimiento”.
Desde Angola, reclama el derecho de los más pobres “a participar, como todos, en los recursos de su tierra”, clave de una auténtica reconciliación y reconstrucción. Advierte de que “todo está perdido con la guerra”, pero también “todo puede renacer con la paz”. Para ello, se requieren “grandes energías morales”, y apela al papel de la Iglesia, “llamada a una función educadora” y formadora de las conciencias.
Benedicto XVI lleva a Luanda la experiencia del Apóstol Pablo, quien habla del encuentro con Cristo Resucitado, “capaz de transformar personas y sociedades”. “Cambian los contextos históricos –y naturalmente hay que tener cuenta de ello-, pero Cristo permanece como la verdadera fuerza de renovación radical del hombre y de las comunidades humanas”, afirma.
Además “rinde homenaje a las mujeres por el servicio que tantas de ellas ofrecen a la fe, a la dignidad humana, a la vida, a la familia”, y, desde la capital angoleña, subraya “su pleno derecho a comprometerse en la vida pública, sin que por ello sufra su papel en la familia”, una misión “fundamental que se debe desarrollar siempre compartida responsablemente con todos los demás elementos de la sociedad, y sobre todo con los maridos y los padres”.
El Papa ensalza África, “un continente muy joven”, sin dejar de denunciar “que demasiados de sus hijos, niños y adolescentes, han sufrido graves heridas que sólo Jesucristo, el Crucificado-Resucitado, puede sanar, infundiéndoles, con su Espíritu, la fuerza de amar”.
El mensaje del Santo Padre resuena en el millón de fieles que participa en la Eucaristía final. “Si los pueblos africanos –les dije-, como el antiguo Israel, fundan su esperanza en la Palabra de Dios, ricos de su patrimonio religioso y cultural, pueden realmente construir un futuro de reconciliación y de pacificación estable para todos”.
“Os pido –dice hoy a los peregrinos del mundo- que deis gracias al Señor por las maravillas que Él ha realizado y sigue obrando en África gracias a la acción generosa de los misioneros, de religiosos y religiosas, de los voluntarios, de los sacerdotes, de los catequistas, en comunidades jóvenes llenas de entusiasmo y de fe”.
“Os pido también que oréis por las poblaciones africanas, a las que tanto quiero, para que puedan afrontar con valentía los grandes desafíos sociales, económicos y culturales del momento presente”, concluye. [Cope.es_Marta Lago]